El duelo

Yo buscaba una muesca más en mi revólver, pero mis labios solo encontraron el frío de sus dientes. Dejamos de vernos. Hoy ha venido a mi lecho, me ha mirado, sonreído, acariciado, ha medido la temperatura de mi boca, y ha corrido a poner una muesca más en su guadaña.
Escrito por Luis San José - Web

Desapercibido para ti

Sé que lloras en secreto y sin contar conmigo. Aprendí a entenderte sin hablarnos. ¿En qué he fallado? Te siento tan cerca pero... tan lejos. Recostada sobre mi mano trato de limpiar tus lágrimas sin lograr tu consuelo. ¡Háblame! Acaricio tu pelo pero mis dedos los traspasan... Adiós, mi amor.
Escrito por Enrique Caño

Avísame cuando llegues

¡Riiing! ¡Riiing! 

"Mamá ya he llegado. Estoy bien. No te preocupes", saltó el buzón.

"Bien", pensé, y volví a dormirme enseguida.

¡Riiing!

—Dime, cielo.
—¿Señora García? Soy de la policía. Su hija... ha sufrido un accidente de coche.
—No puede ser... Ella acaba...
—Lo siento mucho, murió en el acto.
Escrito por Raquel Tevas Cisneros

El contenedor

Empecé trazando líneas, la mayoría rectas. Seguí practicando con las curvas. Cada vez me salían mejor: círculos, espirales, óvalos, hasta múltiples posibilidades, pero cuando verdaderamente me sentí realizado y muy feliz, fue al descubrir la riqueza de las grafías, de las palabras. Lo peor fue cuando tuvieron que sacarme punta.
Escrito por Mª Luisa Pérez Rodríguez

La singular pareja

—¡Arráncaselo, por Dios! Debemos salir de este atolladero en el que nos hemos metido... Inténtalo otra vez, cariño, por favor.

Bonnie se afana, empleando sus escasas fuerzas, en robarle. Sin embargo, necesitará la ayuda de Clyde, el viejo gánster. Por algo son la más malvada pareja de todos los tiempos.
Escrito por María José Viz Blanco

El ordenado

Amanece. Voy a la cocina, lleno la pava con agua, hasta que siento el peso acostumbrado. Prendo la hornalla con el chispero y preparo la calabaza con la yerba mate. Salgo al patio y siento el calor del sol sobre mi cara. Tropiezo. ¡Otra vez, cambiaron la silla de lugar!
Escrito por Yolanda SA

El amante infiel de la juventud

Lejos quedó el estío, cuando las tersas hojas presumían piropeadas por el viento y sus petulantes peciolos desafiaban firmes al paciente abismo.

Ahora amarillean, y caen, y golpean el cristal del cercano invernadero, pidiendo asilo. Ya no desdeñan a las verdes hojas cautivas, ya solo mendigan huir de su destino.
Escrito por Antonio Bolant - Twitter

El faro de las mareas solitarias

A veces piensa que volverá.

Y lo espera apoyada en el faro.

Agazapada en la solemnidad del dolor, no sabe que Manuel está a su lado, disipando las brumas de su soledad y aguardando para llevársela con él, al infinito, el día que la ventisca del tiempo apague su luz.
Escrito por Pablo Núñez - Twitter
Elegido mejor relato de abril de 2017