Amnesia autoinducida

Agitado, corrió dos o tres manzanas hasta encontrar el primer bar; cualquier antro serviría. Bebió para olvidar y, una vez olvidado, bebió para olvidar que había olvidado.

 Lo siguiente que recordaba era la comisaría y varios policías que lo rodeaban. 

—¡Haga un esfuerzo, joder! ¡Necesitamos que recuerde lo que vio!
Escrito por Álex Garaizar

Festejos

Se encienden las luces de la Feria, se apagan las de los quirófanos. Un circo extranjero ha llegado con leones voraces y una cuerda floja para artistas intrépidos. El público aplaude con los dedos descarnados por el hambre de las fieras. Un pueblo unido baila, al son de la hambruna.
Escrito por María Jesús Briones Arreba

El Gordo y el Flaco

Por más que sus cuerpos fueran totalmente opuestos, podías confundirlos fácilmente. Ocurría sobre todo al verlos venir caminando bajo la luz mortecina del crepúsculo o el alba. Aunque también en plena claridad; a veces, después de haber tomado demasiadas cervezas con ellos; pero otras, lo juro, sin haberlas probado siquiera.
Escrito por Enrique Mochón Romera

El mago

Entre la tercera fila descubrió un antiguo amor. Desde ese momento los nervios le traicionaron: el conejo se escapó del bolsillo, la paloma acabaría chamuscada en la chistera.

Al pedir voluntarios, ella subió al escenario.

Era su truco más espectacular: mago y espectadora desaparecerían ante el público juntos, para siempre.
Escrito por Pau

Sed de viejo

Marcial quería todo: acariciar su cuerpo sin miedo, besar sus labios a boca abierta, tocarle con cariño pero sin pudor, sentir sus formas hasta el último pliegue. Marcial había envejecido pero también quería apaciguar su sed de piel. Sin embargo, le faltaba amor para lubricar esa corporalidad y hacerla duradera.
Escrito por Marciano

Antónimos

El silencio atronador de su activo letargo se vio sobresaltado plácidamente por un pensamiento "valiente cobarde estaba él hecho". Con firme temblor apretó la gillette contra sus venas. Su vida llena de vacíos iba a quedar atrás. Una triste alegría agitó su serena alma. Impaciente esperaba un efímero sueño eterno.
Escrito por Stbn

Alopecia precoz

Se empezó a preocupar; veía su frente muy despejada y el flequillo apenas lo disimulaba. La coronilla eran cuatro pelos, las cejas estaban despobladas y no tenía ni barba.

Con el anhelo de crecer a un mayor ritmo, dejó de mirarse al espejo y continuó jugando con su peluche preferido.
Escrito por La Marca Amarilla