El sueño americano

El día de su décimo cumpleaños Fernando salió disparado en su bicicleta, para sorpresa de todos. Con los regalos aún en la mano, esperaron desconcertados en el salón.

Frenó ante el acantilado y arrojó la bicicleta con esfuerzo. Ahora que por fin tenía un coche, no le haría ninguna falta.
Escrito por Álex Garaizar

Los ojos de Monroe

Me crucé con el vecino cuando este venía de adoptar a un perro. Primero el chucho ladró, luego intentó atacarme. Sostuvimos la mirada unos segundos y pude reconocer en sus ojos los de Monroe mientras le estrangulaba. No tuve más remedio que agasajarlo aquella misma noche con un pastel envenenado.
Escrito por Rafa Sastre - Web

Democracia y progreso

—De teledirigido, cero coma, a ser superior seis, seis, seis...
—Adelante, cero coma.
—Solicito permiso para pensar.
—Permiso denegado. Usted no está preparado para esa misión.
—Sí, señora.

—De teledirigido, cero coma, a ser superior...
—Adelante .
—Permiso para expresarme.
—Permiso denegado. Su lenguaje todavía es muy rudimentario.
—Sí, señora.
Escrito por Gil Hernando de Santiago

Correosa

Un crianza y una salsa de arándanos rojos maridaban perfectamente con aquel suculento filete, sajado de forma meticulosa del muslo. Nada más catarlo comprobó que adolecía de la calidad deseada. Decidió entonces desechar aquellas piezas que aún mantenía congeladas, añorando a la jovencita que, meses atrás, tuvo ocasión de cocinar.
Escrito por José Antonio Barrionuevo

Fe ciega

Don Pancracio, el cura de mi pueblo, acabó arrojándose al Barranco del Eco. En una de sus crisis de fe, subió al Cerrogordo, cual nuevo Moisés, para aclararse las ideas. Allí, asomado al precipicio, gritó con todas sus fuerzas, esperando una respuesta:

―¡Dios mío, quítame esta duda que me asalta!
Escrito por Alfonso González Cachinero

La ladrona de bandas de cera

Marguerite de la Fontaine, hija de zapatero y de la modista de Su Majestad, se había convertido en una de las ladronas más temidas de Francia. Conocía con exactitud dónde se encontraban las bandas y las asaltaba sin piedad.

Sin duda lucía las axilas y piernas más bellas del instituto.
Escrito por Maria Las Vegas

Abducción

Regresé al cielo precipitadamente porque había empezado ya a descomponerme. Con una maniobra premeditada de distracción dejé mi cuerpo a modo de señuelo en la mesa metálica y fría de aquella facultad. Hacía ya tres días que las campanas estaban tocando a concejo y no era cuestión de hacerme esperar.
Escrito por Luis San José - Web