Cosquillas en la nuca

Posada en el cadalso, esponjó las plumas. Cualquiera en el lugar del condenado, que maldecía. Cayó la hoja de la guillotina, cortando los alientos contenidos. La autoridad torció el gesto mientras la multitud desfilaba boquiabierta ante la cesta con una cabeza muerta de risa. La oscura gaviota levantó el vuelo.
Escrito por Eduardo Martín Zurita

51 comentarios :

  1. Maria Galerna15/2/18 12:26

    Mmmm! Se rió de,ellos (y de la parca). Los dejó sin espectáculo.
    Cuántas veces lo mejor ante una ofensa o provocación es esa, la ironía o la sonrisa sin más. Deja sin argumentos al atacante.
    Un besazo Eduardo.

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  2. Eduardo Martín Zurita15/2/18 13:20

    Hola, María.
    Has captado a la perfección la esencia del texto. A la autoridad le molesta que pasen de ella. Que no se sufra, o se demuestre no sufrir frente al castigo, más si es la pena capital. Y no te digo a la muerte. Un beso muy grande para ti también.

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  3. Eduardo, no sé si a tu protagonista se le podrá aplicar el dicho de: "QUIEN RÍE ÚLTIMO, RÍE MEJOR", ya que su final no ha sido muy agradable, pero conforme se le ha quedado la cara ha logrado contrariar a las autoridades, incluso después de muerto. El título lo veo cargado de cierta ironía, ya que muchas cosquillas no creo que tuviese, aunque a lo mejor por ello esa risa, muerto, pero muerto de risa.
    Me ha gustado, Eduardo.
    Un abrazo.

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  4. Carmen Hinojal15/2/18 14:07

    Como todos los tuyos, muy bueno, Eduardo, un muerto muy muerto pero con ganas de vivir. Y que mayor vida es la sonrisa. Abrazos.

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  5. Eduardo Martín Zurita15/2/18 14:10

    Hola, Javier.
    Gracias por el comentario. Eso, eso: muerto pero de risa. A fastidiarles la fiesta a las autoridades y a la muerte. Es lo que hay que hacer con las autoridades que tienes potestas (mero poder de coerción) frente a las que puedan, raro, tener auctoritas (mover a la obediencia por convicción, con convencimiento), las que posean autoridad moral, vaya. Y a la muerte despedirla con un carcajeo. O al menos con una sonrisa dibujada en la boca. Un abrazo grande.

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    1. Eduardo Martín Zurita15/2/18 15:18

      Hola, Carmen.
      Me gusta la síntesis que haces del texto, me gusta mucho. Gracias por tu comentario. La sonrisa, y la sonrisa en plan catarata, explosiva: la risa, son la mejor terapia posible frente a los reveses de la vida, contra la muerte, el mayor de ellos; dan pábulo a los pensamientos rosas, tan alejados de los negros, de los oscuros. Un muerto con ganas de vivir, que viva la paradoja. Un beso muy grande.

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  6. Justamente ayer leíamos una frase (al ritmo que vamos más que alimentarnos con filosofía, no nos da tiempo sino a subsistir amparados en la fraseología de turno)en casa sobre que el perdón es la mejor venganza. Pero, creo, que con tu relato, has encontrado la fórmula perfecta. Es la burla, en cualquiera de sus expresiones la que incomoda y pone de relieve los excesos del poder. Solo el verdadero bufón tiene la cualidad de soliviantar a la autoridad pertinente, riéndose de ella aunque sea después de muerto.
    La figura de la gaviota pone un acento grotesco y fúnebre a la vez, un elemento de genialidad para hacer un paréntesis díscolo, como un corte de mangas literario a quien se obstina en ser el mandamás.
    Mucha manga que cortar nos trae el sastre que cosió el relato. Solo da mucho quien puede dar y guarda tela suficiente para darnos más. Grotesco y brillante, Eduardo. Un abrazo fuerte y grande.

