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Su primer vuelo

La ilusión de volar. Sentirse un dios y ver cómo los pobres humanos se arrastran ahí abajo mientras que sólo él elige cómo y dónde ir, simplemente con desearlo.

Y lo deseó.

Mientras la gente gritaba y la mancha roja se extendía, su sonrisa reflejaba la satisfacción del sueño cumplido.
Escrito por Argonauta

El olvido

Cuando dejó de albergar ilusiones, se desvanecieron sus ganas de vivir y comenzó a olvidar: primero, los buenos recuerdos, viviendo angustiado por los malos hasta que también le abandonaron; después, la gente, incluso las personas más queridas; al final, a él mismo. Al morir, ya no sabía que había vivido.
Escrito por Argonauta

Día de playa

—¡Inútil!

Comenzó a hundir el rostro en la arena, a través de la toalla.

—Nuestros amigos son todos jefes, y tú, ¿qué? ¡Idiota!

Apretó más hasta que no quedó rendija por la que entrara el aire.

—Si ya me lo decían. ¡Perdedor, fracasado!

Superado el momento de pánico, se acabó.
Escrito por Argonauta
Anónimo hasta septiembre

Despedida

—Suéltame, por favor.
—¡No me pidas eso, te lo ruego! —gritó angustiado.
—Por favor...

Su corazón se retorcía de dolor aun sabiendo que no podría negar ese último gesto a la persona amada. Cerró los ojos, maldijo al cáncer, abrió las manos.

—Te quiero —alcanzó a oírla susurrar mientras caía.
Escrito por Argonauta

Pánico

Abrió los ojos, aturdida, sin recordar dónde estaba o cómo llegó allí. Buscó desesperadamente por la infecta estancia algo que le resultara familiar.

Cuando le vio surgir de las sombras, las imágenes de la pesadilla aparecieron con toda su violencia; el terror se ensañó con ella.

Chilló angustiada. Él sonrió.
Escrito por Argonauta

Reconocimiento

Celebro tu suerte. Me encanta que se haya, por fin, reconocido tu talento. Es una magnífica noticia para todos los que creemos que merece la pena pelear por tus objetivos.

Qué pena que no puedas disfrutarlo, pero es que no deberías haber pasado por encima; nunca me gustaron los trepas.
Escrito por Argonauta

El cuaderno

Escribo de noche. Me levanto en silencio, abro el cuaderno y descargo en él mi dolor, mi ansiedad..., las alegrías nunca llegan. Vuelvo a la cama más tranquilo a intentar, entonces sí, recomponerme antes de que amanezca.

Hoy, el cajón estaba vacío. Mi colección de problemas se elevó al infinito.
Escrito por Argonauta