Afán de eternidad

Tuvo siete hijos para que mantuvieran vivo su recuerdo, pero nunca les quiso ni ellos a él. Luego intentó que algo escrito por su mano perdurase. Eso sí lo consiguió. Cuatro palabras de su autoría permanecen labradas en piedra: "Fui una persona excepcional", podría leerse si alguien visitase su nicho.
Escrito por Ángel Saiz Mora

26 comentarios :

  1. Intento a la desesperada. Quizás con ese gesto calmase su conciencia u obtendría la llama de la esperanza como el naúfrago y su mensaje en botella. Allí en el nicho, tiene todo el tiempo del mundo para esperar a que sus letras sean leídas.
    Muy buen relato, Ángel, pero eso no me sorprende porque siempre son muy buenos tus relatos.
    Dos fuertes abrazacos, amigo.

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    1. Somos mortales y lo sabemos, aunque tendemos a no pensarlo mucho, ya llegará. En el caso del personaje, lo que le preocupa es que se le pueda olvidar cuando lo inevitable le llegue. Recordamos a Cervantes, a Napoleón o a Velázquez, pero él no ha hecho nada destacable, pese a su obsesión. Para colmo, ni siquiera ha sido merecedor de que visiten su nicho.
      Gracias por tus lecturas y tus amables palabras, amigo Isidro.
      Ahí van otros dos abrazacos fuertes

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  2. El matiz de una letra: "Fui", pero no "fue". El afán de eternidad trastoca mucho las cabezas y, en estos tiempos de seguidores y favoritos, todavía más.
    Un relato que, como todos los tuyos, impacta y explota dejando una nube de fuegos artificiales.
    Buenas vacaciones y abrazos a montón.

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    1. Esa letra dice mucho, como bien te has dado cuenta. Los esfuerzos de un ego desmesurado por perdurar no garantizan nada, tal vez al contrario, alejan la posibilidad de ser recordado con cariño o admiración.
      Así da gusto escribir, ya te lo digo, aunque para luz y color las de tus letras.
      Buenas vacaciones también para ti y muchos abrazos

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  3. Menudo elemento debía ser este tipo. Seguro que, además, su álbum de fotos estaba lleno de selfies donde lo único importante era su careto. Con esas cuatro palabras nos lo calificas perfectamente. Abrazos, Ángel.

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    1. Alguien que se define de esa manera merece la misma atención que él dedica a los que no son él mismo, es decir, ninguna. Todo un elemento, sí, que nunca conoció el significado de la palabra humildad.
      Muchas gracias, Pepe
      Abrazos

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  4. El afán insano de la fama lleva al individuo a situaciones absurdas o ridículas, como observamos tantas veces en la vida. En esta ocasión, el protagonista comete una vileza, la de vanagloriarse en su epitafio. Y es que, como dice el refrán, la alabanza propia es vituperio.
    Muy buena crítica a las bajezas de la condición humana, Ángel. Un fuerte abrazo.

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    1. Es posible que redactar el propio epitafio fuese un buen ejercicio, en lo que se refiere a definir lo que una persona piensa de sí misma y sus sinceras aspiraciones. No conocía ese refrán y me gusta mucho. Está claro que de las personas interesantes y juiciosas siempre se aprende algo, cosa que te agradezco mucho, igual que tu comentario.
      Un abrazo fuerte, Carmen

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  5. Carmelo Carrascal15/7/18, 13:54

    Qué bien tocado, Ángel, el enternecedor prurito humano de perdurar. Perdurar los mortales, siquiera en el recuerdo de los semejantes, en particular de los más cercanos. Pero es un empeño imposible y hacer porque deje de serlo - como en las dos muestras que tan bien narras - ridículamente rimbombante, patético.

    Acaso tu personaje acierte en la calificación de "excepcional", siempre que se refiera a único, porque lo único siempre es excepción. Pero, por favor, una excepcionalidad exenta de ringorrango.

    Un abrazo!

