Bruja

El olvido es un trovador con los ojos de una madre. Me alumbró una tierra de conquistadores, sucumbí a un mar maldito por las tormentas y no regresé. ¿Morí? Tal vez no nací. En cualquier caso, llorad por mí, por el hijo que no recogerá las cenizas de su madre.
Escrito por Patricia Richmond - Web

30 comentarios :

  1. Taconeo apretándome la faja a la cintura y me dejo llevar por esa primera frase descomunal que abre la puerta del agrio sino de este relato y ya, de bruces, lanzo un capote a los pies de semejante ser que ni muerta ni nacida ha de volar sobre un tiempo sin principio ni fin.
    Poderosa liturgia la que surge del tempo oscuro de tu pluma. Besos, Patricia.

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    1. Vienes aqui, chico vasco, sin ningún respeto, apretándote la faja... Ni muerta ni nacida he de olvidar tu atrevimiento. Recoge el capote, ponte la chapela y baila el aurresku para mí, para la cincuentista que se quedó en bruja porque sólo consiguió volar sobre una escoba.
      Abracicos, Manuel.

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  2. Me encanta casa frase de este magistral relato.
    La primera es para enmarcar. Nadie habrá sabido definir el olvido con tanta certeza poética como tú. La última no va a zaga y es que es triste que un hijo no pueda recoger las cenizas de su madre porque no ha nacido. Y el nudo es magistral, con esa tierra de conquistadores y el mar, y esa pregunta echa al aire: "¿Morí?" Me he enamorado de tu Bruja.
    Creas un mundo mágico en el que me encanta meterme. Eres un regalo para esta página. Para mí, tanto con tus relatos como con tus comentarios, la número uno. Nunca cambies, Rich.
    Un beso.
    Pablo

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    1. Chico trovador de la orilla del Guadalquivir, huye del embrujo. Te arrastrará por puentes que cruzan abismos de locura y podrías tropezarte con lo que no está forzosamente dormido ni olvidado. ¿Recuerdas a nuestro amigo Valdemar? Huye, huye de cincuentistas timoratas que no saben que hay puertas que no se deben abrir.
      Y ahora, un Colacao y a la cama.
      Besicos, Pablo.

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  3. Un individuo emprende la aventura de probar fortuna en nuevas tierras y sucumbe en ella. Su madre arde en una hoguera de incomprensión y recelos ignorantes. Dos personajes distintos, únicos, marcados por algo mucho peor que la muerte: el olvido. Lo que no se recuerda es como si no hubiera existido.
    Otra obra que sorprende en cada relectura, fruto de una mente creativa que discurre por sendas distintas a las de la mayoría, que tiene la generosidad de compartir su mundo único.
    Abrazos grandes y abundantes

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    1. Perdón que me entrometa por aquí pero lo pienso muchas veces y lo tengo que decir, con tu permiso, Rich.
      Ángel, no hay nadie que sepa leer como tú. Me quedo pasmado con tus excelentes comentarios, tu clarividencia a la hora de interpretar y dar lustre a los relatos de tus compañeros.
      Eres muy grande, querido Ángel.
      Ya. Todo tuyo, Patri.

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    2. Primero, al chico madrileño. Tu nombre, el talismán con el que te protegió tu madre, nunca caerá en las redes del olvido ni conocerá el dolor de la incertidumbre. ¿Vivimos? ¿Morimos? Tal vez fuimos el polvo de las estrellas de una noche de verano en la mente de un ángel insomne al que le gustaba fabular.
      Besos y abrazos angelicales, con permiso.

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    3. Y ahora, al sevillano. ¿Pero no te he dicho que huyeras? Avisado estabas, mon ami. Condenado quedas a vagar por los cincuenta mares del olvido. Cuentan las crónicas que aquel que consiga sortearlos todos descubrirá el nombre secreto de la luna y será nombrado capitán relatista con mando en podio. Hala, en marcha.

