Huelga

Hastiado y ofendido, el barbero bigotudo fue el primero en cerrar la boca para no abrirla más. Le siguieron el diputado tartamudo, la viuda presumida y el viejo libidinoso. Estaban hartos de ver cómo se reía de ellos toda la gente por las tonterías que el ventrílocuo les hacía decir.
Escrito por Rafa Olivares - Web

10 comentarios :

  1. Qué buen juego darían estos personajes, la cantidad de historias y situaciones que podrían surgir entre ellos. Por un lado, es una lástima que no quieran actuar; por otro, faltaría más, están en su derecho a tener dignidad. Quizá el ventrílocuo debería cambiar los diálogos de chascarrillo fácil y probar con otra cosa, sus muñecos lo están pidiendo a gritos con la boca cerrada.
    Imaginativo relato, Rafa
    Un abrazo

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    1. ¡Hombre ya!, que ya que dan la cara al menos que puedan influir en el guión. Digo.
      Gracias, Ángel.
      Abrazos.

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  2. ¡Qué grande! Tiene un ritmo vertiginoso, y un final rompedor.

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    1. Romper, romper... le han roto la vida al pobre ventrílocuo que tendrá que buscar otros muñecos a los que manipular.
      Gracias por tu comentario.
      Abrazo.

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  3. Josep Maria Arnau30/10/18 8:59

    Me ha gustado mucho tu microrrelato, Rafa. Muy bien construido y dosificando la información hasta la sorpresa final (palabra 47). Humorístico, pero que sugiere otros significados latentes. Sentirse una marioneta de alguien (o de una situación) puede hastiar y ofender si uno se ve obligado a hacer algo en lo que no cree (o no entiende). La respuesta puede ser drástica y contagiosa.
    Un abrazo.

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    1. Gracias, Josep Maria. Sí, una rebelión animada de personajes supuestamente inanimados.
      Celebro que te haya gustado.
      Abrazos.

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  4. Qué buen uso de la información. Los detalles se van cayendo ahí, poco a poco, y con muchas connotaciones. Muy bueno.
    Saludos.

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  5. Enrique Angulo2/11/18 23:44

    Presentas una historia que, a pesar de su ligereza, puede hacerse extensible a muchas otras circunstancias de la existencia, incluida la más trascendental: la de la relación que podría existir entre un supuesto Creador y sus criaturas.
    De hecho, en el Antiguo Testamento, vemos cómo algunos de sus personajes debaten con el mismísimo Jehová, y hasta se rebelan contra Él, como Job. A partir de ahí, se me ocurren muchas otras situaciones en las que hay una relación de abuso entre el que maneja los hilos y los que son manejados. De hecho, todos nos hemos sentido alguna vez manejados y manipulados por algún ‘ventrílocuo’, y, además, como suele decirse, hemos tenido que tragarnos algún sapo que otro.
    A este respecto, no se pueden olvidar tampoco las presumibles relaciones que puedan presentarse en el futuro con los avances tecnológicos entre nosotros y lo que inventemos y creemos, Mary Shelley ya lo adelantó con el monstruo del doctor Franskentein. Pero también resulta inquietante el robot HAL en la película 2001, o la de los replicantes en Blade runner filosofando como humanos, por poner algunos ejemplos de los más conocidos.
    Aparte de todo esto, que, en mi opinión, estaría en un primer nivel de interpretación, puede considerarse también la circunstancia tan común en la vida del abuso, de la explotación, de que otro se aproveche de los frutos que nosotros hemos recogido, es lo que practica el ventrílocuo con sus muñecos, a los que hace quedar como unos panolis, para que la gente se ría de ellos, mientras él recibe todos los beneficios que le reportan sus actuaciones ante el público.
    Y aún añadiría que esa situación de abuso que tanto se da en la vida, se suele soportar durante mucho tiempo por los abusados hasta que, como suele decirse, la gota colma el vaso, entonces, los muñecos se niegan a hablar o, en los casos extremos, la gente engañada, oprimida y esclavizada estalla y se llega a la violencia extrema.
    Excelente, Rafa, un abrazo, amigo.

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    1. Me encanta el jugo que siempre sacas al analizar cualquier relato. Nos permites descubri matices en los que no habíamos pensado al escribir, simplemente eran inherentes a la combinación de palabras.
      Un lujo, Enrique.
      Gracias y un abrazo.

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