Locus amoenus

Regreso, años después, al lugar en donde fuimos dichosos. Los troncos han curado las heridas de nuestras iniciales. Escucho la melodía del agua que discurre en arroyos límpidos y sé que repite tu nombre con la armonía de los vidrios que gimen lo efímero de tu paso por el mundo.
Escrito por Carmen Cano - Twitter

20 comentarios :

  1. El peso de la ausencia lo idealiza todo Carmen. Lo vivido antes siempre es mejor que lo que está por venir, incluso los espacios continúan idealizados, con esa pátina dulce de la que se cubren los recuerdos. Un precioso micro en el jardín de la nostalgia. Mucha suerte. Besos.

    Favourite day

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    1. Así es, Favourite day. Idealizamos lo perdido, el pasado. De ahí surge la nostalgia, que es etimológicamente el dolor del recuerdo. Y lo proyectamos a los escenarios en donde fuimos felices.
      Muchas gracias y besos.

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  2. Leny Muñoz23/6/18 11:25

    MARAVILLOSO!!! Enhorabuena y suerte.
    Abrazos

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    1. Celebro que te haya gustado, Leny.
      Muchas gracias y abrazos de vuelta.

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  3. Eduardo Martín Zurita23/6/18 14:38

    Hola, Carmen, amiga mía.
    Siempre se produce el retorno a lo que fue querido. Allí, en ese lugar ameno, placentero, se devanan los recuerdos. La nostalgia se agudiza por la ausencia del ser amado, en su fugaz paso por la vida. Todo lo evoca, preservado y a salvo de las represalias del olvido. Se produce la bendita poetización de ese espacio, convirtiéndolo en categoría mental ideal, palpitando con el corazón.
    Es un texto muy grande, muy redondo
    Mi más muy mayor enhorabuena y un beso así de grande.

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    1. El lugar ameno, ese tópico literario en el que se idealiza la naturaleza y el amor. Impregnado por el recuerdo del ser amado, duele su ausencia, su fugaz paso por la vida.
      Tus palabras glosan de modo certero cuanto he querido expresar, Eduardo.
      Mil gracias por tu comentario, amigo. Dos besos enormes para ti.

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  4. Enrique Angulo23/6/18 19:57

    Quizá el locus amoenus sea una nostalgia del paraíso perdido, de ese lugar idílico donde uno imagina que sería dichoso, o imagina que lo fue durante una época de su vida; sea como fuere, tras la expulsión del Edén de nuestros primeros padres –historia inicial del libro que mayor peso ha tenido en Occidente, la Biblia-, caímos en el tiempo, proceso sobre el que Cioran reflexionó en uno de sus libros.
    Ese lugar idealizado e imaginario tiene una larga tradición en la literatura desde la edad clásica –Virgilio, Horacio...- hasta nuestros días, con muchas variantes, por remitirnos a nuestra literatura, cabría citar a Garcilaso de la Vega, o Fray Luis de León, cada uno con una visión distinta de esa vida buena deseada en un lugar retirado del mundo a hasta ajeno al mundo.
    Pero, a la vez, ese locus amoenus, como ocurre en tu historia, puede ser cualquier lugar en el que una persona haya vivido las más intensas emociones, esas que le han acercado lo más posible a lo que pensaba que era la felicidad; aunque luego haya caído en la corriente traidora del tiempo que aleja nuestra barca de la orilla donde fuimos felices y nos adentra en un mar proceloso lleno de peligros.
    Eso es lo que le ocurre a tu personaje, que vuelve a los lugares donde alcanzó la nota más alta de su alma, y mira esos troncos donde grabaron sus iniciales su amada y él. Por cierto, esa imagen me ha recordado estos versos de Antonio Machado: “Esos chopos del río, que acompañan / con el sonido de sus hojas secas / el son del agua, cuando el viento sopla, / tienen sus cortezas / grabadas iniciales que son nombres / de enamorados, cifras que son fechas”.
    También tu personaje, como Machado, inmerso en los recuerdos y la naturaleza, deja que la melancolía le inspire, y eso hace que retornen los recuerdos, y el agradable sonido de esos limpios arroyos que discurren humedeciendo la tierra, los convierte en personajes invisibles que repiten el nombre del amado o de la amada a quien la Parca arrebató tempranamente de este mundo; “temprano madrugó la madrugada”, se queja amargamente Miguel Hernández por la muerte de su amigo Ramón Sijé en la elegía que le escribió.
    Precioso texto de perenne temática, pues, volviendo a Antonio Machado, se canta lo que se pierde, y muchos son quienes en la vida pierden lo que más aman porque se lo arrebata el destino, o las tragedias inmensas que causan con sus odios los seres humanos, y una forma de canalizar ese dolor, de suavizarlo en lo posible es ayudándose con la naturaleza y el arte, como hace tu protagonista.
    Un abrazo fuerte, Carmen.

