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En un lugar de la Mancha

Todo parecía transcurrir en años llenos de dicha suprema. Unos deseos cumplidos y una extraña felicidad. La tierra nunca pudo ser tan generosa y los días tan radiantes de las caras llenas de felicidad. Pero todo no era más que un sueño de Aldonza Lorenzo una mañana creyendo ser Dulcinea.
Escrito por Luis Ignacio Muñoz - Web

Nada más que feliz

El Ambrosio viejo despertó una mañana extrañamente feliz. Al levantarse tuvo la sensación de sacudirse del más extraño letargo padecido a lo largo de toda su vida. Ya no pudo ser el mismo de noche ni de día, pero siempre lo veían con su extraña felicidad irradiando en su rostro.
Escrito por Luis Ignacio Muñoz - Web

Por qué no fue gol

El exrey del fútbol recordó, años después en la tribuna, aquella tarde en la que le correspondió cobrar el penalti de la final del mundial.

Ante su estupor, en ese momento vio con claridad el cuadro más aterrador: el palo derecho tenía instalado un imán para llevarse fuera el balón
Escrito por Luis Ignacio Muñoz - Web

Reencuentro

La viuda me reconoció en plena ceremonia. Al principio su cara contraída parecía negarlo, después se quedó quieta como una piedra. Cómo iba a explicarse mi presencia allí, seis meses después para sabotear su nuevo matrimonio, si estaba convencida de que su primer esposo yacía debajo de toneladas de tierra.
Escrito por Luis Ignacio Muñoz - Facebook

Vendedor de espejismos

Compré la lámpara convencido por la palabrería del comerciante de antigüedades cuya apariencia me alcanzó a hacer pensar que lo habían sacado de la lámpara antes de ser su vendedor. Y era cierto. Apenas le acabé de entregar el dinero se desvaneció frente a mí. La lámpara también parecía real.
Escrito por Luis Ignacio Muñoz - Facebook

Salida de la fábrica

Cada vez que salía a la calle volvía a respirar el aire fresco mientras sentía una invasión de libertad capaz de hacerlo creerse superior al resto. Era salir del infierno, se decía todas las tardes. Libre del infierno. No le importaba saber cuántas horas le faltaban para volver a él.
Escrito por Luis Ignacio Muñoz - Facebook

Certidumbre

Por fin lo podía ver todo claro en medio de aquella sala. Me encontraba rodeado de gente en silencio. Ninguno se miraba entre sí. Tampoco yo lograba reconocerlos. Solo me reconocía estirado en el mesón. Lo veía más claro: estaba muerto y no me lo sabía responder a mí mismo.
Escrito por Luis Ignacio Muñoz
Anónimo hasta noviembre