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    1. Eduardo Martín Zurita15/2/18 17:53

      Hola, Manuel.
      Gracias muchas por tu extenso e intenso comentario. En efecto, el exceso de poder, el absolutismo. La burla y el bufón. Lo grotesco. Están todos los ingredientes del potaje: como si te hubieras instalado dentro de mi cabeza e intramuros de mi alma. El perdón sería demasiado. Es la burla, y cuanto más vitriólica mejor, contra el poder que manda sin fundamento, sin autoridad moral, como digo en otro comentario, la que ha movido mi teclado. Y la cuestión siempre latente de la pena capital (en vigor en demasiados lugares), que da mucha risa, sí, porque se ajusticia a inocentes. Y la muerte, promovida de aquella manera, que parece que se las pira dentro de la gaviota. ¿Defraudada, contenta? Espero que me queden fuerzas e ingenio para más. Un abrazo que te llegue cálido, entrañable.

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  7. Los gestos son importantes, hasta el punto de suavizar la realidad más dramática para extender sobre ella un matiz casi de comedia. Tu relato me ha recordado una pelea de boxeo (ya sabes que hace muchos años, allá por el Pleistoceno, con solo dos canales, a veces los retransmitían por TVE), en la que uno de los púgiles sonreía cada vez que recibía un golpe; una actuación que, sin duda, desconcertaba, al rival y a la audiencia. Todos hemos visto detenidos por terrorismo con la estrategia aprendida de sonreír, como si estuviesen por encima de las circunstancias, una actitud rebelde de cara a la galería, que no evita que la procesión vaya por dentro. Una sonrisa siempre tiene efecto, aunque sea de forma póstuma, como sucede en tu relato. La guillotina, instrumento letal y terminante, por una expresión última en el rostro puede dar la impresión de que solo acaricia o juguetea, caprichosa, con el reo. El elemento de la gaviota podría identificarse la muerte (no es oscura por capricho) que, pese a la interpretación del finado, se lleva el alma de forma inexorable, como al boxeador le dolían los golpes y le producían hemorragias.
    Un relato lleno de fuerza, inquietud y matices, diferente y muy imaginativo.
    Un abrazo grande, Eduardo

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    1. Eduardo martín Zurita15/2/18 18:20

      Hola, Ángel, mi gran Ángel.
      Tienes razón con el símil boxístico. La vida es un cuadrilátero y todos somos púgiles, en combate denodado contra la vida misma más que contra nosotros. La muerte es inexorable, claro, pero acaso le incomode, como al poder, esa risa burlona o agradecida al instrumento letal que resultara acariciante. Tal vez estemos ante un gesto desesperado y desconcertante como el del boxeador al que aludes: normalmente un púgil ríe o sonríe cuando los golpes le han dolido de veras. La muerte, oscura gaviota, en efecto, a lo mejor ha levantado el vuelo consternada de alguna manera ante la actitud postrera del ajusticiado. No la dejó enseñorearse todo lo que ella hubiera querido. Como la autoridad déspota. A lo mejor se reía ese desgraciado porque el fin de la vida es una liberación de un montón de cadenas, de penares, de esfuerzos baldíos. Muchas gracias por tu comentario, interesantísimo como siempre y un abrazo que te llegue, como le digo a Manuel, cálido y entrañable.

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  8. Un micro lleno de sutileza e ironía y, además, muy visual. Un beso.

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    1. Eduardo Martín Zurita15/2/18 21:14

      Hola, Maite.
      Sutileza, ironía, visual. Pues dónde hay que firmar. Fuera de bromas, muchas gracias por haber apreciado todo eso en mi humilde texto. Cuando empecé a escribir, contagiado por la poesía (que es lo que más me gusta en literatura) pecaba de componer textos en prosa llenos de términos y expresiones abstractos. Intento corregirme, no es más que eso. Un beso grande.

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  9. Divertido e irónico título para una tragedia. El ser humano es paradójico, y paradójica es la última sonrisa del condenado, así como el desarrollo de este impactante relato.
    Un abrazo, Eduardo.