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  4. Tus mundos como dice Ángel son algo más que pasajes sonoros ¡me pueden! ¡me pueden! Me tienes embrujada ¿qué pócima tomaste para escribir este? Ssspp, no lo cuentes ni desveles tu secreto. Me voy a leerlo por quinta vez. Abrazo leonino. Muac.

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    1. ¿Pasajes sonoros? Pues mira, una ópera brujeril sería tremenda. Al fondo el castillo de Trasmoz. Por la ladera bajan las majorettes guiadas por la capitana Aguas, y, cuando las campanas dan las doce de la noche, saludan a las ánimas que habitan el olvido con un baile de paloteado que despierta a las almas en pena... Si es que no nos dan el Goncourt porque nos tienen manía.
      Un beso, Cristina.

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  5. Patricia, tu talento narrador es sin duda magistral, la primera fase de tu relato es maravillosa, pero no se quedan a la zaga los comentarios que has recibido. Solo para leerlos y asimilarlos, me ha llevado media tarde. ¡Vaya nivel se respira por aquí!

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    1. Es el nivel del miedo, amiga. Cuando la bruja sale de la guarida del olvido, hay que contentarla con zarandajas apocalípticas, ¿no lo sabías? Es que si no, se pone muy pesada con lo de su hijo nonato y las desgracias marineras.
      Sal de puntillas, que no te oiga.
      Besicos.

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  6. Carmelo Carrascal11/9/18 19:15

    Sí, el olvido pudiera ser el mimo infinito que la madre memoria despliega amorosamente.

    El olvido, cuando es tan hondo como en el micro tuyo, Patricia, cuando es definitivo y sin retorno, afecta al ser o no ser. Deja en el aire si lo uno o lo otro. Desdramatiza lo suyo.

    Si no me equivoco, abres para todos una vía existencial de consuelo fabulosa, en el doble sentido del término. Así, en tanto que no hay otra que tener que morir, podríamos agarrarnos al olvido de haber nacido, y nada que perder...

    Bruja, dice el título; embrujo, pienso yo.

    Me ha gustado mucho
    Un abrazo!



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    1. Carmelo, Carmelo, no te caerá la breva del mimo del olvido infinito. Este cincuenta es tan malo que se clava en la médula y costará sacárselo de encima. Pasará el tiempo y aún alguien preguntará si fue verdad que me atreví a publicarlo o si solo fue un mal sueño. ¿Lo escribí? ¿O tal vez se lo robé a un alquimista loco? Quizás os tengo a todos prisioneros en la jaula de mi insensatez y os alimento con relatos enrevesados como este, para no estar sola, que se avecina el invierno y anochece pronto.
      Sí, ya sé que es hora de la pastilla, ya voy.
      Besos, Carmelo.

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  7. Enorme. Cincuenta palabras que recrean un estado y una emoción. Este relato es de lo mejor que he leído de ti, y que invita a releer.

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    1. Esa es la trampa... Releer, como posesos, sin principio ni final, olvidando en cada palabra el significado de la anterior. Así he reunido un ejército de espectros con el alma aniquilada. Sólo me falta un capitán intrépido que se atreva a dar la señal y abra la puerta. ¿Seremos capaces de ganar la batalla contra el olvido? La vanidad se quema en hoguera pequeña, pero, si la llama prende, nos espera la gloria de la incertidumbre.
      Gracias, Ricardo. Me ha encantado coincidir contigo hoy.

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  8. Que gozada leer el relato, que manera de escribir, todo aderezado con los comentarios... voy a limpiarme la baba.

    En fin, 50 palabras dignas de un guión de Oscar.

    Un saludo.

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    1. ¿Babas? Sí, son el primer síntoma. Después vendrán los calambres, la fiebre, el insomnio... Pero no temas, en realidad, no estamos aquí, no existimos ni nos espera más recuerdo que el de la risa de una bruja que nos enredó y se quedó tan ancha.
      Saludicos, José Antonio.

