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Kafka inédito

En un sótano húmedo buscó el manuscrito perdido de Franz Kafka; lo encontró oculto en un armario dentro de una caja de zapatos. Leyó con expectación las doscientas hojas emborronadas, concluyó la lectura después de cuatro horas, con un dejo de placer. Decidió quemarlo, atendiendo la última voluntad del autor.
Escrito por Sergio F. S. Sixtos - Web

El club de los acertijos

Escribe sin prisa, borra, puntúa y lee en voz alta. Mira la distribución de las palabras. Busca el orden y la armonía entre ellas. El secreto está concluido.

El poema dibujó la Vía Láctea con acertijos. El lector leyó confundido. Mientras, lejos, una galaxia era creada a base de enigmas.
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Un cuento más

Llegué a París con mi ejemplar de Rayuela y un guijarro. La piedra era para la tumba de Cortázar. Miré el mapa de París y busqué el Pont des Arts: "¿Encontraría a la Maga?". Quizá no, pero sería delicioso hallarla y hablar con ella, hasta que París sea una fiesta.
Escrito por Sergio F. S. Sixtos - Web

Partida de caza

El cazador de sueños acechaba. Apuntó su arma y disparó: el sueño cayó fulminado. El cazador lo ató y se preguntó cuánto pagarían por el sueño. Se lo puso a cuestas y salió de la mente de Alicia. Ella dejaría de soñar con el País de las Maravillas para siempre.
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En partes

El asesino, todavía temblando, cortó el cuerpo en seis partes. Lavó los instrumentos de trabajo en la bañera: con un chorro de agua fría y detergente barato. Colocó el tronco y las extremidades —ceremonioso— sobre la cama. Tomó la cabeza del cadáver entre sus manos y ésta abrió los ojos.
Escrito por Sergio F. S. Sixtos - Web

Vuelta de tuerca

Un espectro por las noches, entre gritos y apariciones repentinas, asola al escritor. El autor cansado de la vida miserable a la que es sometido por el espíritu, decide exorcizarlo y escribe un cuento breve y terrorífico; ahora en una aldea remota, el fantasma aterra a los personajes del cuento.
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Magia

El mago apuntó la varita mágica al público y dijo:

—¡Abracadabra patas de cabra!

Una nube de humo blanco inundó el teatro y los espectadores desaparecieron en el acto. El mago —rascándose la cabeza— miró perplejo los asientos vacíos del silencioso teatro; mientras los espectadores miraban sorprendidos el solitario escenario.
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Colofón

El día de su muerte la jornada fue corriente: comió la comida del día anterior; leyó el diario, saltándose las tiras cómicas; escribió correos electrónicos; memorizó un chiste picante; engrasó su revólver y se le escapó el tiro mortal. En los estertores de la muerte lamentó ser lo que fue.
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