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Sweet Lolita

La observé a hurtadillas, como quien mira de reojo el escaparate de la pastelería mientras la mente le advierte del peligro inminente. Esa falda escocesa, esas trenzas, esa sonrisa inocente...

En cuanto marchó pude respirar. Cerré la persiana y me propuse crear el mejor pastel del mundo. Lo llamaría nínfula.
Escrito por Fernando da Casa - Web

Malos tiempos

Antonio escupió, asqueado, dentro de la taza.

—¿Esto qué demonios es?

—El banco ha cobrado treinta euros de comisión por un día de retraso en la cuota. No tenemos presupuesto para café.

Resignado, volvió a sorber. Ella también bebió.

El ruido de una manifestación callejera rompió el silencio esa mañana.
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Cuestión de pelotas

¿Quién era tan estúpido como para casarse en pleno Mundial? No pensaba asistir a la boda. ¡Ni siquiera estaba previsto poner pantallas! Lo sentía mucho, pero tenían que haber consultado el calendario. María le amenazó con buscarse a otro si no la acompañaba.

Finalmente se casó con el único asistente.
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Desaparecida

Su marido, compungido, derramaba abundantes lágrimas de desesperación... ¿Reales? En el pueblo recelaban de un nuevo caso de violencia de género.

Cuando ella sintió que los desprecios se le clavaban como cuchillos, decidió cambiar de vida. Ahora sería él quien viviría con el sambenito a su espalda: "Algo habrá hecho"...
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Armas de mujer

Angustias, acompañada de Dolores, aumentaba la intensidad de su presencia a medida que Martirio se hacía notar. Daba igual que Esperanza suplicara Piedad, Constancia no entendía de Virtudes. Menos mal que Felicidad acompañó con Alegría la llegada de Sol: Consuelo anunció su nacimiento, justo después de Alba. La llamaron Paz.
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El arte de la pesca

—Requiere mucha paciencia. Preparas el cebo, lanzas la caña y a esperar. Las ondas te avisan, pero no debes precipitarte. Si tiras antes de tiempo perderás la presa. Pero si te demoras, también.

El niño, atento a las explicaciones, decidió aprender la lección. De mayor sería estafador. Como su padre.
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Reglas de urbanidad

No se habla con la boca llena. Debes masticar seis veces antes de tragar. Límpiate los labios antes de beber. No abandones la mesa sin permiso del anfitrión. No comas hasta que estén todos servidos.

A pesar de la miseria que adornaba su entorno, cumplió las normas. Murió de hambre.
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Catalepsia

Le dije a mi mujer que no quería flores en mi entierro. Ya he contado tres coronas y cuatro centros. 

Le advertí que nada de curas, ¡soy ateo! Ha rociado el ataúd con agua bendita. Dios...

Espero que tampoco respete mi petición de incineración... Aunque empiezo a oler a quemado.
Escrito por Fernando da Casa