La noche de los aullidos

Lo que más me afligió fue su abrazo. Me rompió, creí desfallecer... Sentí el peso frío del tiempo. Pensé en retroceder en mi empeño. Rememore sus palabras siempre envenenadas... No acallaron mis remordimientos. Cuando regresé yacía muerto. La copa de coñac derramada sobre el terciopelo rojo. Quien a hierro mata...
Escrito por Raquel Tevas Cisneros

1 comentario :

  1. Un retorno que amarga. A las palabras letales para el alma, tu protagonista, como medida de defensa, responde con un veneno aún más tajante. Tremenda esta noche de venganza, como terrible tuvo que ser ese personaje cuya presencia dañina merece el peor de los recibimientos, un mal bicho tuvo que ser cuando todo se redujo a un "o él, o yo".
    Un abrazo, Raquel

    ResponderEliminar

Si no tienes cuenta, elige "Nombre/URL" en lugar de "Anónimo". ¡Gracias!