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    1. ¿Qué decir de tu magnífico comentario, Enrique? Es toda una lección de historia literaria en torno al tópico que da título al micro. Su tradición arranca de los griegos y sus mitos de la Arcadia y la Edad Dorada, continúa en la literatura latina, en las Bucólicas de Virgilio y las Odas de Horacio. En las literaturas románicas lo hará en el Renacimiento, ese regreso o renacer de los clásicos. El máximo exponente es Garcilaso de la Vega. Humildemente, sé que le debo bastante a la lectura de las Églogas. Algo de ellas se ha colado en el texto. Pero tú nos lo acercas a los llamados poetas contemporáneos, a Machado y a Miguel Hernández. Solo tu vasta cultura, y no este micro, llegan tan lejos en asociaciones conceptuales y referencias. De toda aquella edad de oro nada queda. No vivimos siquiera en la de hierro, que diría don Quijote, sino en la de plástico. Pero siempre nos parecerán hermosos los paisajes en donde fuimos felices.
      Mil gracias. Es un placer leerte. Un fuerte abrazo.

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  5. Sabemos que todo es efímero, los primeros, nosotros. Quien ha tenido la suerte de hallar la dicha con otra persona sabe que, antes o después, uno de los dos habrá de partir el primero a ese lugar del que nadie regresa. Al que sobrevive, seguro que en parte a su pesar, a menudo solo le quedan añoranzas y nostalgias, mezcla de pesar por la pérdida y alegría por lo vivido. Igual que una persona deja huella en otra, las vivencias quedan de alguna forma grabadas, no solo en la corteza de los árboles, sino también en los lugares que sirvieron de escenario.
    Los recuerdos y la lírica se unen para crear un relato lleno de una melancólica belleza.
    Un abrazo, Carmen

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    1. Recuerdos de un amor pasado, que quedaron grabados en los árboles y en la memoria. Tendemos a idealizar esos lugares que nos llenaron de dicha y a contemplarlos con nostalgia por lo vivido. Lo difícil es, como bien dices, aceptar que en esta vida todo es transitorio, especialmente duro cuando se trata de nosotros mismos.
      Muchísimas gracias, Ángel, por tu comentario. Un fuerte abrazo.

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  6. Tu pluma lírica se torna viento de ayer y teje una sinfonía de notas en la que los recuerdos se avivan como hojas nuevas en las ramas del alma, para quien todo tiempo es presente. De ahí, que la armonía de vidrios del arroyo sigan diciendo su nombre y haciendo palpable un testimonio que la memoria del alma no ha borrado.
    Tu pulso poético y tu narrar contenido dan vibración a este relato que es un placer leer para nuestro sosiego y deleite.
    Un beso, Carmen, qué bello.

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    1. Es muy poético tu comentario, Manuel. La armonía de vidrios sigue repitiendo el nombre del ser amado. Son elementos sonoros a los que tú les has puesto música. Tu alma de artista se desborda en cada palabra.
      Mil gracias. Te envío un poco de fresco viento y de agua clara para este verano que comienza. Besos.

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  7. Muy lírico, Carmen. Un beso.

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  8. Muy agradecida, Maite. Besos estivales.

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  9. Otra muestra más de tu arte literario, Carmen.
    Un besito.

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  10. Muchas gracias, María Jesús.
    Besos de vuelta.

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  11. Muy bien encastrado ese tópico literario en un relato que transmite con fuerza el lamento por la trampa del ayer en aquellos lugares que fueron lo que ya no serán.
    Consigues domar la poesía, Carmen, cosa nada fácil, enhorabuena.
    Un abrazo.

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    1. El pasado puede ser una trampa de la que no sepamos salir, porque solo existe ya en nuestro recuerdo.
      Muchas gracias, Antonio. Un gran abrazo.

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  12. Pero querida amiga, qué cosas más bonitas escribes y cuanto de verdad hay en ello o, al menos, así me lo parece.
    Con tu relato, hoy he aprendido al menos dos cosas más, luego, ya me puedo acostar tranquilo.
    Hasta mañana y un fuerte abrazo.

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  13. Puedes dormir arrullado por la corriente de las aguas cristalinas, Isidro. Tu paisano Garcilaso pondrá el sonido del río y el fresco viento para aliviar el calor de las noches estivales.
    Mil gracias y un fuerte abrazo.

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