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Chantaje a la nurse nueva

"Eres guapa", le dije, y me besó en los mofletes. Pero noté esas manos y le di un buen mordisco. "Voy a merendar. Y me comprarás luego cuarenta tabletas de chocolate. O hablaré con mis padres. Bueno, en principio. ¡Como llegase a enterarse el abuelo!". El abuelo y ella sonreían.
Escrito por Eduardo Martín Zurita

El hombre lobo

Todos quisieron bailar con el hombre lobo y saludarle como rey de la fiesta... Recibe el premio al mejor disfraz y se marcha dando aullidos. Se quita máscara y piel con relleno. Mientras se apea de los zancos y le muestra, feroz, las garritas, el perro del chalet le ignora.
Escrito por Eduardo Martín Zurita

Misa de los langostinos

Al cabo de algunos cigarrillos, conversaciones sobre capturas y quehaceres diversos, el patrón gritó: "¡A recoger el pan nuestro de cada día!". Chirriaba el cable acercando el trasmallo. El grumete exclamó, poco sorprendido: "Ni uno, deben estar todos en misa". Y sus compañeros apretaron los dientes y hundieron las redes.
Escrito por Eduardo Martín Zurita

Bye

Dejó la gorra oscura en la entrada del caserón. En su cabeza, sus padres allí enterrados, el mayoral, Laurita: un sol en lágrimas. Los gritos del amo iban quedando lejanos a la luz de la luna. En la ciudad, compró una visera verde y un grillo que suena a violín.
Escrito por Eduardo Martín Zurita

Filósofo

Contempla las falsas miradas, siniestras siluetas, oscuras delgadeces. Miserables. Prisas. Socavones como bocados de monstruos, fachadas llenas de desperfectos. Coches que muerden. La desalentadora sinrazón de la urbe. Se quita las gafas y las tira a una papelera. Esta realidad, vista con dioptrías sin corregir, le resulta mucho más tolerable.
Escrito por Eduardo Martín Zurita

Di (putada)

Subo al coche de gama supina, el arco iris de la confortabilidad y la ergonomía. Estoy en un sin sentir en la carretera secundaria que conduce a mi mega galáctico chalet. No responden los frenos. En mi entierro, quizá pueda decir las únicas palabras no prostituidas de toda mi existencia.
Escrito por Eduardo Martín Zurita
Dedicado a Agustín Martínez Valderrama

Microscurorrelato

El percutir de la lluvia, difuminando el cartel de se vende, hiriendo el tejado de la casa, ya desmantelada; los rodamundos, colándose por la puerta; la gata recién parida, que lanza al viento que desguaza los rincones, un maullido lastimero. Y la pequeña, braceando para alcanzar una de aquellas tetillas.
Escrito por Eduardo Martín Zurita

Tren del olvido

"Nunca pongas en marcha el tren del olvido", susurraba. ¿Qué iba a ser de nuestros gestos cómplices? ¿Del cúmulo de frases robadas al ingenio? ¿En qué carcomidos raíles, patéticos hangares, terminarían los besos sin usura que, confundiéndose la autoría, quisimos regalarnos estación tras estación? Mientras gemíamos, rodaban todas las ruedas.
Escrito por Eduardo Martín Zurita
Dedicado a E. Mochón Romera