Recuerdos digitales

Aquel sería el viaje de mi vida visitando lugares únicos a los que no volvería. Provisto de un palo selfie comencé a fotografiarlo todo buscando un buen ángulo, aislándome del grupo sin escuchar al guía. El último día mi móvil cayó por la borda.

Mis recuerdos quedaron en el mar.
Escrito por Javier Velasco Eguizábal

8 comentarios :

  1. Carmelo Carrascal26/1/19 18:02

    Me ha gustado tu relato viajero, Javier.
    Lleva su intención, su lección, su moraleja.
    Qué cierto es que algunos modos de viajar no son sensatos. Por ejemplo, si en vez de mirar lo que se tiene a la vista, la atención está en otra (tecnológica) parte.
    No se ve bien, no se tienen vivencias que merezcan la pena, no se las carga de emoción, que es lo más divertido a mi modo de ver.
    No se disfruta, se "trabaja" en todo caso como fotógrafo, cámara... Luego te echarán en la tele unos reportajes mejor fotografiados de los lugares que has visitado, qué ironía.
    Incluso tu personaje se pierde las explicaciones del guía y los comentarios de los acompañantes del grupo, etcétera.
    Si, por lo que sea, falla el archivo exterior, el interior se ve como casi vacío. De modo que puede que se vea ese viaje carente de sentido, no te digo nada si uno se ha pegado muchas horas de avión o barco o bus para "contemplar" lo que no supo mirar.

    Los recuerdos son cosa mental, no digital.
    Las imágenes suelen ayudar, pero siempre que su recolección se haga como dicta el sentido común. Sin interferir en lo principal.

    Un cordial saludo, Javier, y mucha suerte en el viaje de tu vida!

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    1. Gracias, Carmelo, por el comentario.
      Este relato surgió por la observación del comportamiento de algunas personas durante los viajes. Las hay que parecen coleccionar fotos y no dejan rincón, piedra o detalle sin posar en ellos el objetivo de sus cámaras. Son para el recuerdo, explican, pero, como tú muy bien dices, los recuerdos son cosa mental, no digital. Nunca tendrá el mismo recuerdo quien contempla durante veinte minutos una puesta de sol, que el que la mira, le hace una foto y se va.
      Debo confesar que en algún momento de mi vida he sido de los que fotografiaba todo durante un viaje, pero aprendí. Comprobé a la larga que los recuerdos son mucho más ricos si van unidos a sensaciones, colores, olores y emociones compartidas con otros.

      Ha sido un placer en este viaje de cincuenta palabras recorrer tantos caminos sugerentes propuestos por artistas de las palabras que me habéis llenado de recuerdos imborrables.

      Te seguiré leyendo en otras plataformas
      Un abrazo, Carmelo

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  2. Bien está tener recuerdos, álbumes en papel o carpetas digitales llenas de imágenes que ayudan a recordar momentos. Todo está bien con mesura. Otra cosa es caer en la esclavitud del continente, en detrimento del contenido, o lo que es lo mismo en este caso, ponerse a hacer fotos como si no hubiese un mañana sin disfrutar del viaje, sin siquiera escuchar al guía. No hay mal que por bien no venga. La pérdida del artilugio quizá le haga descubrir que hay un mundo con el que deleitarse mediante la simple contemplación, como siempre ha hecho el hombre.
    Personalmente odio los viajes basados en hacer una foto rápida y marcharse, sin disfrutar lugares ni momento, sin oportunidad de paladearlos.
    Reitero todo lo dicho sobre tus letras, al tiempo que me alegra haber tenido oportunidad de encontrarme con otra buena muestra en este querido formato.
    Un abrazo, Javier

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    1. En el caso del protagonista de mi relato el hecho de perder el móvil al final del viaje en el que había depositado todas sus expectativas para que fuera el mejor de su vida, es una suerte de castigo que demuestra el error que a menudo se comete al querer depositar en un aparato la magia de contemplar cosas nuevas. Viajar es descubrir, disfrutar y emocionarte con lo desconocido, como tú bien dices.
      Es lo que me ha sucedido en este viaje de cincuenta palabras en el que he descubierto que los comentarios a los relatos, además de animarme a seguir escribiendo, han sido la pieza fundamental para conocer mejor a los autores que me habéis dejado un recuerdo imborrable.
      Muchas gracias, Ángel, por tus generosos y cercanos comentarios. Espero y deseo seguir leyéndote en otros lugares. Vaya aquí mi despedida con un fuerte abrazo.