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  10. Eduardo Martín Zurita15/2/18 21:19

    Hola, María Jesús.
    De alguien que yo me sé dije que era paradoja elevada a la paradoja potencia. No te digo más. Bueno sí, que muchas gracias por tu comentario y que también lo creo: el tema va de tragedia en los tiempos denominados del terror, pero con esa burla del ajusticiado a la autoridad incompetente, déspota, y a la muerte en persona. Un beso grande.

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  11. Una mordaz crítica al poder endiosado. Mentes obtusas que son capaces de separar la cabeza del tronco y la mente de la razón. Crítica al vulgo de intelecto rasurado por inanición del pensamiento libre. Y, al final, la ironía y la risa para descuartizar conciencias y espantar a la muerte. Gran relato, Eduardo. Enhorabuena. Un fuerte abrazo.

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    1. Eduardo Martín Zurita.15/2/18 22:35

      Gran comentario el tuyo, Salvador, amigo; suscribo cada renglón, cada palabra tuya y el pensamiento vertebrador por entero. Me asombra tu sagacidad y soberana capacidad de síntesis sin menoscabo, antes bien al contrario, de la hondura. Es la fisonomía de tu alma que, mágica, se va manifestando por aquí y por allá. Por personas como tú merece la pena escribir. Darte las gracias y un abrazo inmenso se queda muy corto para los merecimientos a los que, a mis ojos, te haces acreedor.

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  12. Enrique Angulo16/2/18 0:24

    Decirte primero, Eduardo, que tu texto, como todo buen texto, tiene más de una lectura, y en cada una de ellas habría varias ramificaciones, pues creo que has escrito un microcuento metafórico y simbolista en el que destaco el elogio de la ironía y hasta del sarcasmo –este último sobre todo cuando el poder está en manos de botarates dictatoriales y sanguinarios ante quienes no cabe otra respuesta-, la actitud ante la vida, el despotismo, la sicología de las masas, la muerte...
    Ya el título es sumamente irónico cuando a lo que asistimos es a una terrible ejecución en la guillotina, pero el personaje de tu historia -como Mercucio en Romeo y Julieta que, aunque se sabe herido de muerte, entre maldiciones a las dos familias enfrentadas, la de Capuletos y la de los Montescos, mantiene el tipo de su ironía-, se burla de todo, y me lo he imaginado como un bufón disfrazado de gaviota, lo que me ha traído a la cabeza uno de los capítulos de la película Todo lo que quiso saber sobre el sexo y nunca se atrevió a preguntar, de Woody Allen –hoy en horas bajas por terribles acusaciones-, en la que hacía el papel de bufón que pretendía conquistar a la reina.
    Así que uno no puede sentir más que simpatía por él, pues es la figura más digna de tu historia, con una plaza llena de gente que –aunque puede que haya también algunas almas nobles entre esa multitud-, como solía ocurrir en tales casos, asistía a esas ejecuciones como si se tratese de ver un espectáculo circense, y hasta llevaban a sus hijos; y con una autoridad que tuerce el gesto pues sabe en su interior que ha sido burlada y derrotada, lo que, supongo, hará que se reconcoma de rabia.

    Por último, y esto ya debe de ser un delirio de mi mente, esa oscura gaviota me ha traído a la memoria a otra gaviota que lleva ensuciando desde hace muchos años con sus deyecciones un país que merecería mejor suerte con sus gobernantes.
    Un abrazo, Eduardo, como decía Blas de Otero, nos queda la palabra.

