El silencio de las hadas

Mientras mamá se atrincheraba en el piso, la abuela rescató los libros y los cuentos. Luego, me dio su mano firme y nos pusimos a salvo frente al portal. Ella, rendida, esperaba un milagro. Yo, suplicante, invocaba a las hadas. Pero llegó antes la policía con la orden de desahucio.
Escrito por María José Escudero

5 comentarios :

  1. Nunca hay que perder la esperanza, la magia y la ilusión, pero a veces la realidad tozuda entra como una apisonadora para arrasarlo todo y de poco sirve oponerse; ante ella no valen razones, hasta las hadas, los dioses y el sentido común guardan silencio. Al menos, han rescatado libros y cuentos. Hasta en sus peores horas, estas mujeres saben lo que es importante.
    La tristeza del relato se suaviza con la tierna ingenuidad de una niña, a caballo entre el mundo de los adultos y la fantasía.
    Un abrazo, María José

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  2. Maria Galerna9/6/18 22:28

    Tan real y tan triste. Y nada ni nadie puede detenerlos.
    Un saludo, Maria José.

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  3. Una cruda realidad. Un beso.

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  4. Hola, María José. Nos dejas una sensible y, me temo que por desgracia, más que creíble historia. Esperemos que esa "ilusión" que parece mostrar la niña tras tantos cuentos y el amor, en todas sus variantes, consigan que esas hadas (o sus trasuntos humanos y legales), al final, hablen (y actúen). Suerte. Un abrazo.

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  5. A las hadas ya no les dejan ejercer sus poderes como antaño; esta sociedad descreída, practicista e injusta, las maniata y las aparta sin que hallen lugar para su magia.
    Un relato que nos presenta claramente la separación que media entre deseos y realidad. Un abrazo, Mª José.

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