Yoyes

Esta vez no le trajeron el reo al verdugo para que hiciera su trabajo. Fue él quien se acercó a una madre con su hijo de tres años y medio. "¿Tú eres Yoyes?", le preguntó. "Sí", contestó. "Soy un miembro de ETA y vengo a ejecutarte". Tres tiros y desolación.
Escrito por Carmelo Carrascal

7 comentarios :

  1. La violencia, utilizada y justificada como fría e inhumana herramienta, no se detiene ante ninguna consideración, ni siquiera frente a la mirada inocente de un bebé. Cualquier disidencia o discrepancia se considera la peor de las traiciones en un mundo fanatizado.
    Un episodio significativo de una triste historia reciente.
    Un abrazo, Carmelo

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  2. Adopta tu relato el esquema profético de historias y leyendas donde la parca aparece como un ente impersonal que opera en nombre de un destino escrito en el devenir de las personas.
    Fiel a su papel, frío y sin sentimientos, como se supone que debe ser un emisario directo de la muerte, no debemos olvidar que en este caso este verdugo impío es un ser humano, nacido de madre e impelido por la fuerza del fanatismo nacionalista a actuar violentamente ajusticiando a una disidente.
    No hay fuerza del destino en este acto, es imperio del cinismo más vil, del que ve en el adversario político tan solo al enemigo que hay que eliminar para conseguir intereses y objetivo marcados por un relato victimista y nostálgico sobre una supuesta patria perdida o usurpada.
    Seco como un disparo suena el relato.El eco ya, afortunadamente, es pasado.
    Esto y un fuerte abrazo, Carmelo.

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  3. Carmelo Carrascal25/10/18 13:47

    Admirados cincuentistas Ángel y Manuel:

    Muchas gracias por vuestros comentarios y vuestra voz y vuestra presencia y vuestro arrope. Sois personas formidables y como escritores ¿qué decir que todos mis compañer@s no sepan de sobra?

    Yendo al tema. Durante más de 40 años de terror había que callar y tragar; ahora procede olvidar y acatar la consigan no dicha del olvido. El olvido se ha utilizado y seguirá haciéndose desde el poder nacionalista vasco como una manera de blanquear el propio nacionalismo, porque la conexión de lo uno y lo otro estuvo y está ahí. Salvo que esa siniestra conexión vaya diluyéndose en el olvido y la supla el adoctrinamiento pertinaz. Borrar y reescribir allá mismo la versión blanqueadora, edulcorada y justificaciones "humanitarias" correspondientes.

    De acuerdo en que no todos los nacionalistas vasco fueron y son malos. Malos y buenos los hay de todas las ideologías. No todos los nazis se implicaron en los empeños por exterminar en aquellos campos de exterminio... Unos no lo supieron, otros no se dieron por enterados, a otros les venció el miedo, el oportunismo, lo que sea.
    Pero se suele descalificar al nazismo y al comunismo, sobre todo estalinista de los gulags, etcétera.

    Donde hay fanatismo, totalitarismo y desprecio por los demás, como en la mente de los asesinos del personaje de este micro, los resultados no pueden ser buenos. ¿Por qué, para qué olvidarlo? ¿Por qué embellecer, idealizar y ensalzar lo que ha demostrado ser repulsivo?

    Máxime si los mismos que torturaron, tirotearon, secuestraron, amenazaron... se arrogan ahora el papel de "pacificadores". Lo suyo sigue siendo demasiado y demasiado parecida la arrogancia. Es la vileza de los "emisarios directos de la muerte". Es la amenaza todavía candente del "fanatismo nacionalista". Y ahora es la amenaza del relato y sus efectos en la gente.

    Pero el relato, microrrelato (por su dimensión y porque fueron miles los machacados), se interna a su pesar en la ficción, dado que aquello que sucedió y las mentiras que nos prometen pertenecen más a ella que a lo que cabe pensar que pudo ser y encaja en lo real.

    Bien, amigos, no deseo alargarme demasiado, pero antes de dejarlo, os mando un muy fuerte abrazo!



