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La pasarela de la muerte

Siempre le había intrigado esa zona descuidada de la Casa de Campo. Cuando iban todos, enmascaraban los miedos con las risas.

Hoy iba solo. Paró su BH, la apoyó en un árbol, y decidido cruzó la línea.

Sus padres no han perdido la esperanza y cada día reanudan la búsqueda.
Escrito por Amelia

Salta

Sabes, igual que yo, que hay mil razones para hacerlo. Que realmente no quieres convencerme a mí, sino a ti mismo. Soy la excusa. Como los anteriores. Llegaste a tu casa con la sensación de trabajo bien hecho, pero vacío por dentro.

Llorando, le acompaño en su salto al vacío.
Escrito por Amelia

Esas estupideces

Es estúpido echar de menos a quien se acaba de marchar. ¿Por qué echar en falta cuando todavía tienes en la nariz su olor y en tus ojos, su imagen?

Alma mira a su enfurruñada nieta con amor. Imposible enseñar a multiplicar cuando todavía no se ha aprendido a sumar.
Escrito por Amelia

Cena a la luna llena

—Me encanta la luna llena. Admito que es un tópico comentarlo cenando en la primera cita.

La muchacha se limpió relamiéndose los restos que le quedaban en los labios, y abandonó los despojos sangrantes del ligue de turno.

—Alguien debería haberle dicho que no se habla con desconocidas —dijo sonriendo.
Escrito por Amelia
Anónimo hasta noviembre

La chica de los pájaros

La chica de los pájaros. Así la llamaba Clemente cuando la veía entrar por la puerta de la piscina climatizada.

Los tatuajes que le granjearon ese apelativo fueron de gran utilidad cuando, creyéndose tal vez ave, se lanzó decidida al vacío desde la azotea del edificio más alto de Madrid.
Escrito por Amelia

El chaquetón

Como todos los martes, Pepa se asea, se peina y se echa la colonia que reserva para ocasiones especiales. Con el chaquetón hábilmente remendado, llega a la cita puntual. Quiere ser de las primeras.

Recoger el paquete de comida de Cruz Roja no es óbice para seguir siendo una señora.
Escrito por Amelia

Desde Rusia con amor

Cuando entré por primera vez en el establecimiento, me llamó la atención su soledad. Se lo comenté a mi hija, y fuimos de la mano a rescatarla. La matrioska pasó de estar en la tienda de segunda mano a una abigarrada habitación infantil.

Mi hija dice que allí es feliz.
Escrito por Amelia

Camisas caras

Día tras día pasaba por mi lado. Con traje, corbata y camisas caras. No existía en su mundo de finanzas y juegos de bolsa.

Ayer fue diferente. Se paró a mi lado, me miró y creo que sonrió. Me echó unas monedas y siguió su camino.

Este... se ha enamorado
Escrito por Amelia

Un buen trabajo

Intenté darlo en mano pero los funcionarios aplicados y aburridos me impidieron el paso. Quería hacer un buen trabajo. Que mi jefe estuviera orgulloso de mi. El sobre con el soborno volvió a la guarida entre mis avergonzadas manos. Fui despedido de inmediato. Así terminó mi incursión en el hampa.
Escrito por Amelia