Agitado, corrió dos o tres manzanas hasta encontrar el primer bar; cualquier antro serviría. Bebió para olvidar y, una vez olvidado, bebió para olvidar que había olvidado.
Lo siguiente que recordaba era la comisaría y varios policías que lo rodeaban.
—¡Haga un esfuerzo, joder! ¡Necesitamos que recuerde lo que vio!
Escrito por Álex Garaizar