Mostrando entradas con la etiqueta Javier Igarreta Egúzquiza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Javier Igarreta Egúzquiza. Mostrar todas las entradas

Geometría de un asesinato

Lo que solo conocía su círculo más cercano llegó a las altas esferas, y las sinuosas curvas de un triángulo amoroso atraparon al agente del Pentágono en una espiral, cuyo eje oscilaba entre Pekín y Moscú. Quizás cruzó la línea roja. Lo encontraron asesinado en un polígono industrial de Virginia.
Escrito por Javier Igarreta Egúzquiza - Web

El último viaje

Sintiendo cercano su final, ordenó los papeles, descargó su conciencia y, rechazando engorrosas despedidas, se desvaneció en el misterioso túnel de luz. Como experimentado marino, siempre pensó en el "más allá" con cierta distancia. Soñaba con el regreso, pero la velocidad de la luz se opuso a tan peregrina veleidad.
Escrito por Javier Igarreta Egúzquiza - Web

Un taco al borde del desacato

Tras sacarme de la bolsita, me introdujeron en un ajustado agujero. Completamente hundido, sentí cómo una punta de acero perforaba, con insistentes vueltas de rosca, mi virginal alma de plástico. ¿Hasta cuándo tendría que soportar aquella escarpia alojada en mis entrañas? Entonces escuché al señor Fischer: "Mis tacos aguantan siempre".
Escrito por Javier Igarreta Egúzquiza - Web

Disciplina espartana

Una vez más, Miguel secaba al sol su colchón mojado. Algunos tutores se reían cínicamente. Sería la última vez.

Cuando Miguel desapareció, lamentaron su excesiva melancolía y aquella maldita costumbre de aventurarse entre los acantilados. Todas las sospechas apuntaban hacia el mar, pero Miguel había puesto tierra de por medio.
Escrito por Javier Igarreta Egúzquiza - Web

Fáustico

Desesperado, amargado, abandonado y abrumado por adjetivos de tal funesta ralea, quiso vender su alma al diablo, pero no encontró ningún comprador de tan rancio abolengo. Un vendedor de humo le prometió resurgir de las cenizas pero, en la hoguera de las vanidades, las promesas siempre devienen en fuegos fatuos.
Escrito por Javier Igarreta Egúzquiza - Web

Deus ex machina

Aunque era fin de semana, Él, creativo por excelencia, estaba como siempre en vena. Tras una intensa jornada, recompuso su figura, esbozó su mejor sonrisa y disparó. No fue como en el big bang, pero salió un selfie divino. Él, con barba blanca, su único hijo y una paloma ensimismada.
Escrito por Javier Igarreta Egúzquiza - Web

Imperativo categórico

Tras varios meses sine linea, la pluma se alojó entre sus dedos como un huésped apremiante y redactó mecánicamente aquella fatal misiva, dirigida "a quien corresponda". Después leyó detenidamente lo escrito de su puño y letra y, no teniendo nada que objetar, estampó su firma del calibre treinta y ocho.
Escrito por Javier Igarreta Egúzquiza - Web

Cuaderno de bitácora

Por primera vez, el segundo de a bordo, temeroso ante la sorda amenaza de un tercero en discordia, comenzó a creer en la cuarta dimensión. Sobre todo cuando la "Quinta de Beethoven", hacia la sexta hora de travesía, anticipó el abordaje de aquella séptima ola que trajo al octavo pasajero.
Escrito por Javier Igarreta Egúzquiza - Web