Abel

El mapa de la Península quedó medio seco sin el Tajo y el Ebro. Con los dedos aún empolvados de tiza, el profesor se desplomó sobre la tarima y la ballesta impuso silencio en el aula. Los apuntes aún aletean, huérfanos, y ni la policía ni el juez saben consolarlos.
Escrito por Belén Sáenz - Web

El hallazgo

Bajo mi zapato descubrí un botón rojo de nuez de marfil. Nunca supe quién lo puso en la pasarela, ni cómo no cayó a la autovía. Lo recogí y salté a la acera para regresar a casa. Desde entonces, no he sentido más la tentación de subirme a la barandilla.
Escrito por Jerónimo Hernández de Castro

De nombre Tardasoma

Nació salido de cuentas. Remiso para andar y hablar, le costó aprender a leer, no tanto a escribir. El trabajo se le resistió. Se enamoró tardíamente y nada de amoríos fútiles. Se desposó madurito y hasta rebasados los sesenta no llegó su único hijo.

Solo fue puntual en su sepelio.
Escrito por José Antonio Barrionuevo

Crimen imperfecto

Cuando dejó de convulsionarse, el asesino le dibujó una palabra con su sangre en la frente. Después pareció pensarlo mejor y la borró, lamiendo con seductora calma su ya inerte piel.

Luis dejó el libro que estaba leyendo sobre la cama. No tenia más tiempo que perder: había un testigo.
Escrito por Gabardiella

Máquina del tiempo

Estrené mi máquina del tiempo con el implacable Marat. Caí en su presencia y me miró como el amo ojea al esclavo. No le devolví el desprecio, pero juré que si encontraba a la girondina Corday le aplaudiría la idea de mandarlo a donde las máquinas del tiempo no llegan.
Escrito por Marciano

La tierra de la abundancia

"Arroyos diáfanos y verdes bosques..., zumbar de abejas sobre fértiles praderas..., cántaros repletos de leche y miel...": la nana de la abuela Zila. El último pensamiento de Abdul cada noche al dormir. Su último pensamiento.

Parecía sonreír, dijeron, cuando fue arrojado a la orilla por las frías aguas del estrecho.
Escrito por Enrique Mochón Romera

Somewhere over the rainbow

El cielo seguía estando allí. Cada pestañeo lo afianzaba más. Nunca presumió de ser como el suelo, que te sostenía y te ayudaba a levantarte si caías. No. El cielo conocía el potencial. El cielo sabía que muy pocos podían tocarlo. Pero a esos pocos el cielo quería verlos volar.
Escrito por Wayne Benítez - Twitter

Décimo mandamiento

Tres décadas después volvieron a encontrarse. Emocionadas, se pusieron al corriente: una, catedrática en una universidad de prestigio; la otra, ama de casa y con familia numerosa, acababa de estrenarse como abuela. Se despidieron con un cálido abrazo y el deseo de seguir en contacto. El otro se lo callaron.
Escrito por FNR