Buenos días, Bangkok
El timbrazo soprendió a Lawan, que acudió rauda a abrir la puerta de su nueva clínica. El joven le sonrió amable y pidió la lista de precios.
—900 bahts el masaje completo.
—¿Tanto? —se extrañó—. Incluye final feliz, ¿verdad?
El diploma de la facultad, agazapado detrás, contuvo la respiración.
—...Claro.
—900 bahts el masaje completo.
—¿Tanto? —se extrañó—. Incluye final feliz, ¿verdad?
El diploma de la facultad, agazapado detrás, contuvo la respiración.
—...Claro.
Escrito por Álex Garaizar
El maestro
Vivía humildemente. Se sentaba en la orilla del río y mendigaba la caridad de los pescadores. De los peces que le daban, hacía su sustento.
Aquella mañana, el pescador se acercó a él con sonrisa serena y le miró a los ojos. En sus manos puso la caña de pescar.
Aquella mañana, el pescador se acercó a él con sonrisa serena y le miró a los ojos. En sus manos puso la caña de pescar.
Escrito por Manuel Bocanegra - Web
Tenacidad
Mis negativas eran rotundas, pero él cada noche volvía a tirar piedrecitas a mi ventana, declarando su intención de poseerme para siempre. Nunca he sido fácil de conquistar, pero sé que es más persistente que cualquier alma que habite en la tierra y que, al final, cederé a su deseo.
Escrito por Mª Belén Mateos Galán
Poesía eres tú, ¿o quizá tú?
Más de mil combatientes en tan terrible refriega, ninguno con patria, todos con patria; todos amigos y todos rivales. Vuelan los versos por el campo de batalla, ya no queda casi ninguno en pie; las letras y el alcohol menguaron sus fuerzas.
Un último combatiente, un valiente; la poesía prevalece.
Un último combatiente, un valiente; la poesía prevalece.
Escrito por Rubén José Huertas Rojo - Web
Crisis de los cuarenta
Timidez hasta los quince. Euforia con veinte. Seguridad al pasar los treinta. Me intimida llegar a tan redondo número y obviar mi madurez sería de irresponsable, pero la cifra imprime carácter y está asustando a mis musas. ¿Seré capaz de escribir este y confesar que ya he cumplido los cuarenta?
Escrito por Malu
El tren de las miradas
Ella. Siempre cogía el mismo tren. A la misma hora. En el mismo asiento. Jamás me atreví.
Un día no vino. Escribí una nota por si volvía: "A mi viaje le falta algo sin tu mirada".
Contestó: "Miro sin ver cuando no estás. Buscándote".
Viajaban juntos y de la mano.
Un día no vino. Escribí una nota por si volvía: "A mi viaje le falta algo sin tu mirada".
Contestó: "Miro sin ver cuando no estás. Buscándote".
Viajaban juntos y de la mano.
Escrito por Tonigc - Twitter
Incomunicación
"Parece que ha refrescado", le digo a mi padre, intentando torpemente iniciar esa conversación que nunca tuvimos. Mientras agarro su delgada mano, sus ojos parecen mirarme desde una profundidad abismal, como albergando un océano de comprensión. "Ya sabes, hijo —responde finalmente, meneando la cabeza—, que nunca he estado en Belgrado".