Paradisíaco

La arena se hace más fina a cada paso y de la selva apenas queda el sonido de las aves. El turquesa del mar, claro como el cielo, se extiende manso hasta el exuberante arrecife de coral. Interpreto los delfines como una señal divina.

Definitivo: aquí pondré mi nuevo resort.
Escrito por Álex Garaizar

Las hojas nunca lloran

Era tarde de ventanas claras, aunque el sol dejaba un pequeño calor, empezaba el frío a correr sobre los silencios. La soledad venía acuchillando todo para quedarse dueña de las almas. El pensamiento lloraba en algunos pechos dejando nervios de domingo.

Aun así, con noche, las hojas seguían de fiesta.
Escrito por Edwin Antonio Gaona Salinas - Web

Rompecabezas

Cuando terminó de armar el complicado rompecabezas, se dio cuenta de que su diseño retrataba el fin del mundo. Un final soñado muchas veces y que llegaría inevitablemente al completarlo.

Alarmado, comenzó a deshacerlo pero, antes de quitar la última pieza, lo derribó la poderosa explosión que destrozó su universo.
Escrito por Daniel Castillo

Rematado

Me enteré por una llamada telefónica. Una bomba le había estallado a mi padre en el asiento del coche.

No lloré ni grité, no hablé con nadie. Encerrado en mi habitación, permanecí en la oscuridad dos días con sus noches. Al tercero, el periódico del bar decía: "Algo habría hecho...".
Escrito por Carmelo Carrascal

Para siempre

Lucía despertó, saltó de la cama y entró rápidamente en el baño. No tuvo que esperar, vivía sola.

De pronto, sintió un agudo dolor en su tobillo derecho. Bajó la vista y leyó en su piel: "Te quiero". Esta vez sabía que sería para siempre.

Al menos... su nuevo tatuaje.
Escrito por Salvador Pérez Salas - Twitter

Amnistía

Calle arriba, se asoman los recuerdos por cada esquina. Su madre, desde el balcón, lo nombra con angustia y, mientras él sale del portal con el macuto cargado de inequívocas octavillas, los vecinos, entre cortinas, observan en silencio cómo lo detiene la policía. Pero ahora se respira libertad... calle arriba.
Escrito por María José Escudero

Campo de batalla

Dio la orden de ataque decidiendo ir al frente; espada y escudo en mano para luchar.

Llegaron dos, supo defenderse con gallardía; dos más y los replegó enfurecido.

No pudo contra seis; doblegado, sintió una punta encajarse directamente en su brazo.

Sedado y con camisa de fuerza, finalizó la batalla.
Escrito por Xavier Hernández - Google+