Jubilata

"Deje usted de trabajar, cese de cotizar, abandone este lugar". El viejo joven acata la orden y se va. De pronto todo cambia para él. Se esfuma. Nadie le saluda ya, en la calle chocan con él, no respetan su turno en las colas... ¿Y si decidiera empeñar los espejos?
Escrito por Carmelo Carrascal

12 comentarios :

  1. Carmelo, a lo mejor me equivoco en mi interpretación, creo que tu protagonista, este jubilata, es de esas personas que rondan entre los 50 y 60 años, y que quedan atrapados por el paro, esas palabras del "viejo joven" me lo hacen ver así, y con esa edad cuesta mucho que a uno lo cojan en un trabajo, tal vez por ello quiere empeñar los espejos, como buscando que no se fijen en la edad, sino en su capacidad.
    Buen relato, Carmelo.
    Un abrazo.

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  2. Buena pregunta, Carmelo. ¿Dejan los fantasmas de serlo si eliminamos su reflejo?
    Aquí me quedo cavilando. Me ha gustado mucho tu relato.

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  3. Hay personas que, pese a su edad, son totalmente vitales; quieren, necesitan y merecen seguir en activo, pero en esta sociedad que tanto valora la apariencia son etiquetados como un material humano amortizado, que ya no cuentan, despreciando todo lo que podrían aportar. Es normal que tu protagonista reniegue de ello y quiera empañar los espejos.
    Un canto a la rebeldía y a las ganas de vivir.
    Un saludo, Carcelo.

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  4. Carmelo, cuando uno se jubila parece que se vuelve invisible, deja de ser valorado, como algo inservible. Si esto ocurre a una edad temprana en la que se supone tiene todavía mucho que ofrecer profesionalmente, pues aún es más doloroso.
    Le recomiendo a tu protagonista, que en lugar de ver lo que ha perdido, que piense en lo mucho que ha ganado. Siempre puede reinventarse y dedicarse a actividades nuevas que le hagan feliz o a participar en ONG, que tanta ayuda necesitan.
    Bien contado.
    Besos.

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  5. Es terrible lo que cuentas, Carmelo: la historia de alguien que se vuelve invisible. Desgraciadamente, no sólo lo son algunos parados.
    Saludos

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  6. Tan triste, como real. Hay personas que son invisibles para el resto de la humanidad. Aunque le doy dos posibles lecturas a tu micro, por un lado, esas personas que no tienen edad suficiente para jubilarse y que no encuentran trabajo hasta la edad de jubilación (por lo de viejo joven) y por otro, podría tratarse de un fantasma, como bien apunta Patricia (por lo que dices de los espejos).
    Sea cual sea la interpretación que hayas querido darle, buen micro y perfecto título.
    Un beso.
    Malu.

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    1. Malu, muchas gracias por tu amable comentario. No hablo desde la ficción de fantasmas sino de seres reales, los jubilatas. Cada vez son más y cuentan menos.  Sean viejos jóvenes porque prejubilados o viejos jóvenes porque todavía podían y deseaban continuar trabajando. El espejo reflejaría la realidad o, mejor, no se sabe si lo haría porque el aludido se habría vuelto literalmente invisible.
      Besos
      Carmelo

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  7. Sr. Carrascal,

    Intuyo que el protagonista es un "jubilata" marchoso intelectualmente. Eso le dejará en breve en una buena posición para verse reflejado no solo en el espejo sino en las maravillosas oportunidades que seguro le brindará pronto la vida.

    Un abrazo fuerte!

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    1. Sr/a. Anónimo (De A. a A.):
      Tu escrito demuestra magníficamente que el poder de las palabras para transmitir y conectar con el otro, para llegarle al alma, no depende tanto de la identificación de su autor cuanto del poder intrínseco de las palabras que escoge. Las tuyas, insuperables. De ahí que mi abrazo en esta ocasión sea o quiera ser enorme.
      Muchísimas gracias!

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  8. Sr. Carrascal:
    Enorme microrelato el suyo.
    Salude al jubilata de mi parte, por favor.
    Octavio

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  9. Contundente relato, Carmelo. Me gusta esa manera descarnada de contar la absurdidad de anihilar a una persona de un día para el otro con el cuento de la jubilación.
    Saludos cordiales.

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    1. Carmelo Carrascal31/3/17 21:20

      Carles, me ha parecido genial tu neologismo "anihilar" traído en un contexto me temo que tentado de aniquilar. Al jubilata de turno se le convierte tantas veces en nada...
      Cordialmente
      Carmelo

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