¿Quién es ella?

Nuestra vida de casados la fue moldeando mi enfermedad. Dejamos de ser nosotros, de hacer cosas. Solo te importaba mi bienestar. Tu tiempo era para mí, hasta que dijiste basta. Nos dijimos adiós después de veinte años juntos. Un año tardé en saber que la otra se llamaba "esclerósis múltiple".
Escrito por Manuela Balastegui

Pecados cristianos

Los pasos de don Gerardo eran sigilosos. Él, un farmacéutico ejemplar, se movía por las calles cuidando al máximo esconder la sombra de un hombre que con asiduidad se acababa perdiendo en casa de doña Angelita. ¿Qué ocultaba? Nada menos que un secreto de estado, un secreto de estado civil.
Escrito por Juan Badaya - Web

Hiperoxia

La fotosíntesis artificial revirtió los altísimos niveles de CO2. El oxígeno sobrepasaba lo recomendado. La gente usaba máscaras para no morir de hiperoxia. El aire era muy inflamable y peligroso, tanto así, que un día la guardia nacional arrestó a un fumador que destruyó media ciudad al encender un cigarro.
Escrito por Víctor Andrés Parra Avellaneda - Web

Un taco al borde del desacato

Tras sacarme de la bolsita, me introdujeron en un ajustado agujero. Completamente hundido, sentí cómo una punta de acero perforaba, con insistentes vueltas de rosca, mi virginal alma de plástico. ¿Hasta cuándo tendría que soportar aquella escarpia alojada en mis entrañas? Entonces escuché al señor Fischer: "Mis tacos aguantan siempre".
Escrito por Javier Igarreta Egúzquiza - Web

Caminos invisibles

Mamadou, varado en la playa, sin aliento, tararea la canción del abuelo. La primera enseñanza es no perder de vista las aves que buscan nido. Luego deben avanzar estrofa y pies para despistar a sus perseguidores, esperando llegar con vida al estribillo y que la luna blanquee su piel morena.
Escrito por Belén Sáenz

Pasó muy cerca

Ya en la calle cerró fuertemente los ojos. La sensación de que un tren había pasado a su lado rozándole la piel lo dejó sin aliento. Hasta sintió el viento producido.

Lívido, recordó las palabras del médico: "Eran células cancerosas, pero ya no existen". Y su recomendación: "Una buena cena".
Escrito por Javier Velasco Eguizábal

Pan para hoy

Ignoraba si habría cometido delito de sangre de haber llegado al frente vivo. Nada podía alegar, salvo que su hombre fue bueno y se vio obligado a ir a la guerra.

Ahora en el Auxilio Social, con sus dos pequeños, mendigaba una piadosa e implacable cartilla de racionamiento. Necesitaban comer.
Escrito por Manuel López Muñoz

Mi regalo

Mis amigos hacen listas de juguetes para Santa Claus. Yo no quiero ninguno. Sólo que me devuelva el que me robó las navidades pasadas.

Cuando mi hermanito y yo nos perdimos en el centro comercial dijo que le esperara allí sentado, que lo llevaría con mamá para que no llorase.
Escrito por Manuel Bocanegra