La vereda

El prado que separaba tu casa y la mía cobijó también nuestros encuentros furtivos. Fue en verano que empezaron las idas y venidas, sobre la hierba reseca primero, el suelo embarrado y la tierra helada después, perdurando más allá del invierno. La primavera, que nos había presentado, finalmente nos delató.
Escrito por Enrique Mochón Romera - Twitter

22 comentarios :

  1. Qué bonito, Enrique. No hace falta explicar nada. Ese prado cuenta, delata y florece con la primavera.
    Un relatazo.

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    1. Muchas gracias, Patricia. Me alegro de que con ese poco haya bastado para que se entienda. Nuestra insistencia sobre ciertas cosas acaba dejando una huella de la que no siempre somos conscientes.
      Besos.

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  2. Una relación llevada de forma discreta, en connivencia con las estaciones y el efecto que producen en el medio. Un gran secreto que, como la vida, al final siempre encuentra un camino por el que manifestarse, siguiendo la ley de lo natural, igual que no se podría evitar que el sol saliera, o que cayese la noche.
    Un relato emotivo, de prosa fluida, que transporta.
    Un abrazo fuerte, Enrique

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    1. Muchas gracias, Ángel. Hace tiempo que tenía intención de hacer un relato sobre una vereda, y al final se me ocurrió esta idea de darle el papel de huella o prueba de un delito.
      Me asombro siempre de tu capacidad para meditar y expresar luego tus conclusiones.
      Otro fuerte abrazo para ti.

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  3. Enrique, tu estupendo y bucólico relato me hace recordar la canción camino verde (Que mayor soy), aunque en este caso se trate de una mas modesta vereda, la primavera es delatora, pues, a los que une, al final delata, quizá para presumir de haber logrado esa unión, a pesar de ello siempre hay que estar agradecido a la primavera pues como decía un tal Gustavo Adolfo “Mientras haya en el mundo primavera, ¡habrá poesía!”, y mientras Magic escriba habrá relatos increíbles.
    Releyendo tu relato me quedan algunas incógnitas, por ejemplo ¿Puede que haya un trasfondo ferroviario con tanta estación, idas y venidas?, ¿Qué secreto inconfesable esconde el otoño para que no lo nombres?
    Lo que si me queda claro es que es un magnífico relato, que huele a primavera y a finalista.
    Un abrazo, amigo.

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    1. Ay, que a mí me huele que eres mucho más romántico que irreverente. Seguramente me haya salido esa línea de cercanías sin darme cuenta, jejeje, y me da rabia que la corta extensión no me haya dejado nombrar el otoño, con lo que me gusta. Aunque, como tú apuntas, la primavera es aquí la verdadera protagonista, cerrando al delatarlos el ciclo que ella misma había iniciado, y concediendo de paso a su amor un poder comparable al del caballo de Atila.
      Muchas gracias por todo, I.I. Tus comentarios, ingeniosos y generosos, son para enmarcar y guardar.
      Otro abrazo para ti, amigo.

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  4. El paso de las estaciones te sirve de excusa para presentarnos un relato donde los encuentros furtivos (de quiénes, sería otra cuestión) a mí me remite a los poemas bucólico-pastoriles leídos hace mucho tiempo. Sensibilidad a flor de piel, que siempre se lee con agrado. Abrazos, Enrique.

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    1. Es curioso cómo las necesidades que surgen a la hora de escribir una historia te van llevando a registros inesperados. Pero es verdad que ese contexto en el que se mueven los personajes, mezclado con el amor que conduce sus actos, resulta bucólico.
      Muchas gracias, Pepe. Tus lecturas sí que son sensibles.
      Abrazos también para ti.

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  5. Este relato tiene un punto de encuentro que no sólo atrae a los amantes vecinos. Un ciclo completo que sobrepasa al invierno y que deja a la primavera como protagonista final. Un ciclo en el que nos haces participar con la inercia que imprime tu forma de escribir, Enrique.
    Si me lo permites, me quedo sentado un rato más al borde de tu vereda.
    Un abrazo.

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    1. Después de varios años leyéndote, aún no sabría decir si me gustan más tus comentarios o tus relatos. Como bien dices, he reflejado un ciclo completo, y casi se podría decir que ha sido por necesidad, pues de otro modo tal vez no se habría producido esa evidencia delatora.
      Muchas gracias por todo. No sabes cuánto me gustaría sentarme un rayo contigo junto a esa vereda para charlar largamente y sin prisas.
      Otro abrazo para ti, Antonio.

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  6. Josep Maria Arnau10/10/18 23:34

    Un año da para cuatro estaciones y muchos encuentros. Nuestro rastro nos delata. Pero si lo hemos dejado es porque vivimos. Me ha gustado tu relato, Enrique. De forma sutil y sugerente acompañas al lector hasta la revelación final.
    Un saludo


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    1. Me encanta el análisis que haces del relato, Josep; tan conciso como acertado. Según tus palabras esa vereda sería en efecto una huella de vida, de tantas como vamos dejando por ahí y, por supuesto, unas más comprometedoras que otras y no todas de la misma trascendencia.
      Saludos para ti también.

