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Amores que enseñan

Te conocí desde bien pequeñito, me enamoré de ti. Contigo aprendí a leer, a escribir, a llorar, reír y soñar.

Nos dejamos cuando fui mayor de edad pero siempre supe que volvería a caer en tus brazos.

Hoy seguimos juntos, pero yo desde el otro lado de clase.

Gracias, Enseñanza.
Escrito por Enrique Caño

Juntos o separados: papá y mamá

Allí, mis alumnos, entristecidos, esperaban mi respuesta:

—Diana, Pepo, claro que seguís siendo una familia. Yo también lo viví de niño. ¡Ahora tendréis dos casas! Habrá cambios pero, para vuestros papás, siempre seréis lo más importante, ya lo veréis. Sois estupendos. Vais a ser muy felices. Os quiero mucho, muñequitos.
Escrito por Enrique Caño

Como uno más

Es hora de almorzar. Sus risas iluminan el patio, aprendemos a jugar. Me he metido en un corro. Ellos, incrédulos y felices, ven cómo empezamos a girar. Creamos afecto, estrechamos vínculos y generamos confianza.

Estas historias no figurarán en las notas... pero siguen siendo música para mis oídos. Es felicidad.
Escrito por Enrique Caño

Timidez escolar

—Gracias por enseñar a nuestro hijo. Próximamente, nos mudaremos. Él aún lo desconoce.

El mundo tiembla. La respiración, dentro de mí, se entrecorta... ¿Cómo decirles que pierdo una parte de mí, de mi vida?

Ahora, volviendo a casa, miro por el retrovisor. Rememoro las risas con Ernesto. Lágrimas sin canalizar.
Escrito por Enrique Caño

Lágrimas de medio siglo

Y pensar que yo la consolaba cuando lloraba en el patio al caer:

—Sana, sanita y... ¡abrazo gaaande!

Hace 50 años. Rememoro esos instantes mientras avanzo con bastón por la alfombra. Ella aguarda en la tarima. No merezco este gran honor: ¡entregarle el Nobel!

—¡Abrazo gaaande! —dice mientras me consuela.
Escrito por Enrique Caño

Pachín, pachín

Después de jugar tocan sus llamadas. No puedo evitar escuchar:

—Lo estoy pasando bien —dice mientras se desliza una lágrima—, pero os echo de menos.

Decidí que, aquella noche, durante la velada, cantaríamos al fuego su favorita: "Pachín".

Le di la mano, y su sonrisa al bailar dibujó mis sueños.
Escrito por Enrique Caño
Anónimo hasta noviembre

Puppy: nuestro peluche vaivén

—¡Niños, salimos!

Sentados en corro, aguardan la entrega diaria de Puppy.

—¿Sabíais que Puppy cuida mucho a los perritos? Incluso a los que están en las estrellas.
—¡¡Ohhh!! —corean.
—¡¡Hoy para Susana!!

Ya corre feliz con Puppy elevado:

—¡¡Papáaa, mamáaa!! Tristes, esperan darle la noticia. Yo... les guiño un ojo.
Escrito por Enrique Caño

Dos vidas en un instante

De repente, tiró su estuche al suelo, rompió las hojas del cuaderno, su cara enrojecía ante la perplejidad de sus compañeros y yo no recordaba ninguna asignatura para manejar esto. Sólo se me ocurrió decir:

—Joaquín, te quiero.

Sentí su desubicación ante mi reacción y, asombrosamente, empezó a recoger todo.
Escrito por Enrique Caño