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El día que fui hacia la luz

Un hombre extraño me dio a elegir un instante de mi vida para pasar la eternidad. Tardé en escoger, pero me decanté por aquella tarde en Cádiz, la única, en la que paseamos de la mano. No recordaba que ya te echaba de menos entonces.

O algo así debió ocurrir.
Escrito por Miguel Ibáñez

Sistemas de ubicación en el recuerdo

Hay un hombre que vive en la ausencia. Es una estrella fugaz que, si te fijas, ves en la mirada perdida de mamá en las comidas familiares. Para ella es la luz que enciendes solo un segundo en la noche para orientarte cuando vuelves del baño; y no quieres tropezar.
Escrito por Miguel Ibáñez

Eufemismo

Un breve del periódico que reparten en el metro me contó que Patricia había escapado por fin. Imaginé una cadena con un grillete abierto, tintineante y vacío, bañado por el sol de una mañana luminosa; y su sonrisa dentro de un avión surcando las nubes, lejos de esa larga enfermedad.
Escrito por Miguel Ibáñez

Keep calm and carry on

El último abrazo me estrujó el corazón, haciendo volar mi alma sobre una nube con forma de mono; no lo pude contener y las lágrimas acabaron en charquitos de sal. Todo me lo llevo, junto con la dignidad, apretado en una bolsa; que me han atado al final del duodeno.
Escrito por Miguel Ibáñez

Encarna

Mi abuela tenía los dedos torcidos de hacerse nudos en el alma, del agua fría de una pila de decepciones, del sabor a anís de un hombre sin suerte, de remendar pantalones y de hacer malabares con cuatro perras.

Mi abuela tenía los dedos torcidos; para marcarnos el camino recto.
Escrito por Miguel Ibáñez
Elegido mejor relato de 2018

M y Y

A Manuel un rayo le atravesó el corazón convirtiéndolo en piedra, como aquel que pintó en un banco con sus inciales. Ya apenas se ve; compañero de chicles, grafitis y manchas de aceite.

Mientras, Yolanda huye de la tormenta bajo su paraguas. Esquivando los charcos. Del brazo de su marido.
Escrito por Miguel Ibáñez
Anónimo hasta noviembre

Mi pequeño caracol

Por muy despacio que caminaras, cariño, jamás te alcancé. Estuve nueve meses persiguiéndote, y hasta te puse un bello nombre; mas nunca pude susurrártelo, sosteniéndote en mis brazos. Te arrastras suave cada noche en mis sueños, acariciándome de recuerdos durante el día; dejando en mi vida un rastro de baba.
Escrito por Miguel Ibáñez

Aritmética simple para dos

Estando lejos lo hice, agarré la línea recta y la rompí en miles de trocitos que guardé en mis bolsillos. En el camino hacia ti los fui tirando despacio, y resolví el problema. La solución estaba ahí desde el principio; la distancia más corta entre los dos era tu sonrisa.
Escrito por Miguel Ibáñez