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  13. Eduardo Martín Zurita16/2/18 12:10

    Bueno, Enrique, amigo, gracias por tu generosidad ya bien comprobada. Es un comentario el tuyo para leer y releer. Y lo haré más despacito, para extraerle todo el soma. Es de recibo toda la información (cultura) que traes a colación. Los tuyos, tus comentarios y exégesis, invitan a tratar de ser arquitecto de renglones. Sabes recompensar y estimular como nadie, maestro. No se te escapa una, y hasta imaginas las más escondidas pretensiones o alcances del autor. Tus delirios son mis delirios. El texto, adrede ambientado en la denominada época del terror, durante la Revolución francesa, donde la guillotina actúo lo suyo y lo de un amigo, el texto, digo, es una crítica mordaz a la autoridad desautorizada, desacreditada, despótica: aquella que solo ostenta el poder coercitivo, coactivo, careciendo de toda autoridad moral, que es la que mueve a la obediencia por convencimiento. De paso el texto fustiga al vulgo, amante de espectáculos tan siniestros como una ejecución (un ajusticiamiento o "injusticiamiento" o "desajusticiamiento", toda vez que se ejecutaba a inocentes más que otra cosa, más que criminales, disidentes): ahora contempla las ejecuciones de personajes en los "realitys", o como demonios se escriba. Y, en efecto, destaca la figura del bufón, figura central, que se burla de todos, muerte incluida. El título es irónico sí, hasta sarcástico, si se quiere, y está puesto adrede. En fin, amigo, recibe un abrazo admirado, cálido y muy entrañable. Ha sido un renovado placer leerte.

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  14. Un relato con gran belleza plástica y varios posibles significados, aunque yo me quedo con el morbo de los espectadores, el requiebro a las autoridades y el zoom cenital picado que asciende muestra en plano general la escena y vuelve a caer la cámara hasta darse de bruces con la irónica mueca de la risa, ya vacía, del reo.
    Me gusta, Edu.
    Un abrazo fuerte.

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    1. Eduardo Martín Zurita16/2/18 15:54

      Hola, Isidro.
      Y a mí me encanta la originalidad y visualidad de tu comentario. Una interpretación muy cinematográfica que le deja casi sin palabras a un verboso empedernido. Has seleccionado, sin duda, lo mejor del texto. Y yo me pliego a tu criterio, estaría bueno. Lo de Edu, sencillamente me devasta alegremente. Me conmueve, porque me has quitado años de encima, amigo, de un plumazo, y eso no tiene precio. Te debo una que vale por muchas por lo menos. Un abrazo muy muy fuerte y muy sentido: intenso, ya sabes; inmenso.

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  15. Eso de reírse de la muerte... El proceso de morir es menos estresante cuando se convierte en un asunto de risa. Aunque en este caso, parece que más bien se trata de faltar el respeto y burlarse de la autoridad.
    Muy visual te relato. Incluso con la oscuras gaviota. Muchos besos.

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  16. Eduardo Martín Zurita16/2/18 19:27

    Hola, Olga.
    Hacer perder autoridad, con la risa. con la burla, con la risa burlona a la autoridad misma y a la muerte, que no llega a enseñorearse de su nueva presa. Vuela supongo que molesta. Ya no se esponja, se las pira. La visualidad ayuda a hacerse cargo de lo que uno está leyendo, mucho mejor que con términos abstractos, que convienen, sin embargo, y mucho, a la poesía. Dicen que el microrrelato limita con la poesía o se roza con ella. Creo que más bien un micro debe ser prosa. Pero para gustos, ya sabes...
    Muchos besos para ti también. Y muchas gracias por tu comentario.

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  17. Hola, Eduardo. Por aquí ando, no demasiado activo pero tratando de no perder la costumbre de leeros. Poco puedo añadir a las interpretaciones y opiniones de los compañeros que me han precedido. Como otras veces, me voy a fijar, llevándolo a lo "personal", en algo "anecdótico" (y puede que nimio) de tu relato: la gaviota levantando el vuelo. Es curioso darse cuenta de que hay asuntos banales que no consigues quitártelos de la cabeza y cosas que de alguna forma y en algún momento "han marcado tu vida" (exagerando), allá se quedan, al fondo de la memoria. Hasta que algo hace que esta se espabile. Las puñeteras gaviotas... Reconozco que pueden resultar bonitas, con esa gracilidad majestuosa de la que hacen gala. He vivido durante unos cuarenta años en un ático "acompañado" por todo tipo de molestias causadas por ellas, sobre todo en época de cría. Graznidos inmisericordes y constantes, atascos por la porquería traída o generada por ellas, el delicado ruído de sus delicadas patitas sobre el techo, amagos de ataque cuando debía subir a comprobar sus desperfectos o por si había nidos... Todo esto se me había olvidado. Seguramente tenga poco que ver con tu historia, pero es lo que me ha traído a la mente. Suerte, Eduardo. Abrazos.

