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El diagnóstico

Salí del consultorio. La angustia y el dolor me torturaban, pero lo peor era decírselo a mi padre. La llamada de mi hermano interrumpió mi pensamiento: "Vení urgente, papá sufrió un ataque". En el cementerio lloré y agradecí no tener que decirle a mi padre que yo iba a morir.
Escrito por Marisa Villar Arranz - Twitter

La tormenta

La tormenta era intensa. El granizo golpeaba con fuerza.

Él pensaba en su auto. Ella, en su indiferencia. Él, en la ruta peligrosa. Ella, en su desilusión. Él estaba furioso. Ella, triste.

Él ganó la pulseada, como siempre, mientras el auto derrapaba en el camino y se deslizaba al barranco.
Escrito por Marisa Villar Arranz - Twitter

El paseo

El paseo por el zoológico hacía feliz al niño; había tantos animales raros o que nunca había visto personalmente. Su abuelo le prometió ir, pero no pudo ser.

—Papá, ¿por qué todos esos animales están encerrados?
—Porque ya no sirven para nada, están muy viejos.
—¿Por eso encerraste al abuelo?
Escrito por Marisa Villar Arranz - Twitter

La mano

Corría, bañado en sudor y sangre, huyendo del espanto, dejando atrás sus muertes y arrastrando mi vida, ciego de llanto y locura.

Caí sin fuerzas, sin aire, sin destino, hasta que esa mano tomó la mía... Sentí, en medio del delirio de la guerra, que alguien me devolvía la dignidad.
Escrito por Marisa Villar Arranz

Mi otoño personal

Tantas veces hablamos de ese momento. Solo faltaba su llamado.

Vamos. Llama, llama, por favor... Llama, no me abandones. Llama, que no voy a poder dejarlo... Llama, que lo siento en la puerta.

Pero no llamó. Y terminó el sueño y volví a la realidad. Volví a mi otoño personal.
Escrito por Marisa Villar Arranz

Desperté sin saber

Desperté sin saber que ese día marcaría mi vida. Caminé tranquila pensando en mis proyectos, ignorante del desastre que se aproximaba. El cielo no me avisó. El reloj no se detuvo. Mi corazón no se aceleró. No doblé en la calle que me salvaría. Ese maldito día, amor, te conocí.
Escrito por Marisa Villar Arranz - Twitter