Caperucita y el lobo
—Eres Caperucita Roja —me dijo con una sonrisa distante.
—Y tú eres el lobo —respondí un tanto fría y ausente.
—El lobo no. El cazador.
Me contestó apartando su mirada, como si no pudiera soportar el peso de lo que ambos sabíamos que había terminado sin necesidad de más palabras.
—Y tú eres el lobo —respondí un tanto fría y ausente.
—El lobo no. El cazador.
Me contestó apartando su mirada, como si no pudiera soportar el peso de lo que ambos sabíamos que había terminado sin necesidad de más palabras.