En defensa propia

Había descartado el suicidio por resultar poco verosímil en un villano. Dudaba, pues, entre un fatídico accidente o un ajuste de cuentas.

El antihéroe saltó del último capítulo para apresar con sus garras el cuello de su verdadero enemigo. Volvió a la historia, acabó el manuscrito y le puso título.
Escrito por Carmen Cano - Twitter

14 comentarios :

  1. Un ejemplo claro de que la literatura no tiene límites, permite que un personaje tenga vida propia y hasta que termine con la de su creador, sustituyéndole. Gran recurso el de la llamada metaficción. En todo caso, a tu protagonista no se le puede achacar nada, pues no hizo sino defenderse del peor desenlace que estaban diseñando contra él; de paso, quién sabe si no habrá comenzado con ello una prometedora carrera como hacedor de historias.
    Original argumento y muy bien desarrollado.
    Un abrazo grande, Carmen

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    1. El personaje se rebela contra su autor en cuanto adivina sus intenciones. No está dispuesto a morir y traspasa la frontera de la ficción para vengarse en el mundo real. Lo que ocurre es que ahora le ha entrado el gusanillo creador. Y parece que sabe defenderse también en este terreno. ¿Lo salvará la literatura de su villanía?
      Muchas gracias por tus palabras, Ángel. Un fuerte abrazo y feliz verano.

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  2. Eduardo Martín Zurita22/7/18 13:25

    Hola, Carmen.
    La legítima defensa es una circunstancia eximente de responsabilidad, en tu texto es al antihéroe a quien debe aplicarse toda vez que la utiliza contra el escritor del manuscrito, que diseñaba para el antihéroe en cuestión un final nada apetecible, entre fatídico accidente o ajuste de cuentas. El villano toma las riendas de la peripecia y da término a la historia, que titula como la eximente.
    Un gran ejercicio el tuyo, como dice Ángel, de metaficción, perfectamente armado. El personaje adquiere vida propia y ejerce de literato y trama su propia defensa y escape de esas coyunturas que se le venían encima de la mano del escritor originario.
    Me gusta mucho tu propuesta que saludo con los máximos vítores y aplausos.
    Un beso grande, amuga, y feliz verano.






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    1. El antihéroe es siempre un personaje experimentado en las dificultades de la vida. No va a dejarse atrapar tan fácilmente. La metaliteratura le permite enfrentarse a su autor y acabar con él antes de que escriba su muerte. A partir de ahí se crece e imita a su creador suplantando su oficio con un final y un título mucho más favorables a sus intereses.
      Gracias por tu comentario, Eduardo. Recibe un abrazo enorme y disfruta del verano.

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  3. Estar dentro y fuera al mismo tiempo es un difícil juego de equilibrio que, probablemente, sólo pueda acometerse desde los parámetros de la ficción. El desdoblamiento puede producirse en ese terreno inestable en que personalidad del autor y personaje se confunden. Son límites indefinidos y bien abonados para la creación literario. Como muestra, éste, tu relato que un interesante giro, casi en una pirueta imposible, hace que el personaje juegue sus bazas a uno y otro lado del espejo. Leer para creer. Desde luego, con tus letras, uno está siempre predispuesto a la aventura.
    Un verano disfrutón y fructífero te deseo. Esto con un beso grande que te envío.

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    1. Estar en los dos lados del hecho literario, borrar las fronteras entre ficción y realidad es un juego sorprendente que siempre me ha encantado. Lo que tiene escribir en 50 palabras es que un día pruebas con algo que te ronda la cabeza, con la confianza de estar en familia... Y, si sale con barba, San Antón. Y, si no, te lo sabrán perdonar. De modo que este micro es un experimento que me apetecía desde hace mucho y no sabía cómo hincarle el diente.
      Me alegra que te hayas sumado a esta aventura, Manuel.
      Otro beso para ti y un feliz verano.

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  4. El personaje toma las riendas de la historia empuñando el arma más mortífera, la pluma. Gran relato, Carmen. Un caluroso abrazo de verano.

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    1. Por muy villano que fuera, ha demostrado que sabe utilizar, para su propio interés, el arma poderosa de la palabra hecha literatura.
      Muchas gracias, Salvador. Gran abrazo estival.

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  5. Enrique Angulo22/7/18 19:47