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  4. Enrique Angulo25/10/18 18:54

    El episodio que recreas, sobre el que se hizo una película, es de esos penetran en el corazón como un fino estilete, pues no llegas a comprender esa frialdad interestelar con la que algunas personas deciden acabar con la vida de otras, cual si ellos fuesen dioses y el resto de los mortales repugnantes insectos, tal y como los nazis consideraban a los judíos y a otras razas que ellos llamaban inferiores, y a los marginados sociales y a los enfermos.
    Así, desde su trono de seres todopoderosos, juzgan quién es un traidor, quién es un enemigo, quién no debe seguir respirando en este mundo, y envían a algún sicario o sicarios para que le quiten o les quiten la vida, a veces de la forma más brutal e inhumana.
    Se justifique de la forma que se justifique, y nunca faltan justificaciones para hacer pasar por justos y necesarios los peores crímenes, esos actos son de una bajeza tal que semejantes individuos deberían ser exiliados al último confín del universo, pues representan lo peor de nuestra especie. Ya lo decía Chateaubriand: “No conozco nada más servil, más despreciable, más cobarde y más obtuso que un terrorista”.
    Pues a todo ello hay que añadir que consideran su causa tan trascendental, tan única, que no les importa sacrificar a ella a cualquier inocente, en definitiva, aplican aquello del pecado original y, según sus pútridas ideologías, todo el mundo es culpable por el mero hecho de existir y no apoyarlos.
    Así que, como en el caso de ETA, no sólo matan a quienes consideran sus enemigos, a alguien que, según ellos, los ha traicionado –Yoyes-, también matan a niños por ser hijos de guardias civiles, o a cualquiera –sea niño, mujer, anciano, o ciudadano de a pie- que tuvo la mala suerte de estar allí donde ellos pusieron una bomba: Hipercor.
    Que sobre eso se pretenda llevar a un país, o a un hipotético país, a la libertad y a una especie de maravillosa utopía es de lo más delirante que puede nacer en un cerebro. Pues los terroristas de ETA jugaron con fuego durante años, y podían haber arrastrado a todo el país a una confrontación de catastróficas consecuencias, una de las razones del golpe del 23F fue el terrorismo etarra, el cual, de haber triunfado, habría supuesto un retroceso pavoroso en el desarrollo de España, y quizá muchos muertos.
    Cuando estaba en San Sebastián, en uno de los bares a los que íbamos, había un camarero que era simpatizante de ETA, y su ideal para el País Vasco era que fuese como Albania. Puede sonar a chiste, pero es cierto.
    En fin, hay una combinación de estupidez y maldad en los seres humanos que da unos frutos hediondos y terroríficos, te das un paseo por la historia de cualquier época o país y acabas hecho un trapo, es como si estuviésemos programados para fracasar.
    Así que esta lacra, que hemos sufrido durante años en nuestro país, sólo es una más de las expresiones de nuestra cerrilidad y nuestro odio, ante lo cual, no queda más que intentar colocarse en el lado positivo de la balanza y luchar para que las fuerzas del mal, que siempre son enormes y poderosas, no acaben venciendo.
    Un abrazo, Carmelo.

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    1. Carmelo Carrascal25/10/18 19:44

      Enrique, sigues tan "sembrao" como de costumbre, tus reflexiones no tienen desperdicio. Espigo en tu brillante comentario (hoy he merendado entrecomillados en vinagre, es un aviso): Fino estilete. Frialdad interestelar. Cual si ellos fueran dioses. Como si fueran seres entronizados o jueces. Sicarios (Qué bien traído!). Combinación de estupidez y maldad...
      Y la certera recomendación: Luchar para para que las fuerzas del mal, que siempre son enormes y poderosas, no acaben venciendo.

      ...Pues mira, Enrique, no se les exilia, ni se les exige oficialmente que colaboren para que la justicia pueda actuar en más de 300 casos pendientes, sino que se les hacen recibimientos en la calle al salir de la cárcel, se sale multitudinariamente a la calle para que salgan de la cárcel, algunos han sido nombrados concejales y altos cargos de las instituciones vascas sufragadas con los impuestos de todos los vascos, incluidas las víctimas directas, por supuesto las indirectas... Pues bien, dejémoslo ahí para no ser acusado de crispar, ejem.

      Como bien apuntas, Enrique, son muchos los hechos espantosos, además del que en este micro se recoge. En mi opinión, habrían de ser contados de una manera, digamos, febril. Pero la contención del escritor denunciante le hace tomar un cierto distanciamiento, que en absoluto es falta de empatía y solidaridad, cierta sequedad a la que con perspicacia aludía Manuel. Pero lo hace en la esperanza de que sean los lectores los que pongan toda la pasión que consideren procedente al caso; una pasión acorde al asunto que nos ocupa, esto es, al espanto de lo que entonces sucedió.

      Un fuerte abrazo!

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  5. Con cruel realidad has descrito uno de los episodios más terrible de la historia reciente. El terror no perdona.
    Saludos y suerte.

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    1. Carmelo Carrascal25/10/18 19:53

      María Jesús, cuando la crueldad campa a sus anchas obliga a callar y someterse. La persona asesinada del micro habló y apostó por la libertad: y eso fue y es imperdonable para los malos de esta historia.

      Gracias por tu comentario.
      Un cordial saludo.

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