La merienda

Cuando Caperucita vio al Lobo le pareció galante, atractivo, seductor y romántico. Se enamoró de él perdidamente. El lobo encontró en Caperucita una joven tierna, sensible, apetitosa y guapa. Su corazón de fiera quedó prendado en los ojos infinitamente azules de la muchacha. El amor duró tan solo un beso.
Escrito por Nicolás Puente

Escorpiones

De noche sale a cazar bichos. Le gusta comer escorpiones. Cuando vuelve, su aliento de engendro aumenta la fetidez del sótano. Utiliza las garras para colgarse de las vigas, sobre nuestras cabezas. Es imposible escapar.

Te perdono, papá. Si el demonio cumple su palabra, pronto te hará un escritor famoso.
Escrito por Vicente Varas - Twitter

Destino inesperado

El último día de colegio de los ratones, era tradición que a cada uno le asignasen a un niño de entre seis y siete años de edad. Cada diente de leche es para el egresado el trofeo más valioso. Pero a él le había tocado un abuelito con dientes postizos.
Escrito por Sandra Rebrij - Web

Turno de oficio

Plegó sus convicciones. Bien dobladas las metió en el cajón donde ya tenía guardadas la sinceridad y el asombro. Y las ganas de cambiar el mundo, un reloj de arena, un beso robado a una fiscal y el desprecio a las injusticias. Así, pudo salir a defender a su cliente.
Escrito por Paloma Hidalgo Díez

Los viajes de Paula (III)

TAM...

El tañido de la campana la despierta y vuelve a emprender camino asustada y sola.

TAM...

Otra vez, las calles parecen llorar su marcha. La ciudad, su familia, los perros, los besos, la carrera, la vida, el sendero, el miedo, mira atrás, se acerca, la sigue y entonces...

TAM.
Escrito por Wayne Benítez - Twitter
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Porque tres siempre serán multitud

Cuando el desconocido grupo hubo desaparecido, se acercó para proseguir con su ritual de las últimas semanas. Su bastón y un ramillete de orquídeas idéntico a aquel primero como únicos testigos. Coronas de claveles y crisantemos y una foto cambiada confirmaron sus temores: ella volvía a estar acompañada; él, solo.
Escrito por FNR

Antes la obligación que la devoción

Espera una llamada. Un nuevo lagrimón rebosante declina hasta la comisura de sus labios humedeciéndolos. Suena el teléfono: Salvatore no puede ver un nuevo amanecer. Sereno, vierte la cebolla cortada en la cazuela, extrae su revólver del tercer cajón y apaga el fuego.

Los fettuccine alla sorrentina tendrán que esperar.
Escrito por Marioska - Web

¿Estará bien cerrada?

Nunca me ha gustado dejar nada abierto. Debía comprobar dos veces si había echado la llave del piso. No me fiaba de los cierres automáticos: esperaba que se cerrara la puerta del garaje.

Tengo ahora un miedo que me impide descansar en paz: ¿estará bien cerrada la tapa del ataúd?
Escrito por Plácido Romero - Web