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Sueños

Al despertar, veo suspendidos del techo de mi habitación los sueños que tengo mientras duermo. Flotan como globos de colores a la espera de poder usarlos. Cuando se amontonan, abro la ventana y los dejo escapar.

Entonces, escucho sonreír a los vecinos. Son felices al conseguir cosas que nunca imaginaron.
Escrito por Pedro Rodríguez

Libertad

Asqueada, necesitaba respirar, que la brisa arrastrase el pegajoso sudor que había mancillado su cuerpo. Tras pisotear aquellos amontonados ojos, temerosos del látigo del capitán, saltó a cubierta. Las luces de la costa le marcaban su final.

Al alba, contemplaron su piel de ébano, inerte, sobre un mar de libertad.
Escrito por Pedro Rodríguez

En la soledad

Allí se esconde de su miedo. Allí anidan los silencios, se apagan las miradas y los sueños rompen sus alas. Allí busca los abrazos perdidos, las caricias quebradas, las palabras que hicieron sangrar sus cicatrices y que le dieron el último impulso hacia el abismo. Sabiendo que no podía volar.
Escrito por Pedro Rodríguez

Alcanzar las nubes

Se calzó sus zapatillas. Estaba preparado para la escalada. Con dificultad subió el primer tramo, así llegó a la plataforma desde donde asaltó la cima. Entonces escuchó un ruido. Se asustó, perdiendo el equilibrio. Sus manitas evitaron su caída. Pero las chuches quedaron esparcidas por el suelo de la cocina.
Escrito por Pedro Rodríguez

Servicio especial

Como era un servicio especial, tenía intención de coger el coche grande de la empresa, el más elegante. Así trasladaría a su madre al cementerio. Menos mal que se acordó de preguntarle a su padre dónde estaban las llaves, justo antes que los policías se lo llevaran esposado a comisaría.
Escrito por Pedro Rodríguez

Hablaré

Te lo digo ahora, con el tiempo suficiente se sabrá la verdad. El dónde, el cómo y cuántos. Todo lo que habéis intentado que callara saldrá a la luz, por fin. Solo es cuestión de esperar a que el equipo de forenses me realice la autopsia y por fin... hablaré.
Escrito por Pedro Rodríguez

Vivir deprisa

Ya no tienen nada que celebrar, pero tanto por beber. Incluso, han dejado de fumar por no tener tiempo para toser. La música taladra sus cerebros, ya agujereados por el éxtasis y el alcohol. Ahora solo les falta el tiro de gracia, sentarse al volante de un coche y volar.
Escrito por Pedro Rodríguez

Las dos caras de enero

Éramos como dos extraños en un tren. Yo tenía una afición peligrosa, amarte. Tú, ese dulce mal de ser un alma a merced del viento. Solo quiero escapar contigo de esta celda de cristal. Ser pájaros a punto de volar. Abandonar este mar de fondo. Y convertirnos en cadáveres exquisitos
Escrito por Pedro Rodríguez