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Ni Dolores ni Angustias

Soy una afortunada. Nací en una clínica privada de monjas. Esa tarde la monja mala tenía ginecólogo. Me libré de ser entregada a otra familia, gracias a Dios...

La que me ha tocado es rara. Pero al menos no me pusieron un nombre con el que sufres toda la vida.
Escrito por Maria Las Vegas

Papá portero de Pachá

Mi madre me confesó que mi padre era portero de discoteca. No conserva ninguna foto de él. No sé si he sacado sus ojos. O su nariz.

Habré salido con su corazón. Porqué después de tu paso ha quedado blindado a prueba de matones. Ahí de momento no entra nadie.
Escrito por Maria Las Vegas

La voluminosa rubia del bus

Hoy me he puesto más espuma debajo de la camiseta. Vaya pedazo de... Ahora sí que parece real, sobre todo de perfil.

No quiero levantar sospechas. Hace demasiados años que estoy de 20 semanas y si me descubren se ha terminado el chollo de sentarse cada mañana en el bus.
Escrito por Maria Las Vegas

La nariz de Pepín Bellota

Pepín Bellota lo olía todo. Pero su especialidad eran las personas. Husmeándolas adivinaba su futuro.

"Este morirá mañana. A este lo engaña la mujer. A ese lo echan hoy del trabajo".

Era tal su tormento que dejó de coger el metro y aprendió a ir en monopatín a los cincuenta.
Escrito por Maria Las Vegas

La ladrona de bandas de cera

Marguerite de la Fontaine, hija de zapatero y de la modista de Su Majestad, se había convertido en una de las ladronas más temidas de Francia. Conocía con exactitud dónde se encontraban las bandas y las asaltaba sin piedad.

Sin duda lucía las axilas y piernas más bellas del instituto.
Escrito por Maria Las Vegas

El ladrón de woks

Li Xau dormía cada noche en un castillo de cartón de marca blanca. Aunque cuentan sus vecinos que a veces lo hacía bajo cartones con el logotipo de unos grandes almacenes.

Había noches en las que lloraba. Anhelaba su vida en China cuando era ladrón de woks y se quería.
Escrito por Maria Las Vegas

Se me fue de las manos

Solo quería que me devolviese los guantes de piel que dejé olvidados. Así que me presenté en su casa. Abrió la puerta sonriendo. Me miré en el rancio espejo rosado del recibidor y respiré profundamente. Lo apuñalé.

Se me fue de las manos. Y encima olvidé otra vez los guantes.
Escrito por Maria Las Vegas

Querido abuelo

Querido abuelo que estás en los cielos:

Debería venir a verte pero no recuerdo el número de nicho. Le pregunté a la abuela pero no me quiso decir. No me agrada visitar a los muertos. Prefiero escribirte cartas y dejarlas en cualquier ranura. Con un poco de suerte te llegan.
Escrito por Maria Las Vegas