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Humanidad

Cuando aprobaron la pena de muerte contra el maltrato animal, hubo manifestaciones en diversos lugares del país. En algunas ciudades la policía antimotines recurrió a choques eléctricos para dispersar a la multitud.

Los mayores disturbios ocurrieron en la plaza del Bolívar Desnudo. Cientos de animalistas lo querían bajar del caballo.
Escrito por Pedro Elías Martínez - Web

Reencuentro

Poco había cambiado el mobiliario en cincuenta años. Escogieron esta fecha para encontrarse en el café del barrio. Él esperaba en la mesa del rincón, dos tazas, un asiento vacío. ¡Traía tanto por contar sobre la guerra y el amor! Antes de irse propuso un brindis por los viejos tiempos.
Escrito por Pedro Elías Martínez - Web

Voces

Los trajes guardan palabras de los ángeles. Añaden a la tarde sus conversaciones, pero el vestido blanco, el traje de luto, a veces callan. Son trinos aislados en la encina del tiempo. Al oír el susurro del atuendo de fiesta la señora enmudece, sus parientes donaron los trajes al hospicio.
Escrito por Pedro Elías Martínez

Músico

Lo encerraron para escribir canciones que calmaban la pena del captor. Cuando el rey muere baja el carcelero: "¡Músico, eres libre! ¡Sube al sol con los ojos de los árboles!". Él muestra las goteras de la celda: "Debo concluir mi sinfonía. Falta la marimba de la lluvia en el muro".
Escrito por Pedro Elías Martínez - Web

El nieto

Con la lluvia el nieto subía al regazo del ciego. Sacaba la cabeza por el hueco de la ruana. Cara con cara escuchaba sus historias fantásticas. El abuelo no tenía pies ni manos, decían que su enfermedad era contagiosa. Una tarde la oscuridad cubrió su cuerpo. Nunca volvió a llover.
Escrito por Pedro Elías Martínez - Web

El sapo y la princesa

Circe lo convirtió en sapo y sus pocos amigos lo llamaban así. Una noche de plenilunio vino la princesa a deshacer el hechizo y le dio un beso de fuego en la mejilla.

Los periódicos mudaron el final del cuento: hubo un disparo y su cadáver amaneció en el río.
Escrito por Pedro Elías Martínez - Web

Alejandro

La fama de Alejandro anduvo de boca en boca después de la invención de las tenazas. Sin ser sabio hasta los sabios lo visitaban en su casa buscando el conocimiento, pues tuvo la inteligencia necesaria para hacerse rico. De la noche a la mañana se convirtió en el primer dentista.
Escrito por Pedro Elías Martínez - Web

Alzheimer

Caminaba de un lado a otro del corredor buscando rosas. Le recordé su nombre de amapola, sonrió amablemente y se detuvo:

—Señor, ¿quién es usted?

En días de lucidez vivo con ella esperando en su voz el milagro del reencuentro, antes de que la vida obscurezca del todo mis recuerdos.
Escrito por Pedro Elías Martínez