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    1. Los motivos que llevan a una persona a pintar, esculpir o escribir, pueden ser muchos y seguro que se podrían llenar extensos tratados sobre el tema, pero es fácil pensar que esa inquietud de perdurar debe estar presente. Si esa inquietud tiene como consecuencia una buena creatividad para disfrute de todos, bienvenida sea, el problema es cuando no tiene ningún fruto, salvo un sentimiento narcisista insufrible. Todos somos únicos, pero no es lo mismo unas excepcionalidades que otras, como bien dices.
      Muchas gracias por tu lectura y por tu comentario, Carmelo
      Un abrazo

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  6. Eduardo Martín Zurita15/7/18, 16:59

    Hola, Ángel, amigo, por donde pisas crece la hierba, como en el presente texto, y bien podría crecer también rodeando la tumba de infeliz, tu protagonista fallecido, que eleva el egocentrismo hasta la cúspide. Fue para él mismo excepcional y lo fue pata todos porque ni quiso, a sus hijos nada menos, ni le quisieron. No tenía motivos para sentirse tan pagado de sí mismo. Tú si lo puedes estar al poner sobre el tapete las miserias de la condición humana. Qué lejos el ego, siempre lo repito, de la máxima de Rimbaud: 2Lo mío está alrededor". Ese afán por perpetuarse es mórbido. Con no ser gesta de gusanos, como dijera el poeta, acaso deberíamos conformarnos. "Lo que ha ardido ya nada tiene que temer del tiempo", un verso fabulosos y la mejor publicidad para los tanatorios.
    Mi aplauso máximo a tus renglones y para ti un verano de lo más feliz, con los tuyos, a los que seguro te quieren y les quieres.

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    1. Si hace unos minutos agradecía a Carmen un refrán muy apropiado al caso, que no conocía y me ha gustado mucho, ahora me encuentro con unas máximas poéticas llenas de contenido, que también quiero agradecerte y que merecen recordarse (a ver si se graban en esta cabeza mía). Todos sabemos que el ser humano puede albergar los más nobles sentimientos, como también otros nefandos; dentro de estos últimos se encuentra, sin duda, el exceso de ego, causa de múltiples males y funestas consecuencias, propias y ajenas.
      No solo tengo la suerte de que personas como tú me lean, sino que, después, escriben comentarios de los de no perderse.
      Gracias otra vez, Eduardo. Igualmente te deseo un gran verano, el que tú mereces.

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  7. Los egocéntricos, si son perversos, como parece el caso de tu protagonista, acaban como acaba él, tan solo tan solo que tiene que dedicarse su propia loa en el epitafio, esa frase monumental que describe por sí sola todo un carácter y una personalidad tan poseída de sí que en sí misma se ha agotado.
    Me encantan estos relatos donde la aparente sencillez de su trazado va creando una onda expansiva, no de explosión, sino de círculo concéntrico que te va golpeando en olas sucesivas después de su lectura, y su trasfondo va sugiriendo inacabables niveles de lectura, no solo interesantes, sino apasionantes.
    De los que no sólo se leen, sino de los que se disfruta y se aprende. Un placer, maestro Ángel. Un fuerte abrazo.

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    1. El drama del egocéntrico y la justa consecuencia de su proceder no es otra, como apuntas, que lo contrario de lo que pretende: la fría soledad y el olvido, frente al olor de multitudes buscado con ahínco enfermizo.
      Cada uno tiene un estilo más o menos definido, aunque hay que reconocer que el formato corto, en especial, el límite de cincuenta palabras, mueve más a dirigirse hacia lo concreto, al tiempo que se prescinde del empleo de preciosismos verbales, lo que no quiere decir que no se pueda hacer, hemos visto ejemplos por aquí, sin ir más lejos, de quitarse el sombrero, un gesto que es habitual cuando te leemos a ti.
      Mil gracias, Manuel. Otro abrazo fuerte

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  8. Enrique Angulo16/7/18, 0:11