    ¿Tienen los personajes de los cuentos y de las novelas el derecho a defenderse de sus creadores? Desde luego, es una pregunta inquietante y no sólo un juego de la imaginación.
    Así que, como tantísimas otras cuestiones, esta también ha sido tratada por la literatura, ese juego de espejos donde descubrimos atónitos que quizá sólo seamos el personaje de un autor que está escribiendo nuestra vida; lo cual, como ocurre en tu microcuento, puede hacer que nos rebelemos y, como un nuevo Edipo, nos pongamos a investigar sobre la verdad de nuestra vida, algo que podría llevarnos al desastre, como le sucedió al rey de Tebas.
    Eso es lo que hace, con mucho más tino, el protagonista de tu microcuento, que intenta liberarse del autor que maneja los hilos de su vida y decide su destino; y, para ello, salta desde las páginas del manuscrito y acaba con quien considera su enemigo. Conseguido eso, y dueño ya de su porvenir y de su relato, decirle ponerle a su historia el título que a él le parece el más adecuado y no el que deseaba quien estaba escribiéndola.
    Esas posibilidades de la identidad del yo, de la separación entre el personaje y el autor, de la imposibilidad de definir las fronteras entre la realidad y la ficción, a mi entender, están ya apuntadas y latentes en el Quijote, con el juego de los autores del manuscrito, con las noticias que los personajes reciben del mundo exterior, con la inclusión en la novela de Álvaro de Tarfe, personaje inventado por Avellaneda en su Quijote apócrifo.
    Unamuno, es su novela Niebla, trató de lleno este problema, en la que el personaje principal del libro, Augusto Pérez, llega a decirle a Unamuno –que aparece en el libro como un personaje más- que es mucho más real él, su pretendido autor, pues mientras que Unamuno morirá, él, Augusto Pérez, seguirá viviendo en la mente de cada lector que lea el libro, aparte de que Unamuno también podría ser el personaje de alguien que escribe su historia.
    También Pirandello indagó en ese mundo impreciso de personajes y autor en su obra teatral Seis personajes en busca de autor.
    Así que, finalmente, tras haberme paseado por ese laberinto no sé si cretense, o de la película El resplandor, en el que Jack Nicholson muere congelado, me siento como Chuang Tzu, el cual soñó que era una mariposa, y al despertar, ignoraba si había soñado que era una mariposa, o si era una mariposa que estaba soñando que era Tzu. Y sólo me queda parafrasear a Sócrates: “Sólo sé que no soy nada”.
    A estas perplejidades nos lleva la literatura, como le ocurrió a Balzac que, en su agonía, pedía ser atendido por uno de sus personajes, el médico rural Benassis.
    Excelente tu microcuento que dirige sus dardos a una diana escurridiza y, a veces, ilusoria, a ese ejercicio de mirarnos en un espejo y preguntarnos: ¿Quién es ese?.
    Así que procuremos mantener a raya a nuestros personajes, cierto es que en los microcuentos no se les da muchas oportunidades para pensar y actuar.
    Un abrazo y feliz verano.

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    1. El tema de las fronteras entre ficción y realidad es realmente apasionante. Las obras que has ido analizando no pueden estar mejor escogidas como ejemplo de su fragilidad. Y nos obligan a plantearnos nuestra propia condición de personajes manejados por un demiurgo. Desde Edipo Rey, cuyo descubrimiento de su propia identidad lo aboca a la tragedia, pasando por El Quijote, siempre jugando a borrar los límites entre la ficción y la realidad, hasta los espejos borgianos y sus desdoblamiento, bien podemos confundir lo que soñamos con lo que quizá somos, como el sabio chino y la mariposa. A Unamuno le sale rebelde el protagonista, lo visita en su despacho y le hace plantearse su propia existencia. A partir de ese momento le cambia el nombre al género. Ya no será novela sino nivola. En suma, aunque pueda parecer trágico, es un juego literario muy interesante que siempre me ha fascinado. Cervantes es quien supo tratarlo en profundidad sin restarle el humor, creando escenas disparatadas e inolvidables.
      Yo sólo he querido divertirme con este villano aficionado a la escritura por las circunstancias.
      Muchísimas gracias por tu estupendo comentario. Otro abrazo de vuelta y feliz verano.

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  6. Carmelo Carrascal22/7/18 21:47

    Inquietante relato que da qué pensar.

    En la medida en que los personajes (más autónomos y de reacciones más imprevisibles de lo que se supone) pertenecen a los escritores que se proyectan en ellos, los han "engendrado" y manejados como a títeres, guardan cuentas pendientes con aquéllos (al margen del complejo de Edipo), esto les vuelve peligrosos. Diríamos que lo son sobre todo para aquellos escritores que más proyectan y de personalidad más autoagresora. Acaban siendo, en el sentido literal que apunta el desenlace de tu micro, autolíticos. Todo funciona, al fin, como un sucedáneo, todo lo artístico que se quiera, del suicidio. Intención que probablemente subyace en el personaje que va de escritor. Un poco macabro quizás.

    Un cordial saludo.

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  7. Muy interesante tu versión psicológica del autor con tendencias suicidas que las proyecta en la creación y evolución del personaje. No lo había visto de este modo, pero aportas una nueva lectura que a mí también me inquieta.
    Yo había pensado en un malvado de novela negra al que le espera un desenlace mortal que tranquilice al lector. Pero ahora soy yo la que no me tranquilizo. Ja, ja.
    Me gusta tu interpretación, Carmelo. Un fuerte abrazo.

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  8. Me encanta el tema de la metaficción. Lo has sabido hacer muy bien y te felicito por ello.
    Mancantao!
    Un fuerte abrazo, Carmen. (Este comentario +/- creí haberlo hecho el día de la publicación de tu relato. Hoy no lo he visto. Lo debí soñar o no le dí a Enviar. Me estoy haciendo mayor)

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    1. Muchas gracias, Isidro. El tema del sueño también da mucho de sí. Y que el micro haya entrado en tus pensamientos oníricos es otra vuelta de tuerca. Menos mal que el villano no se ha metido contigo.
      Un fuerte abrazo y feliz verano.

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