No solo de pan vive el hombre
—¿Cuánto cuestan?
—Son gratis, señora.
—¿Gratis? ¿Y me podrías dar uno ahora?
—¡Claro!
—Es que lo necesito mucho, ¿sabes?
El muchacho se acercó a la ancianita y la arropó cálidamente entre sus brazos. A la mujer se le saltaron las lágrimas: hacía tanto tiempo que nadie le daba un abrazo...
—Son gratis, señora.
—¿Gratis? ¿Y me podrías dar uno ahora?
—¡Claro!
—Es que lo necesito mucho, ¿sabes?
El muchacho se acercó a la ancianita y la arropó cálidamente entre sus brazos. A la mujer se le saltaron las lágrimas: hacía tanto tiempo que nadie le daba un abrazo...