    “El placer quiere eternidad de todas las cosas, ¡quiere profunda, profunda eternidad!” Dice el Zaratustra de Nietzsche, quien, a mi entender, tuvo que inventarse aquello de “el eterno retorno de lo idéntico” después de haber matado a Dios, y por tanto, toda trascendencia para después de esta vida terrenal.
    Esa idea del filósofo alemán enlaza, en parte, con aquella de Kierkegaard de la repetición, sólo que el filósofo danés sí que veía necesario el concurso de Dios para que, como a Job, nos devolviese todo lo que, irremisiblemente, hemos perdido a lo largo de nuestra vida.
    En definitiva, que tu microcuento toca el tema de los temas, el que ha llenado la Tierra de pagodas, mezquitas, catedrales, basílicas, templos, etcétera. Pues pensar en nuestra desaparición definitiva y eterna provoca un cortocircuito en nuestras mentes.
    El personaje de tu microcuento se nos aparece como un individuo inconsecuente, egoísta y ridículo, que tiene hijos sólo pensando en su propia continuidad, pero no los ama, con lo cual, ellos le devuelven la pelota –y esta frase hecha no sé si se la debo al Mundial de Fútbol-, que piensa que puede lograr esa eternidad que anhela escribiendo y que, finalmente, expone toda su necedad a la mofa de la gente en la frase que hace grabar en su nicho.
    Pero el que el personaje de tu microcuento sea un tanto grotesco, no es óbice para que la idea que plantea tu historia quede flotando en el aire y nos encare exigiéndonos una respuesta, pues ese es un problema que ninguno podemos eludir, un problema ante el que hemos inventado cientos de ‘soluciones’, al parecer, fallidas, o fallidas para la mayoría de los humanos, pues seguimos con las mismas dudas o más –en siglos pasados la fe ciega tenía mucho más poder- que nuestros antepasados.
    Saramago, en su novela Las intermitencias de la muerte, se planteaba qué ocurriría si la muerte dejase de matar, y lo que en un principio parece maravilloso, acaba convirtiéndose en una pesadilla; lo cual resulta ser una cruel paradoja, pues nadie, en la plenitud de sus facultades, en su sano juicio y disfrutando de la vida puede desear la muerte, la muerte, sólo se puede desear, cuando eres un pingajo moribundo y doliente.
    Así me quedo yo también, en ese laberinto del que no sé cómo salir después de haber leído tu microcuento. Enhorabuena, Ángel, pues sueles ir a lo esencial y de una forma aparentemente sencilla, lo que, a mi entender, tiene más mérito.
    Un abrazo veraniego, te deseo lo mejor para estos días caniculares.

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    1. En los comentarios anteriores, que agradezco mucho, al igual que el tuyo, me he fijado en especial en las citas y refranes que parecen haber suscitado estas cincuenta palabras, algo que me llena de satisfacción. Te mentiría si no dijese que esperaba también tu aportación (me has acostumbrado mal), convencido de que sería enriquecedora a más no poder, como así ha sido.
      Como bien has señalado, en el fondo de este pequeño relato y, si me apuras, de la mayor parte del proceder humano, late esa seguridad de saber que somos perecederos, una certeza que convive con el temor a que todo termine. Religiones y filosofías tratan de dar respuesta y solución a esa inquietud, o, al menos, hacerla más llevadera. También señalas, con muy buen criterio, que parece una tarea fallida, porque seguimos con la misma preocupación, muchas veces enmascarada en pensar en otra cosa, muy propio de estos tiempos, poco dados a la trascendencia, como si algo de lo que nadie puede librarse pudiera, por falta de atención, ser eludido.
      El grotesco protagonista de estas cincuenta palabras consagró su existencia a dejar su huella, a que no se dejara de hablar de él, cosa que no consigue ni por asomo. Un epitafio en el que se sobrevalora a sí mismo quedará en el olvido, como tantos, en la paz melancólica de un cementerio tal vez oculto tras el musgo.
      Vuelvo a agradecerte hasta el infinito tu lectura y las reflexiones que has querido compartir no solo conmigo, sino con cualquiera que desee leerlas, algo que merece y mucho la pena hacer.
      También te deseo el mejor de los veranos posible. Te imagino igual que el resto del año, leyendo cuanto puedes y las horas te dan de sí. Por mi parte y por más que lo intento, el tiempo no me llega ni a una parte infinitesimal de las lecturas que me gustaría abordar, esta vida que se escurre entre los dedos tiene sus límites y no queda otra que aceptarlos.
      Un abrazo fuerte, Enrique

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  9. Además de un egoísta y un vanidoso, tu personaje era un frustrado. Intentó perpetuarse a través de los hijos y no consiguió manipularlos, obteniendo su olvido. Seguramente escribir y ser leído fue su afición secreta, y al no verla realizada ideó el epitafio más soberbio y pretencioso para su tumba, y cómo el destino es el destino ni muerto le prestaron atención.
    Perfecto, como siempre, Ángel.
    Saludos cordiales.