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  7. ¡Qué bonito relato, Enrique! Esos encuentros en el prado que separa las dos casas y ese final en primavera. Me ha gustado mucho. Un fuerte abrazo.

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    1. Muchas gracias, Aurora. Como lector prefiero los finales felices, y acabo de darme cuenta de que este relato puede resultar agradable de leer, y que yo he sacrificado parte de ese agrado con tal de dar forma a la idea que llevaba en mente.
      Otro fuerte abrazo para ti.

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  8. Precioso Micromochón en el que sacas tu vena poética y tu indiscutible maestría en hacer finales sutiles a la vez que perfectos. Tu prosa, como siempre, impecable.
    Una delicia.
    Abrazos.
    Pablo

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    1. Muchas gracias, Pablo. Mira que eres exagerado. El final en este caso pensaba que iba a ser demasiado sutil, hasta el punto de que no se entendiera, pero me alegra ver que no ha sido así.
      Abrazos también para ti.

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  9. La vereda es el lugar del encuentro amoroso, en plena naturaleza, como mandan los cánones de las églogas y de la literatura pastoril. En este caso se cumple entero el ciclo de las estaciones, culminando con una primavera, propicia para la pasión, pero delatora en este caso.
    Un bello micro poético, Enrique. Un fuerte abrazo.

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    1. Muchas gracias, Carmen. Qué bien, bella y poéticamente te expresas. Parafraseando a don Antonio, se podría decir que este vez se hizo vereda al andar. Seguramente el amor que ambos se profesaban era perfecto, aunque no resultó ser así su “crimen”.
      Otro fuerte abrazo para ti.

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  10. "Dices que ya no la quieres/ y que ya no vas a verla/ pero el caminito no cría yerba", canta el Camarón en un tanguillo del Piyayo. El amor marca la senda de nuestras pasos.
    Bellamente narrada esta poesía que hace camino al andar. Un fuerte abrazo, Enrique.

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    1. Qué poema más bonito. He mirado y parece que está inspirado en un canto medieval, lo que quiere viene a confirmar aquello de que ya está todo escrito. En cualquier caso, yo no estoy mi de acuerdo… Buscaré el tema, porque me encanta Camarón (a quién no).
      Muchas gracias por todo, Manuel.
      Otro fuerte abrazo para ti.

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  11. Enrique Angulo22/10/18 0:25

    El escenario donde nos presentas tu microcuento se lo imagina uno en un paraje recóndito y, como ha dicho Irreverente Inadaptado, trae a la memoria –a los que ya nos han caído encima unos cuantos decenios- aquella canción del camino verde que iba a la ermita. En el caso de tu microcuento se trata de un prado que une, o separa dos casas.
    Así que tenemos dos casas, dos amantes y las cuatro estaciones –orquesta, por favor, toquen la obra homónima de Vivaldi-, a partir de ahí, podemos hacernos unas cuantas preguntas. Las cuales, podrían ramificarse en otras tantas, y así formarían un hermoso árbol de posibilidades.
    Porque a esos elementos citados anteriormente hay que añadir el que los amantes tienen que esconder su amor. Por tanto, pueden empezar a desfilar ante nosotros unas cuantas parejas que podrían ser las protagonistas de la historia. ¿Son dos personas que están casadas? ¿Son dos personas homosexuales que no quieren que se descubra su condición sexual? ¿Son dos personas de diferentes religiones cuyo amor estaría mal mirado por las confesiones a las que pertenecen? ¿Son jóvenes, son más bien maduros? ¿Con quiénes viven?...
    Lo cierto es que necesitan verse furtivamente, y vivir su amor en secreto, como ha pasado infinidad de veces en todas las épocas y culturas. Son ellos dos y la naturaleza que va cumpliendo sus ciclos, que cambia la fisonomía del paisaje donde viven, a la vez alborozados y temerosos su pasión, hasta que esa propia naturaleza que les ha servido de cómplice, se convierte en delatora en su indiferencia eterna, en su fluir constante, como decía Heráclito.
    Con lo cual, la linealidad del tiempo parece haberse hecho circular, como en el título de la película del director subcoreano Kim Ki-duk: Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera.
    Y esa primavera de tu microcuento, aunque sea en la que ha sido descubierto el secreto de esos amantes, deja abierto un camino hacia el futuro, no sabemos si trágico, o feliz, quizá dependa sólo de los propios amantes.
    Muy bueno, sutil y poético el microcuento, Tocayo. Un abrazo.

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  12. ‌Maravilloso comentario, Tocayo. Siguiendo tu modo de esquematizar la historia y sus posibilidades, pienso que se puede aprender de paso mucho sobre esta ciencia de la escritura. Cómo bien dices, en esta historia podrían encajar un gran número de personajes de circunstancias diversas siempre que cumplieran ciertos requisitos, los suficientes para hacerlos conducirse del modo que lo hacen; y al apuntar todo esto, como es habitual en ti, has llenado de bellos matices mi pequeño relato, enriqueciéndolo enormemente. Pero es que además has remarcado esa situación final, que podría parecer cerrada dentro de ese círculo, de manera negativa para los personajes, y que sin embargo podría suponer un punto de inflexión favorable para ambos, al permitirles dejar de amarse a escondidas. Muchas gracias por todo ello.
    ‌Un abrazo, Enrique.

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