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  3. Para hablarte sin rodeos, Javier, te diré que me reconozco en el protagonista. Pero sin palo de selfie, ni de golf siquiera. Soy de los clásicos, de los que le gusta pegar el ojo al visor para realizar el encuadre. Por lo demás, se me verá como a tu personaje, un poco aparte tomando ángulo, midiendo la luz...
    En esa parte sí, pero no en lo de los recuerdos. Pocas fotos hago con esta intención. Para mí hacer fotos es una manera de vivir el instante de forma artística. Unas veces las fotos merecen la pena y otras no, pero siempre disfruto del hecho de hacerlas. Ahora, que además, estoy haciendo un curso al respecto, soy un hombre a una cámara pegado...
    Por estas razones me llega especialmente tu micro, y también por la llamada de atención que nos propones. Es cierto que durante esos momentos ando a otra cosa totalmente. Podría desaparecer el suelo de debajo de mis pies y no darme cuenta. Eso sí, si me pasara lo que le pasó a él, perdería material, pero no recuerdos, pues el recuerdo lo llevo conmigo. La propia sesión de fotos es en sí misma un momento para recordar. Si encima, pierdes el móvil con todas las fotos en medio del mar... la salvación está en la nube... No olvidemos conectarnos... Este mundo nuestro es una locura tecnológica lo tomemos por donde lo tomemos.
    Otro estupendo micro nos dejas como despedida.La brevedad de tu paso no le ha robado ni un ápice a la intensidad de tus historias.
    No dudo que vas a seguir escribiendo y publicando, así que te seguiré leyendo encantado, Javier.
    Esto, y un fuerte abrazo.

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    1. Como dice esa jotica navarra, “y aquí va la despedida...”. Aunque bien mirado no quiero que suene a despedida definitiva. Retomo tus palabras para decir que la salvación está en la nube, no olvidemos conectarnos y una vez logrado utilicemos la locura tecnológica de este mundo nuestro para seguir en contacto.
      Esperaba tu comentario con impaciencia, Manuel, porque sabía que tus sabias y medidas palabras darían un toque de sensatez a este micro, que quizá sea algo extremista, aunque de vez en cuando puedan verse por ahí viajeros con actitud similar a la de mi protagonista. No me cabe ninguna duda de que, por mucho que digas parecerte a él, tu alma sensible hará de cada instantánea un momento imborrable en tu recuerdo y esos permanecen.
      Has comentado en tu último relato que tenías preparado una saga con el tema de la fauna salvaje. Nos dejas con la miel en los labios por saber algo de la “bivorilla” o del “politornitorrinco” que, a buen seguro, serían otra joya literaria como a las que nos tienes acostumbrados.
      Espero y deseo que entre tanta actividad artística que desarrollas saques tiempo para escribir nuevas y sugerente historias.
      No me cabe duda de que si 50 palabras me ha servido para algo (o, mejor dicho, para mucho), a través de los comentarios recibidos, ha sido para animarme a seguir escribiendo y descubrir la tremenda fuerza de la comunicación. Y de los que más me han llegado han sido los tuyos, Manuel.
      Vaya aquí mi despedida y mi agradecimiento.
      Un fuerte abrazo, Manuel.

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  4. Un buen relato que nos recuerda la importancia de disfrutar de los momentos sin tener la necesidad patológica de fotografiarlos y compartirlos. Y más aún, si lo que hacemos son selfies con el fotógrafo en primer lugar y todo lo demás, de fondo. A mí me pasa como a Manuel, disfruto siempre con mi cámara en la mano, pero hay que tomarse las cosas con calma y disfrutarlas, que luego, pasan y te las has perdido. Un fuerte abrazo.

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    1. Gracias por tu comentario, aurora. Soy también de los que disfrutan con la fotografía y de los que en los viajes la utilizan como refuerzo y complemento o conseguir la imagen con un buen encuadre del paisaje que me ha impactado. Pero también se ven por ahí los que no se quitan el móvil del ojo.
      Un abrazo, Aurora

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