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    1. Dicen que la vida termina poniendo a cada uno en su sitio, sin embargo, a menudo comprobamos que muchas personas tienen celebridad y beneficios sin merecerlos. Al menos, este personaje siempre obtuvo lo que merecía, que era nada, el olvido, cuando no, el rechazo.
      Muchas gracias, María Jesús.
      Saludos veraniegos

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  10. Irreverente inadaptado17/7/18, 19:29

    El protagonista como mínimo se ha garantizado el recuerdo de sus siete hijos, probablemente no el tipo de recuerdo que él hubiese deseado, pero recuerdo al fin. Cantidad de personajes son recordados y no precisamente por sus buenas acciones, la historia de Roma está llena de ellos Calígula, Nerón, Herodes... (Conste que me voy a Roma por no nombrar a otros mas cercanos en el tiempo).
    De todas formas la eternidad es una quimera estoy mas de acuerdo con la frase "La muerte está tan segura de ganar, que de ventaja te da una vida"
    Felicidades y gracias por tu relato.

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    1. Es mejor pecar de prudencia al criticar, los buenos ejemplos que has citado no pueden enfadarse por esa fama con la que se les recuerda.
      Definitivamente, vuestros comentarios, que agradezco mucho, me han enriquecido con frases de las que perduran, más allá de que todo sea efímero. La que tú aportas es para enmarcar.
      Soy yo quien debo darte las gracias a ti por tu lectura y tus palabras.
      Un saludo

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  11. Si no supo amar a sus hijos, si no merecía ser querido, la eternidad ya se le ha escapado. No importa los méritos que tenga o crea tener. Un gran relato que nos hace reflexionar sobre el ego y la importancia de los sentimientos. Un caluroso abrazo de verano, Ángel.

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    1. Al final (y al principio) lo importante son los afectos que somos capaces de crear, así es como nos recordarán, lo demás solo son detalles. Deberíamos, de vez en cuando, recordar que solo somos un punto infinitesimal en el universo, así veríamos que no hay nada más absurdo que el ego, pero se nos olvida pronto y volvemos a nuestro mundillo, que creemos enorme y único.
      Muchas gracias, Salvador.
      Otro abrazo de verano para ti

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  12. Es evidente que los planteamientos de existencia de esta persona son erróneos, y el caso es que seguramente comparta conmigo parte de su idea sobre la eternidad (la mía estaría resumida en la imagen de esa superficie de amapolas que año tras año aparece en el mismo sitio del prado). Porque aunque acierte en que su permanencia aquí consista en el recuerdo que puedan tener de él sus descendientes, seguramente no le merezca la pena pervivir de ese modo, en vista del tipo de huella que va a dejar en sus mentes y en sus corazones. Ese “Fui” que ha destacado Patricia resulta tan patético como contraproducente para sus deseos, además de ilustrar perfectamente esa absurda costumbre (de la que quizá nadie se libre) de intentar describirnos a nosotros mismos, cuando ya lo hemos hecho día a día con nuestros actos.
    Grande, profundo e intenso relato, Ángel.
    Enhorabuena y un fuerte abrazo.

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    1. Ese afán de eternidad ha hecho al hombre como es en buena medida. La consciencia de saber que tiene fecha de caducidad condiciona sus actos, aunque sea de forma inconsciente. No obstante, la obsesión con este tema solo consigue, como en el caso del relato, lograr el efecto contrario. Creencias aparte, aquella frase bíblica de "por sus obras los conoceréis" es muy cierta y enlaza a la perfección con lo que tan bien has apuntado.
      De verdad que este comentario, que te agradezco infinito, como el resto, hacen pensar y reflexionar sobre la existencia misma y el modo de proceder básico asociado a ella, no es poco en estos tiempos de pocas trascendencias.
      Mil gracias, Enrique
      Un abrazo fuerte

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  13. Josep Maria Arnau22/7/18, 19:52

    Me gusta tu relato sobre la soledad, Ángel. La soledad más allá de la muerte, ganada a pulso durante toda una vida. Imposible acompañar a alguien que devora todo el oxígeno disponible. Un saludo.

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    1. Las obsesiones no conducen a nada bueno, a veces, no logran sino el efecto contrario. Antes o después se termina por recoger aquello que se siembra; aunque suene muy bíblico, es un hecho que suele cumplirse.
      Gracias por tu lectura y tu comentario, Josep
      Un saludo

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