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La belleza de lo cotidiano

Venían enfadadas de clase de maquillaje, todas con el mismo tono de labios. ¡Qué campo de amapolas agitado por el viento! El profesor habló. Inmensas mariposas azules y negras revolotearon hasta posarse una a una. Sigiloso, pudo acariciarles el alma en aquella burbuja mágica que explotó al sonar el timbre.
Escrito por Emilia Tuc

Escena poco romántica

Me senté a su lado y en el océano de letras que tenía delante me pareció leer: "La quiero... es tan dulce... es la mujer más hermosa del mundo". Soplé... soplé sin levantar la mirada, para formar más frases y me dijo: "Encanto, ya está fría. Muy buena la sopa".
Escrito por Emilia Tuc

La decisión

Aquella casa estaba muerta. La ventana de la tristeza escupía su vaho pegajoso en las noches frías. El sol entraba durante el día por la ventana de la nada y nada iluminaba. La de la alegría tenía pintadas irrisorias sobre el amor. Eso sí, las vistas eran maravillosas. Estaba claro...
Escrito por Emilia Tuc

En la puerta del cole

Érase una vez un alma encarcelada en un cuerpo roto, atado a la vida a través de su madre. Ella lo estrechaba con dulzura y entre balbuceos, le veía asomar una sonrisa plena, complacida. Esos ojos que abarcaban el mundo sin sujetarse a nada sabían descifrar el código del amor.
Escrito por Emilia Tuc

El adiós

Cómo roncaba la abuela. Ella, entretenida, cogía su mano mientras paseaba la mirada entre las luces y sombras que dibujaban los camiones en el techo, uno tras otro.

Y la vida pasó.

En el hospital, los recuerdos se condensaron fulminantes en sus ojos. Premeditadamente besó su mano y se durmió.
Escrito por Emilia Tuc

La maleta

Habían quedado. No apareció. Era la última vez que preparaba una maleta de besos para ir a ninguna parte. La guardó, intacta, en el lugar del alma donde se cosen las penas. Se colgó con parsimonia una sonrisa, como si hubiese quedado con él, escondiendo el mar en su maleta.
Escrito por Emilia Tuc