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    1. Hola, Jesús.
      A mí tampoco me resultan simpáticas, qué le quieres. Ni las blancas. Las aves vienen de los dinosaurios y eso lo llevamos inscrito en el código genético. En el pueblo, pueblos de mis padres, de la comarca de la Sagra toledana, los veranos, de chico, me aterraban los pavos y las gallinas. No te digo los galgos. Me llevaba mejor con ovejas, guarros (con perdón) y caballerías. Te entiendo perfectamente, gran amigo mío. Muchas gracias por leerme y te envío un cálido y entrañable abrazo inmenso.

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  18. Al trágico y vergonzoso espectáculo de la ejecución le has añadido el sarcasmo, la crítica al poder, al despotismo. El condenado solo puede despedirse con dignidad de manera inteligente, con la burla. Su risa es la última manifestación de su libertad interior. Y ahí se las compongan autoridades y gaviotas.
    Enhorabuena por este magnifico relato, Eduardo. Besos.

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    1. Eduardo Martín Zurita17/2/18 12:51

      Hola, Carmen.
      Muchas gracias, Carmen, admirada amiga mía, muy querida. Libertad interior: qué sustantivo y qué adjetivo tan hermosamente ligados. Es rigurosamente cierto todo lo que afirmas. Los desvalidos se valen de la burla frente a los tiranos, a los opresores. No les que da otra que volverse sarcásticos. Y frente a la muerte, esa infausta segadora, ni que decirte. Por otro lado, gozarse con el espectáculo del ajusticiamiento, el fin de la vida de un semejante es desmesuradamente triste. Y el problema es que suma y sigue, en el siglo que estamos. En fin... Un beso grande y cálido para ti.

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  19. Sonreírle a la muerte...haciendo un "corte de mangas" (más bien un corte de cuello, en este caso...)al "Poder".

    Buen micro,Eduardo, un saludo.

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    1. Eduardo Martín Zurita17/2/18 12:58

      Hola, Rafael.
      Sí, es una autoafirmación del oprimido y de seguro injustamente ajusticiado. Con la de chaquetas que se ponen los poderosos ni una colección de tribus de sastres para tanto corte de mangas, o escalpar, al modo de los apaches, tantas ideas peregrinas, antihumanas. Gracias por tu comentario y un abrazo grande.

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  20. La historia, en sus bucles, suele volver sobre sus pasos para regresarnos a las épocas más negras del pasado manteniendo algunas constantes: La autoridad ilegítima parece estar reservada para mentes obtusas y siempre la acompaña su sombra, el ridículo. Lo he visto en América Latina, Pero a los represores no hay nada que les desconcierte más que una sonora carcajada que los ponga en su lugar, el que les depara la historia. Algo hemos progresado, ya no están las “tricoteuses”, pero la gaviota siguió esponjando sus plumas, Demasiadas veces.
    Brillante micro, Eduardo, producto de una mente muy lúcida, y lucida en el arte de narrar.
    Un gran abrazo, Amigo.

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  21. Eduardo Martín Zurita17/2/18 15:41

    Hola, Georges.
    Demasiadas veces, tienes razón, se esponjó, o se impló como hace un búho, búho de vista corta pero no cansada. La involución, el eterno retorno. Algo en lo concerniente al progreso, a mi parecer, es muy poco. Y el escaso progreso suele estar reñido con la calidad de vida. Todos sabemos del hambre, del cambio climático, de la enfermedad, de los sin techo. En lo que una sola persona sea víctima de tamañas lacras, para mí no puede hablarse de progreso. La autoridad tiene que venir de manos de la ética, de la moral y no del imperio de una norma ilegítima pero coactiva. Hay Derecho justo, Derecho injusto y Derecho nulo. Pues eso.
    Gracias por tu brillante comentario y por los elogios al texto, a todas luces inmerecidos, pero que me llenan de dicha y de ganas de seguir escribiendo.
    Un abrazo fuerte, amigo, y muy cálido.

