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Roberto y Mabel VII

—Soñabas estar con Laura lo que les reste de vida. Aunque ella eligió: un negro que le abanique las tetas y la arena de una playa cubana para quemar su ahora gastado culo. Yo elijo que vayas a buscarla. ¿Vos qué elegís, Roberto?

—Me encantaría decirte que a vos, Mabel.
Escrito por Priscila Pry
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Roberto y Mabel VI

—Los que al tocar una melodía se creen Charly García, son los mismos que "descansan" en La Feliz. Debería llamarse La Triste porque amontona gente conforme con quince días de vacaciones por trescientos explotados. Menos mal que existís, vos —le dijo Mabel a Juan que, apresurado, se levantaba los pantalones.
Escrito por Priscila Pry
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Germán García

La mirada sobre los mismos zapatos sucios, distinto lugar, el único amor, ahora los ojos muertos. Giró la cabeza, de reojo observó la silueta perderse en el amanecer de la ciudad vacía. Nadie veía las lágrimas.

"Necesito paz de vos". Tampoco nadie escuchó el gemir entre dientes de Germán García.
Escrito por Priscila Pry

Psicodelia

"Sentí florecer a los árboles, oí el canto de las aves que nacen en septiembre. Pero no vi la luz, el sol no me quemó y adentro todavía hace frío; ¿volverán a entrar los rayos por mi ventana como en aquel enero?", pensó mientrás el ácido destrozaba su párpado inferior.
Escrito por Priscila Pry

Ojitos

Recordó los ojos muertos y pensó que eran más de lo mismo. Los ignoró.

Tomó su café, fumó su cigarrillo y vio pasar en unos anillos los mismos ojos. Hundió el cigarrillo en la taza que aún desprendía vapor.

Salió de la guarida a encontrarlos y retornó entonces su ceguera.
Escrito por Priscila Pry

Roberto y Mabel V

Suspirando miró hacia adentro. Corrió para refugiarse en la calle de enfrente, encendió un cigarrillo y regresó.

Un brazo les solicitaba serenidad a las uñas.

En un pestañeo la puerta se abrió. Vio cómo se despejaban los ojos grises. "Hola, Rober", dijo tímidamente tocándose el pelo, y sólo entonces respiró.
Escrito por Priscila Pry
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Hediondo

"Estudiá, trabajá, enamorate, viajá, formá una familia, continuá trabajando y morite". Con bronca cerré la puerta y me fui.

No me recibí, odié el empleo, abandoné una familia, encontré al amor de mi vida... huyó. Viajé solo y, en un rincón de algún continente, la amoralidad también comenzaba a apestar.
Escrito por Priscila Pry

Roberto y Mabel IV

"Es costumbre acostumbrarse a todo en la ciudad. Incluso a olvidar", confesó Roberto a su analista, y se imaginó dando saltitos de felicidad.

Entró en su habitación, observó la cama: pensó en Florencia, Micaela y Sabrina. "Mabel es una más", juró. Eliminó sus fotos y corrió a encender las luces.
Escrito por Priscila Pry
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