Chantaje a la nurse nueva

"Eres guapa", le dije, y me besó en los mofletes. Pero noté esas manos y le di un buen mordisco. "Voy a merendar. Y me comprarás luego cuarenta tabletas de chocolate. O hablaré con mis padres. Bueno, en principio. ¡Como llegase a enterarse el abuelo!". El abuelo y ella sonreían.
Escrito por Eduardo Martín Zurita

14 comentarios :

  1. Carmelo Carrascal20/10/18 19:33

    Eduardo, muy valiente tu incursión en la médula de la ambigüedad. Presente en las relaciones, incluidas las de afecto, sobre todo entre personas, sexos y edades distintos. En mi opinión, a mayor ambigüedad bien construida, como en tu micro, mayores las posibilidades de interpretación, una de las puertas que abre el cofre de la enjundia. Voy por una de las posibles para mí.

    Vaya, vaya, el niño de tu apretado relato, nos ha salido retorcidillo y bastante manipulador para su edad. Los lectores no sabemos a ciencia cierta dónde exactamente el chaval noto "esas manos" de la nurse. No sabemos por qué se vio obligado (es un decir) a darle a ella "un buen mordisco". En el peor de los supuestos, él como chantajeador que no pierde oportunidades de ejercer como tal, no parece que estuviera por la cosa erótica, sino por chocolates y chuches. Un niño que busca otras dulzuras más inocentes.

    Supongamos que no estoy desbarrando. Sigo. Acaso su inocencia, por atípico que sea, no fuera acompañada de bondad. Porque hay niños malos, esto es sabido. El abuelo y la nurse podrían estar ante uno de ellos. Pero ellos, adultos a fin de cuentas, condescendientes, le restan importancia.

    Un fuerte abrazo!

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  2. Ojoplática me hallo, Eduardo. Me ha recordado a aquella serie de la tele, "Enredo". ¿No estarán compinchados el abuelete y la nurse? Y el niñito, ¿ha salido emprendedor? Ahí lo dejo.
    Un abrazo muy fuerte, Eduardo.

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  3. Este niño calculador sabe que si va a sus padres con el cuento de que la nueva criada le ha faltado al respeto (vamos a decirlo así), puede tener graves problemas, porque no será sometida a un juicio justo, sino a uno sumarísimo, sin posibilidad de que su testimonio sea creído. Conocedor de ello, obtiene de la pobre muchacha cuanto quiere con tal de evitarse problemas, en connivencia con el abuelo, con quien va a compartirlo.
    Así, al menos, interpreto yo tu relato, admitiendo, como bien ha dicho Carmelo, que otros matices son posibles. Estas cincuenta palabra pueden dar para mucho, de ellas parten tantos caminos como imaginación tenga quien las lea.
    Un abrazo fuerte, Eduardo

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  4. Entre un niño demasiado espabilado y una nurse demasiado cariñosa tenemos a un abuelo que también es demasiado... ¿qué? Dejas abierta una ventana de ambigüedad para que los lectores cerremos la historia, diferente según cada uno. Un relato interesante, yo creo del tipo Iceberg que tanto hablan los teóricos. Abrazos, Eduardo.

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  5. Josep Maria Arnau21/10/18 12:21

    Interesante triángulo, Eduardo. Parece que existe algo que se puede mantener oculto (o no) y que el chaval está dispuesto a revelar si no recibe nada a cambio. Me ha gustado tu relato sobre el chantaje. Los niños desde muy pronto nos pueden sorprender por su capacidad de captar situaciones y matices insospechados. Y por su habilidad para retarnos. El final es muy abierto y caben muchas interpretaciones sobre el motivo de fondo (relación entre el chaval y la nurse, entre la nurse y el abuelo…).
    Un saludo.

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  6. Parece que la nurse ha sabido camelarse al abuelo, pero el niño es algo más duro. O la estrategia le ha fallado o el niño no tiene los impulsos primarios que ella suponía.
    Una historia con muchas aristas, de las que dan mucho juego a la hora de las interpretaciones.
    Un buen relato, Eduardo, e interesante. Felicidades.
    Un fuerte abrazo.