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  9. El filo de los horizontes inexplorados a veces también cercena el destino de los fértiles de espíritu, de aquellos que no se quedan para quemar brujas.
    Y si de brujas hablamos, tú eres la mayor de ellas: Bruja, por tu prodigiosa habilidad para escapar de mazmorras de 50 llaves. Bruja, por dejarnos siempre con vértigo al borde de tus cuentos. Pero sobre todo, bruja por ignífuga.
    No sé cómo lo haces, pero tus historias primero arrancan evocaciones que implantan una ráfaga de sensaciones y luego, aunque no siempre, depende de la intensidad de la ráfaga, pasan por el filtro racional.
    A sus pies, hada de brujas.

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    1. ¿Hada de brujas? ¡Mola!!! Ay, qué bonito. Pues tú, Caballero andante de magos. Intento aprender de tus hechizos, pero no me salen más que estos intentos de conjuros de primero de máster regalado. Nunca olvidaré esos acantilados arrodillados que cantaban una nana a un hombre bueno, ni el filo de estos horizontes inexplorados.
      Muchas gracias, Antonio.

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  10. Patri, eres un crack/a.¡Qué modo de escribir!. Algún misterioso espíritu te embrujó con su droga, para ofrecernos estas sublimes micro historias literarias.
    Besito virtual.

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    1. Una cracka... ¡También mola! Más que a mí, creo que os han drogado o abducido a vosotros porque lo que es sublime, sublime, creo que no es este relato. Si acaso, cracka. Me gusta como suena. Cracka, cracka, parezco un grillo asaltando vuestros sueños. Si en tus pesadillas oyes un cracka machacón, no dudes, es la bruja de Cincuenta.
      Gracias, MJ, y besos para ti.

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    2. Patri: Te pongo un cero. Hay que decir, crack y cracka, para que el lenguaje sea correcto. Además lo sublime está en toda tu obra, no sólo en este relato, que al menos es sobresaliente, aunque, según tú, no llegue a la máxima excelencia acostumbrada.
      Cincuenta crack/a, crack/a, con besitos virtuales.

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    3. Ay, ay... no me riñas más, que seré buena, lo prometo.
      (¡Cracka!)

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  11. El olvido consigue que los verbos pierdan sus conjugaciones de futuro, igual que tú consigues que una se asombre con la hermosa historia que has creado con cincuenta palabras.
    Un abrazo admirado.

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    1. Muchas gracias, Paloma. Siempre me ha impresionado mucho el olvido, su acción y efecto. Y es uno de mis temas recurrentes, incluso en mis cincuentas majaretas.
      Abrazo fuerte.

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  12. La distancia, los elementos, el amor y la magia impregnan este genial relato, donde emerge una paradoja del recuerdo. El olvido es la muerte, la muerte engendra al olvido. Enhorabuena, Patricia. Un abrazo.

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    1. Gracias, Salva. El olvido dentro del recuerdo, agazapado para extender su reino y exigir su tributo. Eso es lo que queda, o no...
      Abracicos.

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  13. Eduardo Martín Zurita23/9/18 19:21

    Hola, Patricia.
    Para guardar en la memoria el relato y los comentarios, para ponerlos a salvo de las represalias del olvido, ese fruto del árbol de la vida, o sea, de la muerte. Ese tren estacionado en etéreos hangares. Esa ave ciega con múltiples alas. Acaso el olvido sea la memoria del tiempo. Tiempo para el tiempo seamos. Los no nacidos tiempo quieto. Olvido para el olvido todos.
    Un beso bien grande, hechizado absolutamente por tu texto en tantos sentidos modélico.

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    1. Tiempo roto, añado. ¿Subimos al tren o nos quedamos en el andén esperando a que se nos abra la puerta? Ponte el dedal y empieza a zurcir descosidos, tal vez así podamos conservar la memoria que se nos escapa atraída por el humo del tren que ya se va.
      Hala, a desayunar.
      Abracicos, Eduardo, y gracias.

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