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La cigarra en la hormiga (de fábula III)

Aborrecía la línea recta tanto como palpar con sus antenas el culo de la compañera siguiente. Le encantaba cantar, y al ser acallada por enésima vez, de su tedio brotaron alas que empezaron a vibrar como acordes de guitarra. Rompió la fila hacia un azul incierto, pero de tres dimensiones.
Escrito por Antonio Bolant
Dedicado a Álex Garaizar - Parte I | Parte II | Parte III

El precio de la libertad (de fábula II)

El figura había sacado una espada, así que improvisé una huida e intenté encaramarme a la grupa de un parapetado equino que, malinterpretando mis intenciones, de una coz pulverizó toda mi bravura. 

Tuve suerte y decidieron devolverme a la dehesa donde seguiré envejeciendo, aunque ahora muja dos octavas más agudo.
Escrito por Antonio Bolant - Twitter
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La cajita fea (de fábula I)

Alguien recoge una cajita de plástico, negra, con botones, extraviada hasta entonces, mientras, perfectas, decorativas, las cajas vecinas cuchichean; menosprecian de nuevo.

La conecta a un altavoz y apaga la luz. Envuelta en lagos de cisnes, la música surge de su interior. Aquellas cajas oscurecidas detuvieron sus burlas, en seco.
Escrito por Antonio Bolant - Twitter
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La señora del anillo

Guarda hobbits bajo el pecho, ogros en las mazmorras de su paciencia, elfos entre su intuición y magos a flor de piel. Todos ansiaban el anillo único forjado en las cumbres de su carisma, pero ella había decidido entregárselo a los hombres, en mano, concretamente al anular de la mía.
Escrito por Antonio Bolant - Twitter

Crónica de dos ciudades

El frío aviva el eco de un taconeo que tamborilea la acera. En los escarpados hogares, el día se refugia entre rostros que se reconocen y voces que ofrecen respuesta. Afuera, la noche salpica de despedidas sin encuentros su piel prestada, fonda de semblantes anónimos bajo sordos alientos de neón.
Escrito por Antonio Bolant - Twitter

La felicidad de la ignorancia

Los árboles conversan cuando se encienden las estrellas, salvo los enjaulados bajo el alumbrado de las ciudades; ellos no pueden verlas. Demolidos los edificios que ocultaban el bosque, aquellas tertulias nocturnas turbaron tan profundamente a los sauces del parque que siguen llorando hojas secas aun finalizadas las obras de reconstrucción.
Escrito por Antonio Bolant

La oscuridad de un fondo de armario

Sus negras pupilas, largo tiempo dilatadas, se irisaron aliviadas cuando decidió presentársela a sus padres, aunque éstos pasaran del blanco sorpresa al rojo vergüenza intensa.

Seguramente, papá nunca llegue a comprender y mamá culpe a "esa tal Pili", pero ella necesitaba reverdecer para dejarse caer de espaldas sobre el arcoíris.
Escrito por Antonio Bolant - Twitter

La diáspora del puerro elegido

Se sentía especial: el padre labrador guiaba las aguas que regaban su sed y enviaba plaguicidas para aniquilar a sus enemigos.

Cierto día, sin más, fue arrancado del suelo y colocado en un camión de reparto internacional. En su hueco de huerto, el inescrutable labrador había plantado una lechuga romana.
Escrito por Antonio Bolant