Sin palabras

Tomó la pluma y la mojó en el tintero. Diose cuenta entonces de que no tenía nada que decir. Tanto tardó que una espesa gota de tinta emborronó la carta que aún seguía virgen de trazos. Un sobre, a su lado, sí rezaba un escueto y caligráfico "Al Sr. Juez".
Escrito por José Antonio Barrionuevo

29 comentarios :

  1. Cuando se escribían las cartas con pluma, tu protagonista las empezaba como yo. Lo malo es que yo las acababa de la misma manera. Al Juez mejor no decirle nada. Y si algo se le dice que sea como las respuestas del oráculo, que tenga que interpretarlas. Es un buen relato solo en cincuenta palabras con cuatro adjetivos.

    Excelente.
    saludos.

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    1. Muchísimas gracias por tu más que amable comentario, José María.
      ¿Te podrás creer que no me había dado cuenta de que solamente he escrito cuatro adjetivos?
      Tal vez mi subconsciente ha dictado que una historia como la que he querido reflejar podría decirse que es "incalificable". Y eso que no aclaro si hay suicidio o no... Que cada lector o lectora decida el final del personaje. Así os hago cómplices.
      Saludos cordiales.

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  2. Cuando alguien siente que su vida se ha quedado seca de palabras, sin nada que decir, es que quizá ya ha dicho todo lo que debía, o se ha quedado tan vacía que ya no merece la pena seguir con ella, que es lo que temo que, si no me equivoco, le ocurre a tu protagonista. Por suerte, no es tu caso, porque engarzas vocablos que felizmente compartes con todos.
    Un abrazo, José Antonio

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    1. Podría ser acertada tu lectura, amigo Ángel (siempre sueles atinar). Cabe, no obstante, la posibilidad de que al no encontrar palabras, el protagonista desistiera de seguir adelante. O esa escasez de palabras y esa mancha negra fueran un motivo más para consumar la idea que le ronda por la cabeza.
      Lo dejo a tu criterio que seguro que aciertas con él.
      Agradezco tu comentario por cuanto destila amabilidad, la que siempre me dedicas.
      Un fuerte abrazo para ti.

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  3. Fina Nieto Ramón17/4/15 8:22

    Afortunadamente para quienes nos gusta leerte, tú ningún mes te quedas sin palabras ni sin imaginación.
    Un abrazo, José Antonio.

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    1. Como ya sabes, porque así te lo he hecho saber, mis palabras y mi imaginación siguen vivas con comentarios como los que siempre me dedicas, amiga Fina. Esa es mi fortuna y mi acicate para seguir dejándome caer por este rincón literario.
      Gracias y un abrazo grande (el que te mereces).

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  4. Antonio B.17/4/15 9:02

    Imagino el vértigo del suicida cuando la muerte está al dictado y cómo la pluma opta por llorar cuando no encuentra qué decir por última vez.

    Me ha gustado tu relato, José Antonio.

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    1. En esta ocasión, podríamos afirmar que la muerte, dictar, dictó poco. Esa reflexión, pluma en mano, que hace el protagonista tenemos que interpretarla como que la duda le llegó al final, cuando un simple paso adelante daría por concluida una decisión nada fácil de tomar.
      Me gusta la imagen de la pluma llorando. Aunque las lágrimas no emborronen como la tinta, ambas podrían ser reflejo de una situación dolorosa. O como tú, acertadamente, dices: vertiginosa, de vértigo.
      Gracias, Antonio, por tu comentario. Me siento más que satisfecho con saber que te ha gustado.
      Un saludo.

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  5. Estimado José Antonio: Ante todo, gracias por tu puntual regalo del mes.
    Lo he leído varias veces y, la fotografía la has descrito como tan solo tú sabes.
    Me ha venido a la mente un pequeño cuento de Daniel Defoe, incluído en una excelente recopilación de relatos de la editorial Valdemar llamada 'La sombra del asesino' (muy recomendable), llamado 'La historia de John Sheppard contada por sí mismo'. En él un preso condenado a muerte, tras haber jurado mil veces su inocencia, escribe una carta reconociendo su crimen.
    No es igual que tu protagonista que se ha quedado sin palabras ya sea: por no encontrar ninguna o porque está tan vacío que va a cometer un acto en el que no encuentra justificación lógica.
    Sea como sea, enhorabuena por tu relato número 45 y como dice un autor al que admiro, va mi saludo acompañado de un merecido 'me gusta'.
    Un fuerte abrazo.
    Pablo

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    1. Siento no haber leído ese relato de Defoe al que te refieres. Me lo apunto, amigo Pablo.

