Contradicciones, miserias y pequeñas grandezas

Tan solo consigo expulsar el vacío que me hunde en mi propio laberinto los días que soy capaz de olvidar los desengaños, mis derrotas, la fugacidad del tiempo, y se filtran en mi memoria la luz de tu mirada y aquel beso clandestino que juramos decir que nunca nos dimos.
Escrito por Pablo Núñez - Twitter

Metamorfosis

Tumbado en el catre, miraba un desconchón del techo. Llevaba horas allí. Fue hacia la ventana, pero Franz no veía caer la nieve. La frase surgió y la atrapó. Se sentó y escribió toda la noche como un autómata. Amanecía cuando regresó a la cama, enfebrecido, exhausto y completamente feliz.
Escrito por Valle

Cenicienta

Como de costumbre, Cenicienta debía retornar a su palacio antes de la medianoche; sin embargo, esta vez ocurrió algo inesperado: el reloj del castillo del apuesto príncipe se detuvo. Sin percatarse del tiempo, ella disfrutó de la hermosa velada hasta el amanecer. Entonces, desde aquel día, decidió caminar sin zapatos.
Escrito por Manuel Sedamano Ballesteros - Twitter

Libertad

Asqueada, necesitaba respirar, que la brisa arrastrase el pegajoso sudor que había mancillado su cuerpo. Tras pisotear aquellos amontonados ojos, temerosos del látigo del capitán, saltó a cubierta. Las luces de la costa le marcaban su final.

Al alba, contemplaron su piel de ébano, inerte, sobre un mar de libertad.
Escrito por Pedro Rodríguez

Entre algodones

Aquella noche algo en mí cambió. Comencé a oír voces extrañas que me gritaban "vamos... ven". 

Todo era confuso, inicié mi camino por un estrecho e interminable sendero, mi corazón palpitaba con fuerza. Inexplicablemente alguien desconocido me asió firme pero con delicadeza...

Y me entregó a mi madre. —Es niña.
Escrito por Pilar Garrido Aláez

Locura

Todas las mañanas, sin excepción, Ivette se levantaba de la cama con el ánimo de comprobar si en la habitación colindante la cigüeña había dejado a su tan ansiado niño de París. Y todas las mañanas, sin excepción, Ivette amamantaba de su pecho a la abominable serpiente de la locura.
Escrito por Ventura Panisse - Twitter

The other side of the wind

¿Qué hay al otro lado del viento?

Sólo está la croata Oja Kodar, mujer fascinante y misteriosa, modelo y actriz, a la que perseguí locamente como amazona erótica de la compleja película, a través del tiempo y del espacio, pero que nunca logré alcanzar.

Porque Orson Welles no me dejó.
Escrito por Luis Toyos

La señora del anillo

Guarda hobbits bajo el pecho, ogros en las mazmorras de su paciencia, elfos entre su intuición y magos a flor de piel. Todos ansiaban el anillo único forjado en las cumbres de su carisma, pero ella había decidido entregárselo a los hombres, en mano, concretamente al anular de la mía.
Escrito por Antonio Bolant - Twitter