Tanto tiempo gestando

Aunque las lágrimas me impedían ver con claridad, no podía dejar de mirarla, sin duda era ella, esa peca rebelde en la comisura de los labios y esos rizos rojizos hacían justicia a la genética que nos unía.

Años buscándola y la tenía a dos palabras de distancia:

—¡Hija mía!
Escrito por Malu

Décadas de decadencia

Le regaló un collar de oro en sus bodas de plata. Y unos pendientes de plata en las de oro. Entre ambas, cinco lustros deslustrados y muchos años de añoranzas, de abriles desabridos.

Pero me admiro al mirarlos de que antes, sin embargo, se quisieran menos que ahora, con embargos.
Escrito por Enrique Mochón Romera

La importancia de ser la última

Cuando llegó no sabía lo que le esperaba. Ni siquiera se le había pasado por la imaginación. Delante de ella iban otras y esperó pacientemente su turno. De pronto lo comprendió todo. Ella sería la última. De ahí su importancia. La importancia de ser... la gota que colmó el vaso.
Escrito por Salvador Pérez Salas - Twitter

Pequeña cazadora

—¡Cuándo comprenderá que es celíaca!

Angustias explotaba cuando veía miguitas en el cuarto de su nieta, pensando que la niña se atiborraba a escondidas. Lo que ella no sabía es que robar esas galletas permitía a la pequeña encerrar dentro del armario al monstruo que la atormentaba todas las noches.
Escrito por María Navarro - Twitter

Reivindicación laboral

Vale, en ocasiones te obligo a hacer cosas ridículas sabiendo que hay gente observándote... Pero debes ser más profesional. Soy tu superior, esta huelga no tiene sentido... Podrías decir algo, una frase, un gesto... algo.

¡Uff! Eres el protagonista de mis relatos y finalmente en este no vas a salir.
Escrito por Joaquín Grau

Siglo XIX

Ian Smith solo creía lo que veía. Y cuando le dijeron que un negro podía blanquearse lavándolo, quiso verlo. Eligió una negra para sumar el placer al experimento. La lavó hasta el cansancio y gozó un mundo, pero solo para ver que cuanto más la frotaba más negra se ponía.
Escrito por Marciano

Un gran día

No importaba quién era ni adónde pertenecía. ¡Tantos meses pleiteando con un gobierno intransigente y hostil! Pero ahora ya estaban juntos y nada había que pudiera separarlos. Lo arrulló tiernamente con sus canciones y sus brazos fueron los de una madre. Por fin había llegado y se quedaría para siempre.
Escrito por Chusa RH

No deseo nada más

Cogió aire frente al pastel y pensó que había elegido a su mujer, tener a sus hijas, a sus amigos, su profesión... y, al verse rodeado por sus padres, hermanas y cuñados, cayó en la cuenta de que a ellos los había enviado el destino y, soplando fuerte, dio gracias.
Escrito por Stbn