Es él
Siempre tan alejado de todos, y eso le gustaba de él. Desesperada por escucharlo hablar, se acercó preguntándole la hora.
—No enseñes tu reloj, contéstame. ¡Por Dios! —respondió ella cuando mostró su Nivada.
—Las diez con diez.
Se quedó paralizada. Era el hombre que le susurraba cada noche. Cayó desmayada.
—No enseñes tu reloj, contéstame. ¡Por Dios! —respondió ella cuando mostró su Nivada.
—Las diez con diez.
Se quedó paralizada. Era el hombre que le susurraba cada noche. Cayó desmayada.