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  22. Querido Eduardo, llámame rara, pero yo veo un lenguaje poético sublime en tu relato. No voy a detenerme en el contenido (ya lo han hecho de forma excelente los compañeros). Me gusta ese "esponjó las plumas", me inspira una sensación de movimiento suave. No sé. Estoy un poco fuera de la realidad, jajaja. Enhorabuena, gran escritor. Y disculpa que me pase tan tarde. Ni te imaginas el lío en el que estoy metida... No estoy comentando a nadie (y lo siento en el alma), pero no podía pasar ni un día más sin comunicarme contigo. Suerte y un abrazo.

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    1. Eduardo Martín Zurita17/2/18 22:14

      Hola, mi más que querida María José.
      Estoy al cabo de tus andanzas, incluidas las radiofónicas, Cuac-Cuac. Ahora bien, si hay algo que desconozca, hazme partícipe: todo lo tuyo, incluidos los líos, o "colientes" de agua, jajaja, es de enorme interés para mí. Por eso te agradezco de verdad tu elogioso comentario. Era la muerte, esa oscura gaviota, y se esponjaba de placer, envanecida porque alguien iba a morir, a lo mejor un inocente o un disidente de los déspotas, el Luisito y compañía. A ver si en lugar de María José, a este paso, vas a tener que llamarte Lía. Ya eres princesa, qué digo, reina de la microliteratura y su más digna valedora. Suerte para ti en todo aquello que te propongas, que oses. Serán "Instantes hallados", como el título de tu magnífico libro. La mereces, la suerte, sobradamente. Un beso inmenso y cálido que vuele hasta A Coruña, hasta tu Galicia del alma, queridísima mía.

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  23. Alguien dijo que cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto. Pues eso, bien por ese condenado que fue capaz de reírse del verdugo y de la propia muerte. No imagino manera más rebelde y digna de morir. Supongo que la gaviota habría pensado "si lo sé no vengo". Muy buen micro, Eduardo. Un abrazo.

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    1. Eduardo martín Zurita18/2/18 11:46

      Hola, Juana.
      Muy buen comentario el tuyo. Lo suscribo de pe a pa. La palabra rebelde me subyuga así como el término dignidad: la persona es un fin en sí misma y no debería servir de medio, de instrumento a nada ni a nadie. Reír es siempre positivo, siempre. Y reírse del poder es muy sano si no te ajustician por ello. Y a la gaviota, que le den, que se vaya por donde ha venido. Desgraciadamente, como dijo Martin Heidegger, somos seres para la muerte, a que nos visite, de una forma u otra, estamos todos condenados desde que somos paridos, pero eso huele a existencialismo y es otra historia. Gracias por tu comentario y un beso grande.

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  24. Tanto el poder como la muerte deberían realizar su labor de una manera aséptica y distanciada, sin esperar y mucho menos ansiar muestras de dolor por parte de las víctimas al infligir sus castigos o sentencias. Me gusta pensar que este condenado era de algún modo inocente y que con su actitud ha frustrado los más o menos ocultos deseos de sus verdugos.
    La ambientación medieval de esta gran historia le da un espectacular efecto visual.
    Enhorabuena, Eduardo, y un fuerte abrazo.

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    1. Eduardo Martín Zurita18/2/18 18:21

      Hola, Enrique.
      Seguro que era inocente el ajusticiado. Y la frustración tanto del aparato administrativo: la autoridad incompetente y despóta, como de la muerte que simboliza la oscura gaviota, creo que están ahí, en el texto, bien entrevistos. He tratado de crear atmósfera y visualidad, seguro. Ya he abusado con creces de los términos abstractos: eso me lo reservo para la poesía. Gracias Enrique, amigo, por tu comentario, y un abrazo muy entrañable.

