Ni lo sueñes
Ardía entre los muslos de su amada, lamiendo los tibios flujos...
Beep, beep, beep.
Otra vez el puñetero despertador de Eloína interrumpiendo los febriles sueños de la gripe y el virus del amor desaparecido.
Antonio, al otro lado de la cama, roncaba sin inmutarse por los cuatro meses sin besarla.
Beep, beep, beep.
Otra vez el puñetero despertador de Eloína interrumpiendo los febriles sueños de la gripe y el virus del amor desaparecido.
Antonio, al otro lado de la cama, roncaba sin inmutarse por los cuatro meses sin besarla.