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Cenicienta II

Ella era feliz con su vida de cuento, sus zapatos de cristal y su príncipe azul. Su dicha hubiera sido completa de no haber sufrido esos terribles dolores de barriga que la llevaron directamente al hospital. Nada pudieron hacer los médicos por salvarla, el empacho de perdices había sido mortal.
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Parte I | Parte II

Cenicienta I

Regresó armada de escoba y recogedor con ganas de acabar rápidamente con esa faena tan desagradable. Los cristales estaban esparcidos por toda la habitación. ¡Qué desastre! Cómo iba ella a imaginarse que encontraría a la doncella con sus zapatos de cristal en los pies y su marido entre los brazos.
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Parte I | Parte II

Por ellos

Mis amigos son magníficos, me quieren aunque soy alcohólico. Se alegraron cuando empecé la terapia, y me dan palmaditas en la espalda si me tiemblan las intenciones.

Es la cuarta vez que consigo estar 90 días sobrio, y míralos, aquí están, siempre dispuestos a tomarse unas copas conmigo para celebrarlo.
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Espejismo

Se despertó y con pasos somnolientos entró en el cuarto de baño, esquivó las imágenes desparramadas en el suelo y levantó la taza del váter. Tiró de la cadena al terminar y, antes de salir, miró con lástima el espejo: el pobre se hacía mayor y empezaba a perder reflejos.
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Anónimo hasta septiembre

Recuerdos del futuro

No sé si voy o vengo desde que me presenté como voluntario para el estudio de la demencia. Con cada nuevo avance que ellos realizan, yo doy un paso hacia atrás. Los he denunciado por hacerme sentir como un cangrejo. ¡He perdido el juicio! Y ha quedado visto para sentencia.
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Trucos caseros

—Sumérgela cuanto antes en un balde de agua fría y después frota la mancha con sal —me dijo mi madre.

Y tenía razón, no quedó ni rastro de sangre en la camisa de mi esposo. Lo que no supo decirme es cómo arreglar el agujero que tiene en el pecho.
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Herencia familiar

Después de limpiar los tres dedos de polvo que cubrían el salón y darle una mano de pintura, coloqué el sillón de orejas de mi abuelo, la suave alfombra de pelo de mi madre y la lámpara de pie de mi hermano.

La policía aún busca sus cadáveres sin resultado.
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Asesinato en la biblioteca

Primero le sedujo su inteligencia; sus intrépidas caricias hicieron el resto. Se citaban clandestinamente entre los libros hasta esa noche en la que hallaron el cadáver de Agatha Christie. Lo último que oyó fue la voz de Poirot:

—Mi querida Miss Marple, me temo que nuestra relación acaba de terminar.
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