La fuerza de la teología

León estuvo tres horas hablándole del dogma de la maternidad divina. Le dijo que la Virgen María es la verdadera Madre de Dios, pues parió según la carne al Verbo de Dios hecho carne. Cuando iba a comenzar a explicarle el dogma la santísima trinidad, Atila decidió regresar a Panonia.
Escrito por Plácido Romero - Twitter

2 comentarios :

  1. Gracias a tu relato me he documentado un poco sobre el episodio en el que el papa León I convence a Atila, nada menos que apodado "el azote de Dios", de no conquistar Roma, por lo que éste regresa a su tierra natal. Parece que no está muy claro cómo le convenció. He leído que pudo ofrecer una cantidad de dinero por ello, otra versión es que las tropas de Atila estaban cansadas y había problemas de liderazgo en su tierra y por eso regresó. Un misterio como el de la Santísima Trinidad es algo muy complejo para cualquiera, más aún para alguien a quien se consideraba un bárbaro. De una forma o de otra, el papa dio con la estrategia adecuada para detener el ataque.
    Un relato que, al menos en mi caso, ha estimulado mi curiosidad y me ha enseñado algo.
    Un saludo, Plácido

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  2. Enrique Angulo21/7/18 12:27

    Decía Borges que la teología es una rama de la literatura fantástica y, desde luego, no sé si en otros planetas de otros sistemas cualesquiera, como dice Pessoa, a través de su heterónimo Álvaro de Campos, en su poema Tabaquería, existirá algún ser equiparable con nosotros en lo que a inventar fantasías se refiere, pues tanto en la literatura, la religión, la política y otros muchos aspectos de la vida humana somos creadores natos de historias que van desde lo más sugestivo hasta lo más delirante, haciendo escalas en lo ridículo y en lo infame, y lo peor es que por esas invenciones nuestras lo sacrificamos todo y derramamos mares de sangre; lo cual me lleva a pensar que debemos de ser uno de los seres más extraños que puedan darse en este universo y quizá en cualquiera de los universos posibles, sean para lelos o para inteligentes.
    Sitúas tu historia en las postrimerías del Imperio Romano de Occidente, y nos cuentas cómo el papa León I el Magno consiguió convencer a Atila para que no marchase sobre Roma y para que firmase un tratado de paz.
    La forma en cómo consiguió convencerlo, aparte del pertinente pago de un tributo, bien podría haber sido como tú lo cuentas. Atacar esa cabeza simple y llena de fiereza con las sutilizas de la teología es probable que desarmara al temible caudillo de los hunos, el cual decidiese que lo mejor era volver a las llanuras de Panonia para que el viento despejase su mente de aquel enjambre de conceptos incomprensibles.
    Original e irónico –facultad de las personas que saca de quicio a los fanáticos- tu microcuento, Plácido.
    Un abrazo.

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