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  7. Un niño nada inocente sabe chantajear a la "nurse", amenazándola con sus padres. Tu micro es deliberadamente ambiguo -o así me lo parece. En una primer lectura desea conseguir grandes cantidades de chocolate. En una segunda, más carnal, todo se vuelve escabroso, tratándose de un menor, una joven y un anciano. Me quedo perpleja, pero muy contenta de volverte a leer, Eduardo.
    Un abrazo enorme.

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  8. Qué alegría saber que tu pluma está en forma, que le crecen alas y que sale a volar por esta página para que su cielo siga disfrutando de tu genialidad. Esta vez el bucle es triangular y el conflicto de amor-odio incluye ingredientes aceleradores de ignición como son el chantaje, los celos, la inocencia rebelde y la complicidad adulta que mira crecer con ojos tolerantes la insolencia petulante del joven protagonista. Me temo, querido Eduardo, que de tu pluma ha nacido esta vez un aspirante a tirano.
    Esto y un fuerte, fortísimo abrazo.

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  9. Eduardo veo que tu manera de escribir con máxima calidad no ha menguado en absoluto, mas bien todo lo contrario, espero que todo lo demás también haya mejorado tanto como deseo, que es mucho.
    Para abrir una nueva vía en tu estupendo relato, voy a apostar que el abuelo y la nurse han pactado iniciar al protagonista en la exploración de nuevos caminos, en los que mas temprano que tarde había de iniciarse, y este ha encontrado en ello una manera de hacer negocio. Le auguro un brillante porvenir como negociante, un camino en el que si tiene éxito, no le han de faltar nurses, que vendrán atraídas por el resplandor del vil metal. (Todos conocemos algunos casos)
    Recibe un fortísimo abrazo

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  10. Maria Galerna23/10/18 14:01

    Yo voy por otro lado. El niño cree tener ventaja, si la nurse es nueva, le debe haber salido bien en otras ocasiones el chantaje, pero... hay unos dientes... y ésta vez, el abuelo sí se ha enterado.
    Esta vez, no habrá chocolates y sí quizá, una justa reprimenda.

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    1. ¡Oh!, me dejaba el besibrazo (kisses)

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  11. Enrique Angulo23/10/18 23:47

    La ambigüedad de tu microcuento puede hacernos pensar que los tres personajes que aparecen en él son un tanto sospechosos de actitudes que esconden más de lo que se observa en un primer vistazo. El niño parece ser bastante hábil a la hora de hacer chantaje, y cabe temer de él lo peor para cuando crezca, quizá ahora mismo tenga ya más peligro que una caja de bombas.
    De momento, parece que su fijación es el chocolate, y no se anda por las ramas, pues pide nada más y nada menos que cuarenta tabletas. La amenaza que le hace a la nueva nurse es la de contárselo a sus padres, pero también mete en esa amenaza al abuelo. ¿Y qué va a contar? ¿Lo del beso, lo de esa mano de la nurse que siente no sabemos en qué parte de su cuerpo? ¿Qué sabe ya ese niño de los secretos de Eros? ¿O quizá piensa fantasear e inventarse algo?
    Por otra parte, está la nurse. ¿Por quién y para qué ha sido contratada? ¿Para cuidar al niño, o para cuidar al abuelo, o tal vez a ambos? Lo cierto es que parece que se toma muchas confianzas con el niño, algunas quizá hasta oscuras e inquietantes. Además, entre el abuelo y ella hay algún tipo de relación que parece ir más allá de lo profesional, como dan a entender esas sonrisas cómplices que se intercambian. ¿Qué pasará? No lo sabemos, pero la historia queda abierta para muchas disquisiciones, con un toque buñuelesco que me hace evocar El discreto encanto de la burguesía.
    Un abrazo fuerte, Eduardo.

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  12. Eduardo: Un cuento muy tierno y sensorial, donde siento los mofletes, el sabor a chocolate y la sonrisa de los dos ancianitos.
    Te envío un dulce saludo

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  13. Carmelo Carrascal30/10/18 13:43

    Querido Eduardo, si no interpreto mal las pistas que confusamente me llegan, he de dar consistencia al dolor que sufro por tu ausencia.
    Si fuera así (y ojalá me equivoque!), desde donde quiera que estés, permíteme decirte que ha sido un lujo conocerte a través de este espacio literario, que has transitado como un príncipe por esta vida (y esto tú bien sabes que no es nada fácil), que has sido y sigues siendo muy grande. Que te admiramos y te queremos. Mucho, mucho.

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