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Caperucita y el lobo

—Eres Caperucita Roja —me dijo con una sonrisa distante.
—Y tú eres el lobo —respondí un tanto fría y ausente.
—El lobo no. El cazador.

Me contestó apartando su mirada, como si no pudiera soportar el peso de lo que ambos sabíamos que había terminado sin necesidad de más palabras.
Escrito por Virginia Funes

El espejo del alma

—Demasiado alcohol anoche —se dijo nada más levantarse.

Miró a su alrededor; notó algo raro en su habitación, pero no le dio importancia. Entró al baño, se vio los pies descalzos; le parecieron poco familiares, pero tampoco le dio importancia. Al bajarse los pantalones para mear gritó:

—¿¡Quién eres tú?!
Escrito por Virginia Funes

Historia de un amor

Un día me quieres, el siguiente me ignoras. Entonces te busco. Te sueño. Te anhelo. Te sufro. Otro día apareces y dices: "Te he echado de menos". Entonces te amo. Me entrego. Me aburro. Me cansas. Me hartas. Te dejo. Que te vaya bonito. Estoy pensando en ti. ¿Nos vemos?
Escrito por Virginia Funes

Ćureći batak

Historia forjada durante millones de años las rodeaba. Tintineantes gotas de agua ponían música a aquella cueva muda. Se detuvieron ante una estalagmita y una estalactita que el caprichoso azar había unido millones de años atrás. Entonces, una estruendosa carcajada quebró el imperturbable silencio. Ambas formaban un muslo de pavo.
Escrito por Virginia Funes

Sin decir adiós

Sumido en el sueño una dama lo invitó a pasear con Caronte. Se tocó el bolsillo, vio que tenía una moneda, la agarró de la mano y se fueron en busca del barquero. Fue tal el hechizo de esa mujer sobre mi padre que ni siquiera se despidió de nosotros.
Escrito por Virginia Funes

Filtro de amor

Ella era la bruja más reputada haciendo filtros de amor. Un día, una hermosa mujer le pidió una pócima para seducir a un hombre. Aceptó el encargo y la preparó. Aquel hombre era su marido y con su propia magia provocó su soledad. Desde entonces la bruja solo vende veneno.
Escrito por Virginia Funes

En los brazos de Morfeo

El sonido del despertador anunció un nuevo día. Sacó su brazo somnoliento de debajo de las sábanas y lo apagó. El vello erizado y la tirantez de la piel al contacto con el exterior anunciaron otro día frío. Decidió seguir durmiendo, no ir a trabajar. Pensó: "No es tan importante".
Escrito por Virginia Funes