Tanto tiempo gestando
Aunque las lágrimas me impedían ver con claridad, no podía dejar de mirarla, sin duda era ella, esa peca rebelde en la comisura de los labios y esos rizos rojizos hacían justicia a la genética que nos unía.
Años buscándola y la tenía a dos palabras de distancia:
—¡Hija mía!
Años buscándola y la tenía a dos palabras de distancia:
—¡Hija mía!