      Las gracias -por llevarte la contraria- tienen que ser de parte mía hacia ti y hacia quienes me leéis o comentáis mis microrrelatos. Para mí, ese es el principal motivo de intentar citarme con todos vosotros, al menos, una vez por mes (o dos, cuando puedo).
      Respecto de la interpretación que haces, como ya he comentado antes a Ángel, cabrían dos posibilidades:o no tener palabras que justifiquen algo que no lo tiene (o sí) o no encontrarlas y ser ese un motivo más para seguir adelante con la idea. Una decisión esta que, a pesar de la reflexión (esa tardanza, esa gota manchando el papel), pueda terminar siendo la justificación que se busca para consumar el acto (acto que muchos califican de cobarde y que yo creo que no lo es para nada).

      Un abrazo, muy fuerte, para ti.

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  6. Muy bueno, José Antonio. Es de esos micros que, con muy pocas palabras, permite al lector construir en su imaginación una amplia historia. Me ha gustado mucho. Un saludo.

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    1. Gracias, Matrioska, por tu comentario.
      ¿No es ese el objetivo que perseguimos con nuestras microhistorias? ¿Que de micro pasen a ser macro?
      Un saludo para ti.

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  7. Querido José Antonio, tú sí que nos dejas siempre sin palabras con tus micros.
    Yo no sé por qué, pero le auguro a tu protagonista un final no muy feliz, aunque sí es muy inteligente por su parte coger papel y pluma, para quién sabe qué, ¿quizá para declararse culpable por algo? ¿quizá para desvelar un secreto de otra índole? Creo que de aquí sale un "Sin Palabras II" o quizá un "Con todas las palabras". Bromas aparte, muy bueno, como siempre, mi enhorabuena por estos 45 relatos llenos de palabras e historias más que acertadas.
    Un beso fuerte y a llegar a los 50 micros en 50 palabras, qué redondo, ¿verdad? Eso vamos a tener que celebrarlo por todo lo alto.
    Malu.

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    1. En la senda estamos, Malu. Ya me queda menos para llegar a esa redondez de la que hablas. Pero fácil no es y tú lo sabes bien. Seguro que sí.
      Sobre el final del personaje... que cada cual le construya uno según su propio estado de ánimos. Sí es verdad que coger pluma y papel (y mojar en un tintero, que no falte la tinta) es una sana costumbre que puede servir para confesar algo, para desvelar un secreto o, incluso, para escribir una historia, aunque esta solamente pueda tener cincuenta palabras (las del título aparte).
      Agradezco tus palabras por mis 45 relatos, pero el afortunado soy yo por cuanto me leéis y comentáis mis textos. Y por ello te doy las gracias porque siempre me comentas con muchísima generosidad.
      Un besazo y ojalá podamos celebrar mi llegada a los cincuenta relatos. Y la tuya también. De ello estoy seguro.

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    2. Uy, a mí me queda mucho (como un par de años como mínimo) para llegar a los relatos de oro, se diría así si lo comparamos con los aniversarios de las bodas, ¿no? Jajaja ...
      Pero celebrar, claro que lo celebraremos.
      Besos.

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  8. Pues ahora que lo pienso, cuando yo escribo una carta siempre dejo el sobre para el final, será (inconscientemente) para ahorrármelo si luego me pasa como a tu personaje. Me ha gustado bastante tu micro, José Antonio, aunque confieso que no estaba seguro de mi interpretación. Ese "diose" y esa pluma sitúan la acción en alguna época lejana. ¿Algún romántico suicida? El cualquier caso parece claro que era más importante lo que iba a hacer, fuera lo que fuera, que el acto de informar sobre ello.
    Me ha gustado bastante, como de costumbre.
    Enhorabuena y un fuerte abrazo.
    Enrique.

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    1. P. D.: Otra de las cosas que nos llevan al pasado es esa caligrafía. Por cierto, habrás visto que me ha gustado bastante dos veces, tres con esta.
      Hasta pronto.

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    2. Gracias. Gracias. Gracias. Una para cada uno de tus "me ha gustado bastante", Enrique. ¡Pero qué amable eres!
      Efectivamente, sitúas a la perfeccción el personaje en una época concreta. Se ve que eres muy perspicaz. Has sabido interpretar esas pistas léxicas que doy para comprender que el personaje es un romántico a quien no termino de resolverle sus dudas existenciales. El final, que cada lector o lectora lo ponga.
      Gracias (una más) por tus palabras, siempre benévolas con mis textos.
      Un fuerte abrazo para ti, amigo.

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  9. Este hombre no supo interpretar bien las señales... qué buena ocasión para hacer borrón y vida nueva.
    Buen micro, José Antonio.
    Un abrazo.