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  25. Eduardo, nos cuentas con cierta ironía cómo hay que afrontar la vida, incluso ante la mayor adversidad que es la muerte. La risa es el mejor antídoto para el dolor, demostrado por la risoterapia. Seguro que eso acaba matando a los enemigos más que cualquier arma.
    Muy buen micro. Enhorabuena.
    Besos apretados, llenos de poesía, amigo.

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    1. Eduardo Martín Zurita19/2/18 12:21

      Querida, Pilar, maestra, poeta.
      Sí, es como tú dices. la risa es un arma cargada de futuro, jugando con Gabriel Celaya. La risa es una actitud muy seria ante la vida, que es contingente, pudo no ser o ser de otra manera; y tantas veces absurda e inhabitable. Los pensamientos rosas dan pábulo a la positividad, pero percuten contra el poder. Si el mal son los otros , como aseguraba Malraux, imagínatelos con la posibilidad coercitiva en la mano. Pasa lo que pasa. En fin, la vida hasta el fin, porque es la única dura certeza que tenemos. Besos muy entrañables para ti, llenos también de poesía, buena a amiga. Como diría J.J.: "Poesía cada día".

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  26. Me gusta mucho cómo has sabido tratar esta ejecución. La elección de las palabras nos hace ver un tema trágico de otra forma, eso solo se consigue con maestría y dominio del lenguaje. Felicidades, Eduardo, y un abrazo.

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  27. Eduardo Martín Zurita19/2/18 12:37

    Hola, Pepe.
    Gracias por tu comentario en términos tan elogiosos. Hay mucho maestro por aquí, excluyéndome a mí, estoy pensando en uno cuyo nombre empieza por P, no te digo más. Pues sí, ver la tragedia desde el prisma del humor sarcástico y burlón, no de la mera chanza, es quizá el único recurso del sojuzgado. Y eso debe ser puesto en valor: es lo que he intentado con mi humildes renglones. Pero me enaltece tu benevolencia para conmigo y la aprecio muy sinceramente. Un abrazo muy grande para ti, amigo.

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  28. Me parece buenísimo tu texto, Eduardo. Partiendo del título, que ya me parece un relato en sí (nano o como quieras llamarlo) y acabando con las dos frases finales que por separado también son microrrelatos en sí.
    La risa como antídoto a cualquier mal es de lo más efectiva y con tus letras queda claramente demostrado.
    Enhorabuena, un beso.
    Malu.

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  29. Eduardo Martín Zurita19/2/18 20:22

    Hola, Malu.
    Muchas gracias por tu comentario tan elogioso. Eres muy sagaz. No había contemplado la posibilidad de que el texto albergara tres nanorrelatos en sí. No lo había visto. Pero qué narices, tienes toda la razón. Y sí, la risa es un antídoto natural de lo más efectivo contra cualquier especie de mal. Aseguran que, cuando se encuentra uno depre, el simple hecho de esbozar una sonrisa desencadena reacciones positivas en el cuerpo y en la mente. Riamos pues a mandíbula batiente. Sonriamos más a menudo cuando menos.
    Un beso muy grande, guapísima.

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  30. La muerte en los tiempos de la guillotina podía ser lo más oscuro o una liberación del penar de la vida. Tu personaje deja esa sonrisa irónica, dedicada a sus verdugos, que no es otra que la sociedad que le rodea, ávida de ver cabezas cortadas.
    El simil de las ave con la muerte es muy acertado.

    Un abrazo, Eduardo.

