El hortelano

No le crecían las lechugas y no entendía por qué. Las regaba, usaba el mejor abono y las desparasitaba todas las tardes, impaciente por tener una cosecha que le permitiera hacerse sabrosas ensaladas. Pero no conseguía que las raíces se agarraran a la mata. Tal vez debiera cambiar de champú.
Escrito por Patricia Richmond - Web

14 comentarios :

  1. Ahora ya entiendo un comentario tuyo reciente en el que aludías a las lechugas.
    Últimamente interpreto los textos un poco al revés, pero si no me equivoco, estoy con tu hortelano en que hay veces que por más que se riegan las hortalizas no hay forma de hacer carrera de ellas. Llegados a este punto, se puede seguir con cabezonería (también lo llaman persistencia y constancia) hasta quedar exhaustos para obtener un pobre resultado que otros, sin despeinarse, superan con creces; o quizá, lo mejor es evitar la obsesión dedicando la mente y el cuerpo a otras cosas que nada tienen que ver, puede que así acabe apareciendo solito lo que habíamos buscado con tanto ahínco.
    Bajo un barniz de simpática cercanía, tus relatos siempre hacen pensar.
    Ahí va un abrazo.

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    1. Ay, Ángel. Es que es un problema muy serio. ¿Cómo tratar a una lechuga? Son seres de naturaleza tan sensible que cualquier mal viento puede retorcerlas en una raiz cuadrada irresoluble. ¿Y el temor a ser devoradas por los conejos? No, no es vida.
      Tenía muchas ganas de volver a temas surrealistas, que desde los tiempos de mi gallina los tenía abandonados.
      Un besazo.

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  2. Yo le busco otro significado, por la última frase "tal vez debería cambiar de champú" Me lleva a pensar en un crecepelo que por más empeño que ponga no consigue que funcione de la forma deseada. El caso es que por lo que dices algo brota, pero no arraiga.
    Para algunos hombres la alopecia provoca desanimo, es algo que se lleva con miedo y vergüenza, por es prefible hablar de lechugas y no de su nuevo pelo.
    Todavía no se ha conseguido un crecepelo fiable, pero es un producto que se lleva fabricando desde hace siglos.
    Y es que al final resultará que lo que tiene que cambiar es el champú y el peine buscarle metálico y no de plástico y lavarse la cabeza tres veces al día y ponerse gorro de lana en invierno y gorra de algodón en verano (nada de nailon) No me extraña que con tantos imponderables los hombres perdamos el pelo.

    Saludos
    Jesús

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    1. Querido amigo, me ha calado muy hondo tu frase "Brota, pero no arraiga".
      Cojamos el toro por los cuernos y analicemos el problema. ¿Por qué no arraiga? ¿Seguro que hemos hecho todo lo que estaba en nuestra mano, con fe e insistencia?
      He decidido crear una ONG y voy a donar todas mis lechugas a la causa del PPP (Personas Privadas de Pelo).
      Tal vez así se reblandezca el corazoncito de mi amor platónico, Bruce Willis, y venga a conocerme y me pida en matrimonio y pondré a regar las lechugas a la desgreñada de Demi Moore y nos vamos a reir todos un rato.
      ¡Abrazos!

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  3. Estupendo, Patricia.
    El surrealismo de esas dos últimas frases ha sembrado mi cuero cabelludo de dudas.
    Saludos

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    1. Ag, eso era... ¡Las dudas! Ya está. Me he plantado un espantapájaros en la coronilla y ya no me cabe ni la menor duda en el lechugar.
      ¡Gracias!

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  4. Me ha recordado al inicio de uno de los relatosencadena en el que brotaba un piano en medio del huerto.
    A veces los métodos que se usan para según qué cosas no resultan efectivos por mucho empeño que le pongamos.
    Pero siempre hay que insistir. El que la sigue la consigue.
    Besos.

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    1. Pues lo voy a probar. Aunque con el piano en la cabeza, el peso de la responsabilidad ya es muy grande y voy a tener que sentar cabeza.
      ¡Gracias por tus ánimos!
      (Ahora que lo dices, sí que me suena que he leído ese relato). Sorry al autor si se siente plagiado, que no recuerdo de quién era.

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  5. Patricia enhorabuena por tu micro, me parece excelente, con un final inesperado, perfecto.

    Un saludo indio
    Mitakuye oyasin

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    1. Gracias, David. Estoy disfrutando mucho con tu libro. Tus "MicroSeñales de humo" son geniales.
      Abrazo sioux.

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  6. Anónimo6/5/14 12:37

    Yo no entiendo ni de lechugas ni de crecepelos. Así que me limitaré a informarte de que tu relato me está dando que pensar (y no precisamente en dedicarme a la horticultura) y eso siempre me gusta.
    Un saludo.
    Fina

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    1. Fina, yo tampoco entiendo de esas cosas. La montaña de vuestros pensamientos ha calado en mi cabeza y mi lechugar se está convirtiendo en un jardín de pequeñas flores azules y ando mucho más liviana.
      ¡Gracias!

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  7. I Urtiaga6/5/14 16:10

    Me encanta el surrealismo cotidiano, y en realidad no dista mucho de algunos comportamentos reales. Oye... que igual si cambia de fertilizante le crece el pelo.
    Muy bueno.
    Recuerda a las frases de las madres: "¿Que te duele el brazo? Pues date un golpe en el pie y verás como se te quita."
    Saludos

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    1. A mí, mi madre me decía que lo entendería todo cuando fuera madre y, como no lo soy, este mundo sigue siendo un misterio para mí. Y eso que quiero a mis lechugas como si fueran hijas de mis entrañas.
      Voy a seguir tu consejo y voy a cambiar de fertilizante. Voy a por una botella de tequila reposado y ya te contaré.
      Gracias, Ignacio.

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