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    1. Bueno he dado por hecho que es un hombre, al releerlo compruebo que bien podría ser una fémina...
      Porfis... ¿en quién pensaste cuando lo escribías?

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    2. Sí, era un varón, Rosy. Santo no, desde luego. Creo que las mujeres no soléis elegir con tanta frecuencia como los hombres decisiones tan extremas, y sin vuelta, como el suicidio. Supongo que porque sois mucho más inteligentes...
      Lo del borrón por culpa de la gota de tinta, bien pudo ser la señal que esperaba para desistir de la decisión adoptada. O no. Tal vez todo lo vio aún más negro. Ese final abierto queda así, abierto.
      Gracias por tus dos comentarios, el principal y el adjunto.
      Un abrazo.

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  10. Yo creo que el protagonista quería que el Juez supiera de su decisión de suicidarse, quizá para evitar posibles falsas acusaciones. Pero, por otro lado, o no quería o no sabía muy bien explicar los motivos que le llevaban a semejante decisión. En cualquier, caso me has hecho recordar un micro que escribí en esta página hace tiempo sobre la duda del suicida, creo que lo titulé 'Una duda razonable'. Y no es para menos, estoy contigo en que hay que tener mucho valor para ejecutar tal decisión.
    Ya sólo una cosa más, José Antonio: nunca nos dejes sin tus palabras.
    Suerte y un abrazo.

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    1. Acabo de releer tu relato "Una duda razonable" y vuelvo a decirte que no me cabe la menor duda de que tu suicida lo tenía más claro que el mío, que nada en un mar de dudas, carente además de motivos que le empujen a tan valiente decisión (en eso coincidimos). Aunque también tiene su valor enfrentarse a los problemas del día a día...
      Gracias, como siempre, María Jesús, por tus palabras. Y mientras no me digáis lo contrario, intentaré no quedarme sin las mías. Y sin historias (que esto es más difícil que hallar los vocablos necesarios para contarlas).
      Abrazos.

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  11. José Antonio, tu relato me deja una fotografía perfecta de la escena que describes. Y además me deja con la intriga de qué va a suceder. Se me ocurren dos interpretaciones con desenlaces opuestos. Puede ser que en ese momento se encuentre tan solo que no tenga nada que decirle a nadie. O puede ser que se lo esté repensando y desista.
    Un abrazo y enhorabuena por esas 45 joyas. ;)

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    1. Joaquín, siento no despejarte el desenlace, pero cualquiera de los dos que propones puede ser el correcto. ¡Tú mismo!
      Me alegra el hecho de que haya conseguido darte una imagen clara de la situación que narro, algo que como bien sabes no es fácil por la limitación de vocabulario que tenemos impuesta (y que yo agradezco).
      Simplemente te apunto que hay por ahí una imagen y un texto que dicen que ahocarse consta de tres pasos: Introducción, nudo y desenlace.
      Gracias mil por tus palabras y nos seguimos leyendo con interés.
      Un fuerte abrazo.

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  12. Yo estaba pensando en una confesión más que en un suicidio. Sea lo que sea, el silencio de tu protagonista me ha sugerido un montón de imágenes y las he disfrutado todas.
    Un saludo, José Antonio.

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    1. En cierta forma, Margarita, un acto suicida viene a ser una confesión. Radical, eso sí, pero una manera de dar a entender algo, aunque con el inconveniente de que no hay marcha atrás (al menos en un alto porcentaje).
      Si he logrado trasladarte una secuencia de imágenes nítidas de una situación concreta como la que narro, eso ya es suficiente para mí. Si además, como dices, las has disfrutado, te confieso que entonces ahí llego ya al súmmum.
      Saludos y muchas gracias.

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  13. Notincgas20/4/15 7:22

    El relato deja una duda y dos certezas:
    La duda, que no se sabe qué acabará haciendo el protagonista.
    La primera certeza, que el tipo no es impulsivo. Quizá todavía haya esperanza.
    La segunda certeza, que eres muy buen escritor, José Antonio.
    Saludos cordiales.

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    1. Pues leyendo tu comentario, amigo Notincgas, a mí me han surgido dos certezas y una duda. Una de las certezas es que, efectivamente, mi personaje no es muy impulsivo. Esa estaba clara y la comparto contigo. La otra certeza es que eres inconmensurablemente amable con tus palabras. Y la duda es... ¿soy buen escritor? Tal vez sí, por vuestros comentarios tan benignos. Tal vez no, porque creo que aún estoy aprendiendo. Eso sí, de todos vosotros y vosotras. Día a día. Mes a mes.
      Un fuerte abrazo. Y muchísimas gracias.

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