Sobre la relatividad

Yacía ileso el peluche sobre el asfalto; algo casi insignificante en aquel hermoso día de este frágil planeta, que continuaba viajando alrededor del Sol y girando, acompasado con millones de astros, sobre el eje de la galaxia, expandiéndose con ella en el espacio inconmensurable, infinito; diminuto comparado con mi dolor.
Escrito por Enrique Mochón Romera - Twitter

18 comentarios :

  1. Vaya Micromochón que te has marcado otra vez. Con ese pedazo de título, empiezas dejando una imagen y alejando la visión como en esos documentales en los que una cámara enfoca una parte de la tierra y sube hasta el espacio, mostrando lo insignificante que somos comparados con el universo, para rematar que el dolor de una madre, o un padre, cuando pierde a un hijo, es más grande que todo el firmamento.
    Y todo eso, sin nombrar a hijo, madre o padre.
    Estratosférico. De 10. A mi libreta.

    Un abrazo.
    Pablo.

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  2. Ante la pérdida del pequeño toda la grandiosidad del universo queda reducida a una motita de polvo, como si todo se detuviera y el espacio perdiera su grandiosidad. Qué magníficamente lo has narrado, Enrique. Te diré que yo no tengo libreta como Pablo, pero me lo anoto en mi cabeza, aunque estoy segura que lo volveré a leer en la final.
    Un abrazo, amigo.

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  3. Enrique, todo es relativo, menos quedarse sin decir nada ante el relato tan bueno que has escrito. Nos haces ver que frente al universo y su inmensidad todo es relativo, excepto el dolor de esa madre o padre ante la perdida de su hijo de corta edad, eso pienso que no tiene comparación alguna. Tu frase inicial nos mete en la situación, luego nos llevas hasta el espacio y al final nos dejas caer desde lo más alto y sin paracaídas, para encontrarnos con ese final de este excelente relato.
    Muy bueno, me ha gustado mucho, enhorabuena.
    Un abrazo enorme, Enrique.

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  4. Enrique, desde la primera frase nos descubres la tragedia que oculta el micro, para luego llevarnos hasta el infinito. Todo es relativo en esta vida, pero de lo que no hay ninguna duda es de que todo lo demás es insignificante comparado con el dolor de una madre o un padre por la pérdida de su hijo.
    Maravilloso relato, en su contenido y en su ejecución. Impresionante. Enhorabuena, Enrique.
    Besos apretados.

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  5. Vaya Enrique, con lo que me gusta ese ampliar del marco de referencia que nos lleve en la imaginación hasta los confines del espacio tiempo. Momento en el que nos damos cuenta de nuestra infinita insignificancia. Y a la vez, amplias el marco de referencia de la intensidad con que el ser humano vive las emociones y sentimientos, y principalmente los eventos de pérdida de un ser amado, como un hijo infante en este caso. Y comparas los dos infinitos para mostrarnos que el infinito del dolor es aún más grande que el otro infinito. Gran admiración a tus letras cincuentistas, qué poder comprimido traen para decirnos tanto, hacernos sentir tanto, con tan breve relato. Aplausos.

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  6. Carmelo Carrascal13/8/17 14:53

    Enrique, así he visto en una primera lectura tu relato.

    Contrapones el universo macro hasta decir basta con lo micro; lo objetvo con lo subjetivo... Y subrayas que lo que de verdad más afecta en este juego de ideas es una emoción, además la emoción negativa por antonomasia. La más cercana y lacerante, el dolor.

    Nos dices, y estoy contigo, que lo más cercano e íntimo es lo importante.

    Sí, me ha gustado este pulso que planteas entre ideas y emociones.

    Un cordial saludo!

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  7. Uffffff. Sin palabras. Enhorabuena Enrique, magnífico relato.

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  8. Enrique Caño13/8/17 15:53

    Lo que no es relativo es que el relato te ha quedado brillante; certeza pura. Has logrado que visualicemos lo grande que es el dolor de perder a un hijo en comparación con el cosmos infinito.
    Enhorabuena por el resultado obtenido, Enrique. Relato para enmarcar.

    Un abrazo.

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  9. Me gusta mucho tu micro, Enrique, porque con la primera frase nos adelantas un contenido duro que se va haciendo más intenso y más "relativo". Te veo en la final, amigo.
    Un abrazo fuerte.

