La vereda

El prado que separaba tu casa y la mía cobijó también nuestros encuentros furtivos. Fue en verano que empezaron las idas y venidas, sobre la hierba reseca primero, el suelo embarrado y la tierra helada después, perdurando más allá del invierno. La primavera, que nos había presentado, finalmente nos delató.
Escrito por Enrique Mochón Romera - Twitter

12 comentarios :

  1. Qué bonito, Enrique. No hace falta explicar nada. Ese prado cuenta, delata y florece con la primavera.
    Un relatazo.

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    1. Muchas gracias, Patricia. Me alegro de que con ese poco haya bastado para que se entienda. Nuestra insistencia sobre ciertas cosas acaba dejando una huella de la que no siempre somos conscientes.
      Besos.

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  2. Una relación llevada de forma discreta, en connivencia con las estaciones y el efecto que producen en el medio. Un gran secreto que, como la vida, al final siempre encuentra un camino por el que manifestarse, siguiendo la ley de lo natural, igual que no se podría evitar que el sol saliera, o que cayese la noche.
    Un relato emotivo, de prosa fluida, que transporta.
    Un abrazo fuerte, Enrique

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    1. Muchas gracias, Ángel. Hace tiempo que tenía intención de hacer un relato sobre una vereda, y al final se me ocurrió esta idea de darle el papel de huella o prueba de un delito.
      Me asombro siempre de tu capacidad para meditar y expresar luego tus conclusiones.
      Otro fuerte abrazo para ti.

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  3. Enrique, tu estupendo y bucólico relato me hace recordar la canción camino verde (Que mayor soy), aunque en este caso se trate de una mas modesta vereda, la primavera es delatora, pues, a los que une, al final delata, quizá para presumir de haber logrado esa unión, a pesar de ello siempre hay que estar agradecido a la primavera pues como decía un tal Gustavo Adolfo “Mientras haya en el mundo primavera, ¡habrá poesía!”, y mientras Magic escriba habrá relatos increíbles.
    Releyendo tu relato me quedan algunas incógnitas, por ejemplo ¿Puede que haya un trasfondo ferroviario con tanta estación, idas y venidas?, ¿Qué secreto inconfesable esconde el otoño para que no lo nombres?
    Lo que si me queda claro es que es un magnífico relato, que huele a primavera y a finalista.
    Un abrazo, amigo.

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  4. El paso de las estaciones te sirve de excusa para presentarnos un relato donde los encuentros furtivos (de quiénes, sería otra cuestión) a mí me remite a los poemas bucólico-pastoriles leídos hace mucho tiempo. Sensibilidad a flor de piel, que siempre se lee con agrado. Abrazos, Enrique.

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  5. Este relato tiene un punto de encuentro que no sólo atrae a los amantes vecinos. Un ciclo completo que sobrepasa al invierno y que deja a la primavera como protagonista final. Un ciclo en el que nos haces participar con la inercia que imprime tu forma de escribir, Enrique.
    Si me lo permites, me quedo sentado un rato más al borde de tu vereda.
    Un abrazo.

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  6. Josep Maria Arnau10/10/18 23:34

    Un año da para cuatro estaciones y muchos encuentros. Nuestro rastro nos delata. Pero si lo hemos dejado es porque vivimos. Me ha gustado tu relato, Enrique. De forma sutil y sugerente acompañas al lector hasta la revelación final.
    Un saludo


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  7. ¡Qué bonito relato, Enrique! Esos encuentros en el prado que separa las dos casas y ese final en primavera. Me ha gustado mucho. Un fuerte abrazo.

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  8. Precioso Micromochón en el que sacas tu vena poética y tu indiscutible maestría en hacer finales sutiles a la vez que perfectos. Tu prosa, como siempre, impecable.
    Una delicia.
    Abrazos.
    Pablo

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  9. La vereda es el lugar del encuentro amoroso, en plena naturaleza, como mandan los cánones de las églogas y de la literatura pastoril. En este caso se cumple entero el ciclo de las estaciones, culminando con una primavera, propicia para la pasión, pero delatora en este caso.
    Un bello micro poético, Enrique. Un fuerte abrazo.

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  10. "Dices que ya no la quieres/ y que ya no vas a verla/ pero el caminito no cría yerba", canta el Camarón en un tanguillo del Piyayo. El amor marca la senda de nuestras pasos.
    Bellamente narrada esta poesía que hace camino al andar. Un fuerte abrazo, Enrique.

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