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Viejo verde

Casi siempre la veo venir con su singular forma de recorrer las distancias sobre la cenicienta alfombra de nuestra calle. Ya le afloran y se agitan sus inconfundibles cambios carnales; pero a esta edad, yo no soy yo; dejo a los pájaros que le silben y me apedreen al costado.
Escrito por Guillermo Arnul Castillo Ruiz

La discreta hija de Icario

Cuando Penélope labraba la gran tela, descubrió que se deshacía sola en cada nueva hilera. Desde entonces, dejó el sentido del deber que todos le conocieron durante veinte años, y se dedicó a tramar engaños para ocultar las causas de su fogosidad permanente por el cerrado asedio de sus pretendientes.
Escrito por Guillermo Arnul Castillo Ruiz - Web
Anónimo hasta septiembre

Porque la risa libera al hombre de sus miedos

Nadie tomó en serio al humorista cojo recién llegado a aquel pueblo escondido entre la ligera niebla, hasta que un día se descubrió que en el fondo era muy serio cuando invitó a todos los ciudadanos a mostrar su sentido del humor el día que se cayó aquel alcalde vitalicio.
Escrito por Guillermo Arnul Castillo Ruiz - Web

¿Cómo encendiste mis deseos?

Mientras dormía ajena a la tensión que flotaba en el aire, él suspiró por un recuerdo lejano.

—¿No siempre hay una única manera de desear? —se interrogó con aire de pensador.

Tras prolongada tensión, el orgasmo sólo le consintió el gemido, el aullido, la expresión infrahumana, pero no la palabra.
Escrito por Guillermo Arnul Castillo Ruiz - Web

Mal de amores

Fluye la sangre, clara y transparente. Corre entre agua y sustancias endulzadas por todo tipo de ilusiones semejantes a un volcán de inmutables fantasías. Todas ellas se construyen en cada ser surgido de algún lugar entre los sueños y esperanzas. Todas son sustancias inmedibles cuando se pueblan con tu ausencia.
Escrito por Guillermo Arnul Castillo Ruiz - Web

El político

El político hablaba con vehemencia y con conocimiento de causa sobre el mantenimiento, la gestión y la administración de los recursos públicos. ¡Todos ellos, libres del fenómeno natural de la corrupción, la demagogia y la incompetencia! Y para no cansarlos... la gente tomó asiento y habló durante tres horas más.
Escrito por Guillermo Arnul Castillo Ruiz - Web