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  10. Para el que sufre una desgracia tan enorme parece que nada tiene ya sentido, y desde ese inmenso dolor resulta difícil comprender que todo lo de alrededor siga como antes, ajeno a nuestro enorme padecimiento. Lo has expresado extraordinariamente bien, Enrique, ¡enhorabuena! Un abrazo.

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  11. No pienso exagerar, Enrique. Esta vez vas a tener que llamar exagerado a los de más arriba, aunque te confieso que estoy de acuerdo con más de uno de ellos. Precisamente, con los que más elevan el tono del elogio y lo extralimitan a zonas fueras del alcance del micro común de andar por casa.
    Fuera bromas, me parece maravillosa la forma en que un punto y coma es cúspide de todo un micro universo de cincuenta palabras: "...infinito; diminuto..."
    Me queda claro que la relatividad es prima hermana de la subjetividad.Nada mejor ni más grande que lo que nos sucede en primera persona.
    Subjetivamente hablando, te diría que tu relato... pero tu me dirías que relativamente, porque... Así que esta vez solo te mando un abrazo, aunque lleva escondido un diminuto/infinito aplauso.

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  12. Ni Einstein podría haber defindo mejor su teoría. Que buen relato. Enhorabuena.
    Enrique, todo un físico. Un abvrazo delos dos.

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  13. Enhorabuena, Enrique, por otro de tus micros extraordinarios. De entrada nos das idea del drama, después pareces relativizarlo en ese espacio que se va ampliando hasta alcanzar la inmensidad del universo, y luego, ese punto y coma, bisagra genial con la que lo infinito deviene diminuto frente al dolor inmensurable.
    Enhorabuena nuevamente por tu capacidad de maravillarnos.
    Un abrazo.

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  14. A partir de un objeto mínimo, toda una lección de ciencia en un "50" de antología.
    Creo estar ante el mejor relato del mes.
    Saludos de afecto, Enrique.

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  15. Esta claro (y tras leer tu texto, más) que todo es relativo. Lo más grande, para nostros, puede que sea despreciable para otros y lo más nimio, para estos, puede marcar nuestra vida para siempre. Enhorabuena y gracias por traernos este relato, Enrique. Saludos y suerte.

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  16. Tu microcuento podría enmarcarse en la frase de Sénancour que Unamuno cita en su libro El sentimiento trágico de la vida. “¿Quién soy yo? Para el universo nada, para mí todo”.
    También me ha recordado a Pascal, que escribió que el hombre no es más que una caña, la más débil de todas; pero una caña que piensa, y por tanto, sabe que muere, y por eso es más noble que quien lo mata, el universo, puesto que este no sabe la superioridad que tiene sobre él.
    En esa tesitura metafísica nos sitúa tu microcuento, por un lado, un hecho trágico que se nos sustrae y del que se nos ofrece sólo una imagen neutra: un peluche sobre el asfalto, del que suponemos que pertenece a un niño al que un accidente o una guerra le ha arrebatado la vida; por otro, el narrador o narradora, muy cercano a él, al que ese hecho trágico le ha sumido en un dolor que supondrá un antes y un después en su existencia.
    Ante eso, los astros permanecen impasibles, las estrellas siguen viajando por el cosmos a velocidades vertiginosas, en el gran salón del universo ese baile de fantasmas no se detiene ni un segundo, y eso supone un desgarro, una ruptura, un exilio con respecto al ser viviente y sufriente que habita en una de esas minúsculas esferas.
    Por eso, el o la protagonista siente que su dolor es mucho más grande que esos espacios llenos de materia inerte, que esos indolentes fenómenos, que toda esa pirotecnia celeste sin vida; por eso, ese infinito en el que se supone que contiene a todos los astros acaba siendo diminuto comparado con el dolor, con la enorme injusticia de la muerte de un sólo niño. Así, lo inmensamente grande acaba siendo inmensamente pequeño y viceversa.
    Gran microcuento en tu ininterrumpida línea de excelencia. Un abrazo, tocayo.

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  17. "No hay extensión más grande que mi herida.", decía Miguel Hernández en la hermosa Elegía a su amigo Ramón Sijé. Tu micro es una hermosa elegía en prosa en donde el dolor alcanza proporciones cósmicas. El paso del detalle del peluche sobre el asfalto -acertada elipsis, que nos sitúa en la muerte accidental de su dueño- a la inmensidad del espacio infinito, para empequeñecerlo frente al dolor por esa muerte es una hipérbole magistral, Enrique.
    Enhorabuena por otro micro más de gran calidad humana y literaria. Es un placer leerte. Un beso.

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