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Los peligros de la red

—Los leones no atacan si no están hambrientos —dijo mi guía mientas nos acercábamos para la foto —y hoy ya han comido.

La pose duró apenas unos instantes, lo justo para que la fiera los devorara sin contemplaciones.

"Estoy de Facebook hasta la melena", pensó el felino ahíto pero iracundo.
Escrito por Jesús Manzaneque Fraile

¿Soplar yo?

Estoy pensando no decir nada. Nadie sabe realmente hasta dónde estoy implicado. Nadie me vio, o eso creo. Y mira que se lo dije, lo advertí: no he bebido. El acelerar y pasarle por encima era el final lógico. ¿Cómo iba yo a soplar en ese maldito trozo de plástico?
Escrito por Jesús Manzaneque Fraile

Nada como un amigo

Descanso en este ataúd que me recoge; me queda, al menos, la añoranza de saber que te dejo en buenas manos. Pensaba que era un leal compañero, aunque cuando llegue de nuevo el caso, hazle saber que el veneno actúa mejor cuando uno está en las manos relajadas de Morfeo.
Escrito por Jesús Manzaneque Fraile

Traición

Te odio, has salido de mi vida sin aviso, acabas de huir y no me vale que digas que ya no me amas. Me asomé y te vi con él, vuelves el rostro, me miras y te ríes. Ahora sé que solo fui un paso en tu ruta del pecado.
Escrito por Jesús Manzaneque Fraile

A extinguir, por favor

Incomprensiblemente desesperada imaginaste el futuro junto a mí como un paraíso placentero y sin fisuras. Posteriormente sucedieron interminables episodios violentamente reprobables que convirtieron nuestra cotidiana convivencia en un aborrecible infierno. Como consecuencia acabé resultando un despreciable maltratador completamente poseído de sádicas tendencias. Y encima un repelente redicho del lenguaje. Desesperante.
Escrito por Jesús Manzaneque Fraile

Visita inesperada (III)

Manejaba la guadaña con pericia, maldecía el campo, el terruño y la familia. "Cualquier día me harto y no me verán más el pelo".

A su lado, levitando, estaba Ella. "Quieren evitarme e ignoran que el poder es mío, el autor no te salvará otra vez; Andrés, es tu turno".
Escrito por Jesús Manzaneque Fraile
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Visita inesperada (II)

Genaro le empujó lenta pero enérgicamente hasta la puerta, le entregó la guadaña y volvió a repetirle:
—Mira, no te lo digo más veces, ahí tienes el prado a medio segar y nosotros tenemos que bajar al pueblo.

"Maldito mundo rural", pensó Andrés.

Y se alejó con su desgana habitual.
Escrito por Jesús Manzaneque Fraile
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Visita inesperada (I)

—¡Vete, por favor! Necesito más tiempo, no estoy preparado aún.
—Sabes que no puedo hacerlo y tampoco quiero.

Apoyó la guadaña en el aparador, le dio un abrazo, cálido pero efímero y, con la voz más dulce que pudo, le dijo:

—¡Vamos! Es la hora: tu hora.
Escrito por Jesús Manzaneque Fraile
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