    Pablo

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    1. Eduardo Martín Zurita20/2/18 11:13

      Hola, Pablo.
      Tal cual lo expones. No se puede resumir la sustancia del texto con un acierto mayor. La sociedad: esa necesidad y esa condena. Y resulta que, a veces, las cabezas cortadas se mueren de risa. La actitud burlesca contra el nefando uso (abuso) del poder político, esa compulsión coercitiva. Y la muerte siempre ahí: guadaña, gaviota, da igual, su oficio inextinguible, su inmutable razón de ser. Como diría el poeta, a una mujer, más o menos: de qué morirme da lo mismo, pero prefiero morirme de tu boca. Gracias por tu comentario, Pablo. Un abrazo muy entrañable.

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  31. Puestos a morir a manos de bárbaros sanguinarios que imponen sus arbitrarias e interesadas leyes al vulgo, qué mejor que hacerlo amargándoles el espectáculo con una buena carcajada. Felicidades por este micro y su protagonista tan insolente. :) Un beso, Eduardo.

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  32. Eduardo Martín Zurita22/2/18 15:31

    Hola, Matrioska.
    Qué bonito adjetivo "insolente". Muchas Gracias por tu comentario. Y sí, claro, una buena carcajada a tiempo sirve para todo, hasta para aguarles la ceremonia a esos "bárbaros sanguinarios", como tú bien dices. Y a la propia muerte que tanto gustaban (y gustan aún en algunos lugares del planeta) imponer con sus injustos decretos. Un beso muy grande.

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  33. Enrique Caño Amaro25/2/18 21:00

    Formidable, Eduardo. Nadie va a arrebatar los principios al protagonista, ni el miedo ni las amenazas parecen hacerlo retroceder. Vence, incluso, a su propia muerte, trascendiéndola. Siente esas cosquillas en la nuca como una agradable ficción. Sensacional e impactante.
    Un abrazo.

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    1. Eduardo Martín Zutita26/2/18 9:42

      Hola, Enrique.
      Buena síntesis haces del texto, y te lo agradezco de corazón. Me presta alas para seguir escribiendo. Qué bonita palabra "principios", hoy tan devaluados, tan a trasmano. "Reír y nunca retroceder" podría ser un gran lema de vida para cualquiera. Esa agradable ficción de las cosquillas, lo has bordado, Enrique. Gracias, amigo, y un abrazo más que fuerte.

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  34. Hace días que solamente sobrevuelan la costa gaviotas blancas. La oscura gaviota desapareció -entre cincuenta palabras- en un pequeño texto que burlaba a la muerte con una mueca risueña, reivindicando quizá un mundo donde los peces gordos no sacrificaran arbitrariamente a los pececillos de turno.

    Hace días que siento un suave cosquilleo mientras nado y nado...

    Acepte el autor del texto la sincera enhorabuena de este pececillo nadador.

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    1. Eduardo Martín Zurita26/2/18 19:47

      Hola, anónimo.
      Un pececillo que nada y nada de esta manera, no puede contar más que con los parabienes del autor y desde el deseo de que ese suave cosquilleo, perdure y perdure, se prolongue, desoyendo lo que lo perjudique, rebelándose con sobrehumana fuerza, como un valiente contra lo que lo estorbe... Fuera oscuras gaviotas, bienvenidas las blancas como la leche pura, como el alba rubicunda y blonda. El autor acepta de grado, con el mayor gusto del mundo, unas palabras tan bien escritas y plenas de significación. Al autor no le cumple más que enamorarse de los cinco renglones que una persona de acusada sensibilidad ha querido acreditar en tan brillante comentario y exégesis. "Un mundo donde los peces gordos no sacrificaran arbitrariamente a los pececillos de turno". Me quedo con ese mundo, un mundo maravilloso, donde cualquier cosa buena puede suceder. Un mundo milagroso. Un mundo en el que los sentimientos se vuelven colores, donde no se duerme, se sueña. Al autor le ha ocurrido, se encuentra por momentos en ese mundo que abraza en cuerpo y alma, con su todo yo.
      Acepte el autor o la autora del comentario, que tanto me ha cautivado, un abrazo muy sentido o un beso inmenso. O ambos mejor como uno solo.

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    2. La autora del "comentario fabulado" agradece tan gentiles palabras con un abrazo y un beso, ambos inmensos, como el mar.

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